Deportes

la historia se repite mil años después en O Gran Camiño

la historia se repite mil años después en O Gran Camiño
Avatar
  • Publishedabril 15, 2026



Hubo un tiempo en que llegaron los daneses. Galicia en drakkars, Subieron los ríos y sembraron el miedo. Hoy lo hacen en bicicleta, con dorsal, pero con una sensación similar: dominio, autoridad y una huella cada vez más profunda en la carrera. Porque si algo está claro Oh gran camino Desde su nacimiento, el norte de Europa –y Dinamarca en particular– casi ha encontrado su propio territorio en estas rutas.

La historia, en cierto modo, se repite en otro idioma. Eso Olaf «El Gallego» que mantuvo en vilo la costa atlántica durante dos décadas ha dado paso a una generación de ciclistas que han hecho de Galicia su terreno competitivo. No hay saqueos ni incendios, pero sí exposiciones. Y mucho.

Olaf fue un jarl danés que llegó hacia el año 1027 al frente de más de cuarenta barcos. EL La saga Kytingla Se le recuerda como el “flagelo de Jakobsland” –Galicia, en lengua vikinga– y sus incursiones se extendieron desde la ría de Arousa hasta las Islas Cíes, desde Redondela hasta los muros de una torre cercana a Lugo. Algunos condes gallegos, enfrascados en sus propias guerras, lo reclutaron como mercenario. El hombre que saqueó sus costas acabó luchando en sus ejércitos. Así era Galicia en el siglo XI: caótica, rica y sin defensas suficientes. Olaf tardó veinte años en encontrar a alguien que le hiciera frente. Así lo hizo el obispo Cresconio II, que construyó en Catoira el Castellum Honesti para bloquear el paso por la ría de Arousa y que, durante la batalla de 1047, blandió él mismo una ballesta. Esta derrota envió a Olaf de regreso a Dinamarca con la leyenda intacta, pero sin victoria. Y, curiosamente, fue su propia historia la que disuadió a sus compatriotas: a partir de entonces, las expediciones al noroeste disminuyeron repentinamente.

Hoy en día, nadie empuña una ballesta en el podio de La Coruña. Pero la lógica es la misma: llegan, dominan y se van con el botín. El primero en marcar el territorio fue Jonas Vingegaard, el gran artífice de esta hegemonía. Dos generales y seis etapas después, su relación con O Gran Camiño ya no es la adecuada. Es estructural. Vingegaard entendió antes que nadie que el terreno gallego -duro, irregular, cambiante- se adapta como un guante a su forma de correr: la resistencia, el control y ese ritmo que no se rompe de golpe, sino que acaba ahogando al rival. En 2023, quedará arrasada entre la nieve y el frío; En 2024, confirma que esto no es una coincidencia. Galicia, para él, es casi un laboratorio.

A su paso apareció Magnus CortNielsenque no compite con lo mismo, pero impacta casi tanto. Donde Vingegaard es método, Cort es instinto. Un cazador de etapas que encontró en esta carrera el escenario ideal para enloquecer: ganó en 2022 y en 2025 firmó una de esas semanas que se explican por sí solas para un corredor, con tres victorias y una presencia constante. Galicia le dio tierras y él las convirtió en un espectáculo.

Y ahora aparece la tercera pieza del rompecabezas: Julio Johansen. Su victoria en La Coruña, con el Torre de Hércules como testigo, cierra un círculo extraño y poderoso. De la promesa perdida a la realidad reconstruida, su historia también forma parte de esta historia casi vikinga: caída, exilio –Portugal– y regreso a la conquista. Es el tercer danés que levanta los brazos en esta carrera. Y no parece ser el último.

Una lista curiosa

¿Qué explica este idilio? Hay varias claves. El primero es puramente deportivo: el perfil de Oh gran camino Favorece a ciclistas completos, resistentes y capaces de gestionar los esfuerzos en terrenos incómodos. Sólo el ADN del ciclismo danés actual. La segunda es cultural: el norte ha aprendido a vivir con el frío, la lluvia y el desgaste, condiciones que Galicia ofrece sin pedir permiso. Y el tercero, el más profundo, se refiere a una generación única. Dinamarca ha pasado de una carrera interesante a una potencia consolidada, con líderes de grandes vueltas y cazadores de etapas de élite.

Galicia, por su parte, encontró en ellos un espejo inesperado. Como si estas incursiones del siglo XI hubieran dejado una memoria latente que ahora se ha reactivado en forma de bicicleta moderna. Ya no llegan en barco, pero siguen entrando por los mismos lugares: las rías, la niebla, las tierras salvajes. Y hasta el momento nadie ha conseguido detenerlos.



Puedes consultar la fuente de este artículo aquí

Compartir esta noticia en: