De pegaratas
El nombre de Pegarata siempre me resultó muy singular y original. En su base etimológica deriva de la palabra latina pix -pez o del verbo picare –embadurnar o pegar con pez–. En este caso el verbo pegar significaría adherir, aglutinar una cosa con otra y la palabra Pegarata pienso yo interpretaría el conjunto de lo que se une, se aglutina.
[–>[–>[–>Lo cierto es que este suculento producto culinario surge de la tradición judeo-cristiana y tiene mucho de padrinazgo, de gozo y de convivencia familiar y amistosa. Y es en Pascua Florida cuando los padrinos regalaban a sus ahijados ese bollo pascual de raíz rural compuesto por chacina-panceta, chorizo, un golpe de morcilla y encima de la masa harinera varios huevos cocidos o duros como exaltación de los buenos momentos y símbolo de creación y vida nueva. Y por estos lares de Aller y del Alto Nalón, la Pegarata es un reflejo del ambiente local, del sabor doméstico, de todo un legado culinario con marca propia y esencia de manjar colectivo.
[–> [–>[–>Esta torta elaborada con harina de escanda y trigo suponía un alimento primordial en las fiestas pascuales de Semana Santa como una tradición secular y que hoy en día se extiende a todo el año para celebrar los festejos populares o la onomástica o cumpleaños. La Pegarata de nombre complicado para el forastero es hermana del hornazo salmantino de los lunes de aguas o Pascua de Resurrección. Para algunos expertos en materia culinaria la Pegarata era un pan preñado muy pobre que en épocas pasadas quitó mucho “la fame” y su puesta en escena dependía del poder adquisitivo de los elaboradores con un relleno chacinero más o menos completo.
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La Pegarata que estuvo a punto de desaparecer del ambiente gastronómico de estos entornos ha vuelto a reverdecer por mor de los amigos alleranos de la Polavieja y de la Sociedad cultural y gastronómica la Pegarata de Pola de Laviana-Alto Nalón. Una iniciativa loable y edificante para mantener la historia de un producto estupendo y que tiene mucho significado en estos enclaves de esfuerzo, vida y sentimiento. Viva la Pegarata y viva Aller y Laviana. Este bollo intenso y preñado de buen sabor es microhistoria culinaria, es aroma, es paisaje, es llar doméstico, es fiesta, es folklore, es ánimo y todo un emblema popular con huella ancestral que no puede olvidarse y menos extinguirse. El gochu y el pan se unen en una ambrosía de altura organoléptica con un sabor especial que dice mucho de la idiosincrasia del lugar. Hoy la Pegarata, con su evolución en el tiempo, es el detalle del padrino al ahijado envuelto en un roscón o tarta de pascua o simplemente dinero. Te voy a dar la Pegarata.
[–>[–>[–>En suma, la Pegarata somos todos los de aquí, para un lado y otro de la Collaona, del río Aller y el río Nalón. Aguas amigas que reflejan la amistad y el compromiso zonal con la Pegarata de pegamento indisoluble y de leyenda. Y en la Collá Llinares este producto de raíz vieja vuelve a demostrar la idea genial de un grupo de alleranos de Polavieja por revitalizar una tradición cuasi olvidada como es disfrutar en el monte de ricas pegaratas y ensamblar historia y enseñanzas de un pueblo vivo y animado. Y es que estudiar la cocina de un pueblo es, de algún modo, conocer la historia de la civilización de ese pueblo.
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Vuelvo a repetirlo. Viva la Pegarata, viva la tradición, viva el entusiasmo de los amigos alleranos, viva la historia de nuestros entornos, viva el entendimiento entre concejos, viva las guisanderas locales, viva la alegría, viva la culinaria de aquí y de allá, viva el conocimiento de nuestra historiografía para alcanzar cotas de sabiduría y progreso y viva la buena gente que con sus ideas y su amor por lo propio exaltan realidades que conllevan, en buena lógica, actos de fe… n
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