La creciente importancia del wolframio
La reciente euforia de las artes marciales en plena era de las teocracias (agresión rusa a Ucrania, genocidio de Gaza, disonante y aborrecible ofensiva imperialista contra Irán y la inaceptable invasión militar del Líbano) han disparado los precios de las materias primas, tanto de los hidrocarburos como de los minerales. Entre estos últimos despunta el valor del wolframio o tungsteno (con símbolo W), uno de los recursos más codiciados en el panorama internacional, con un encarecimiento histórico superior al 500 %, extraordinaria subida explicable por el aumento de la demanda de acopio bélico indispensable para fabricar proyectiles, aviones de combate y munición especializada, al que se suma su interés tecnológico en la informática y telefonía móvil.
[–>[–>[–>En efecto, gran parte del wolframio se destina a mejorar otros metales, es decir a conseguir bienes de ingeniería crítica. Sus aleaciones se caracterizan por una altísima densidad y punto de fusión (superior a los 3.000 ºC), extrema resistencia térmica, excepcional dureza, resistencia a la corrosión y radiación, superior durabilidad y capacidad de absorción de energía cinética, que las hace esenciales en blindajes, componentes aeroespaciales y balística. Este elemento es, con altibajos, uno de los más solicitados desde la Segunda Guerra Mundial.
[–> [–>[–>La República de China presenta una posición muy ventajosa en el mercado de los materiales geológicos. En 1925 el superávit comercial de la nación asiática creció un 20 %, logrando una progresión histórica, pues a comienzos de siglo apenas obtenía el 6 %, y determinadas organizaciones de Naciones Unidas vaticinan que para 2030 Pekín alcanzará el 45 % del valor añadido de la manufacturación mundial, muy por encima de los Estados Unidos (11 %). Por poner unos pocos ejemplos: en la actualidad el país regentado por Xi Jinping controla un 99% del galio, un 80% global de la extracción y procesamiento de las «tierras raras», más del 60 % del procesamiento del litio y un 82 % de la producción del wolframio.
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Ante este escenario de inestabilidad y dependencia, la Unión Europea aprobó una lista de «Materias Primas Críticas», identificando 30 de ellas como estratégicas. Además, para agilizar la investigación y explotación minera el 24 de marzo de 2025 publicó 47 proyectos fundamentales, entre los cuales se incluye el tungsteno como preferente.
[–>[–>[–>España juega un papel decisivo en la obtención de este metal dado que cuenta con importantes yacimientos. Sobresalen las mineralizaciones de Salamanca (Barruecopardo y Los Santos) ―unas de las mayores reservas de Europa―, León (Bierzo), Galicia (Puenteceso, Santa Comba, San Finx y Carbayo), Extremadura (Tornavacas, Almoharín y Acebo) y Castilla-La Mancha. Hoy día cobran especial relevancia las minas de La Parrilla (Cáceres) y El Moto (Ciudad Real) al ser elegidas como prioritarias por los mandamases europeos.
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El W no se encuentra libre en la naturaleza, sino que aparece en forma de óxidos y sales, destacando dos wolframatos: uno de calcio (scheelita) y otro de hierro-manganeso (wolframita).
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[–>En Asturias, la minería de wolframio se concentró en el entorno de Boal donde existe una intrusión ígnea de roca granodiorítica ―la mayor de Asturias, con una extensión de 14 km2― acompañada por una serie de filones mineralizados, con cuarzo y abundantes micas en las salbandas, que albergan los citados wolframatos, acompañados por una rica mineralogía (casiterita, calcopirita, bismutinita, fluorita y arsenopirita). En ámbitos colindantes al afloramiento plutónico (Prelo, Meróu y Coba de Lebredo) domina la wolframita, mientras que en la zona periférica del cuerpo granítico en contacto directo con la roca encajante (minas de Pe¬nouta) es más frecuente la scheelita.
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El wolframio fue un elemento tardío en lo concerniente a solicitudes mineras, pues el primer registro ante la Jefatura de Minas de Oviedo corresponde a 1943, año que junto al siguiente se lograron 27 denuncias. En la década de los años 50 se produjo una segunda avalancha, con 43 peticiones, correspondiendo a 1951 el máximo histórico, con 23.
[–>[–>[–>El aprovechamiento minero en Boal se llevó a cabo, de manera algo intermitente desde 1951, consiguiendo su apogeo al abrirse varias cortas beneficiadas hasta 1963, fecha en la que se interrumpen temporalmente las explotaciones debido a la baja cotización del tungsteno. En su primera etapa (la de mayor ocupación laboral, con dos centenares de trabajadores) se hizo cargo la entidad «Minas de Penouta, S. A.», debiendo cesar la práctica subterránea dada la turbulencia comercial que incumbía al producto. En 1975 se reanudaron los trabajos con la constitución de «Wolfastur, S. A.», empresa inicialmente dedicada al relavado de las escombreras, la cual instaló una planta de separación magnética y electrostática cuyos concentrados se exportaban a Inglaterra y Alemania. Los últimos intentos de laboreo se efectuaron en 1980 por «Río Tinto Minera», pero caducaron tres años después ante un nuevo desplome de los precios. En esta etapa póstuma se realizaron intentos de explotación a cielo abierto, pero sin llegar a prosperar.
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Es obvio que tendrán un carácter relevante las iniciativas tomadas por Europa para incrementar los programas de prospección minera de entornos geológicos potencialmente favorables. No obstante, resulta imprescindible que el mascarón de proa de las actividades mineras y de concentración metalúrgica debe pivotar en que éstas se realicen con las más avanzadas tecnologías (minería renovable), congruentes con el máximo respeto conservacionista, sin apenas afectación medioambiental.
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