tiene una Mezquita-Catedral del siglo VIII
Córdoba enamora con su mezcla de historia, belleza y vida cotidiana. La ciudad donde nació y creció Fernando Tejero, quien protagonizó Sobre Évole del pasado, es un destino perfecto para quienes buscan monumentos, paseos y buena comida en una sola escapada.
Su centro histórico conserva el alma de una ciudad marcada por siglos de diferentes culturas, siendo su gran símbolo la Mezquita-Catedral, Uno de los monumentos más impresionantes de España.
Su construcción se inició en el año 785, cuando Abd al-Rahman I mandó construir la mezquita sobre la antigua basílica visigoda de San Vicente. a lo largo de los siglos IX y incógnita Fue ampliado por varios emires y califas, hasta convertirse en un referente del arte islámico occidental.
Tras la conquista cristiana de la ciudad andaluza en 1236, El edificio se convirtió en catedral, y en el siglo XVI se añadió la nave renacentista que hoy forma parte del conjunto.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, La Mezquita es una visita imprescindible para cualquiera que visite Córdoba.
La Mezquita-Catedral de Córdoba por dentro.
Pero Córdoba es mucho más que su Mezquita-Catedral. Por ejemplo, el Alcázar de los Reyes Cristianos, Con sus jardines y torres, permite viajar a la época medieval.
El Puente Romano, sobre el Guadalquivir, ofrece una de las estampas idílicas, especialmente al atardecer. Y el barrio judío, Con sus calles estrechas, patios llenos de flores y plazas tranquilas, invita a perderse sin prisas.
También merece la pena acercarse al Palacio de Viana, famoso por sus patios, o a la Plaza del Potro, un lugar lleno de ambiente y tradición.
Córdoba es sinónimo de caminar, sentarse en una terraza, entrar en un patio y dejarse llevar por el ritmo pausado de la ciudad. En primavera, y especialmente en mayo, la ciudad se llena de flores y color gracias a sus famosos y atractivos Patios de Córdoba.
Gastronomía generosa
La gastronomía cordobesa completa la experiencia: salmorejo, berenjenas con miel, flamenquines o rabo de toro, cocinado a fuego lento con vino y verduras y que resume a la perfección esa cocina de guiso lento que se sirve en muchas tabernas del centro.
También son muy apreciados los guisos de legumbres, las carnes de caza y los productos de temporada, así como la amplia tradición panadera que tiene Córdoba: la tarta cordobesa, los pestiños, los alfajores…
Para acompañar todas estas preparaciones, nada mejor que un vino local, como los de denominación Montilla-Moriles. Estos vinos se caracterizan por ser generosos, amontillados y finos.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí
