Ocho de ocho
Acaso convenga dar algunas vueltas al problema de la vivienda y los discursos sobre la dificultad de acceder a ella para ciertas capas de la población, especialmente los jóvenes.
[–>[–>[–>Empecemos por señalar que no se trata de un problema exclusivamente español. He aquí un reciente titular: «La crisis de la vivienda golpea a Europa: los jóvenes no pueden comprar y los alquileres se disparan». Bien, pues cosa semejante ocurre en los Estados Unidos. Existe, pues, un problema generalizado de precios, que es, en parte, de ingresos. Por tener un panorama histórico: comprar una vivienda en España requiere actualmente unos 7,5 a 7,7 años de sueldo bruto, una cifra récord que duplica el esfuerzo necesario en los años 80 y 90, acercándose a los máximos de 2011.
[–> [–>[–>Hagamos una segunda precisión: Un 75,1% de los españoles tiene una vivienda en propiedad. Para un 28,3% de los ciudadanos, según las encuestas, la vivienda es el primer problema. Es claro que en este último porcentaje entran, al menos, unos cuantos más de los que carecen de propiedad. Es evidente también que el de la vivienda es únicamente un problema de una parte de los españoles, aunque los discursos parezcan dibujar un problema universal, lo que es discutible. Por ejemplo, según el CIS, los españoles de entre 55 y 64 años están más preocupados por el problema de la vivienda (un 31,3%) que los que tienen entre 18 y 44 (29,7%), que son los que tienen los mayores problemas de compra y alquiler.
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Más. Europa necesitaría 10 millones de viviendas para paliar el problema de la carencia habitacional. En España se estima que existe un déficit de 700.000 viviendas y que para atender la demanda y frenar la crisis actual se necesitaría construir entre 200.000 y 250.000 viviendas anualmente. Todo ello a kilómetros de lo que hoy ocurre. Dos datos: En Asturies la edificación cayó a mínimos de cinco años en 2025 y los permisos de edificación también descendieron. Y, por precisar, la mayoría de la obra nueva es de edificios unifamiliares. Otro dato, de este año: Gijón tiene 1.200 casas en venta, una cuarta parte de las que había hace una década.
[–>[–>[–>Y tres apuntes más. Las promesas: desde 2023 don Pedro anunció 267.000 viviendas, ¿las han visto? Este año prometió 15.000 anuales. ¿Las verán? Mientras tanto, los constructores se quejan de que el suelo para construir es escaso y los permisos se demoran una eternidad. Los plazos para modificar un Plan General de Ordenación -y crear suelo, por tanto- superan los cinco años, añadan a ello el tiempo para la obtención de una licencia y otros gajes.
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¿Están caras las casas? Depende de para quien. Nunca se vendió en Asturies tanta vivienda, para gente de fuera o para extranjeros, porque aquí, en Asturies, los precios son baratos para ellos en comparación con otras zonas de España.
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[–>Pero vengamos un poco al pasado. Mi mujer y yo vivimos en Xixón, en una zona a cinco minutos del centro. Pues bien, cuando en 1980 compramos aquí el piso, no teníamos ni calle, ni aceras, ni la media calzada que existía disponía de asfaltado. Me acuerdo de asomarme un día de Año Nuevo al balcón y ver en la acera de enfrente al alcalde, José Manuel Palacio, que venía a inspeccionar los bordillos para las aceras. Bajé con él y pasamos la mañana por El Llano, Roces y Contrueces visitando obras en calles en condiciones semejantes. ¿Se podría actualmente vender una vivienda así? De ninguna manera. Hoy, las condiciones de urbanización y servicios han aumentado el precio de las residencias, al igual que lo han hecho los materiales o las condiciones de seguridad y habitabilidad. Todo ello, naturalmente, al margen del costo de la vida, ha provocado un aumento ineludible del precio intrínseco de la vivienda.
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Permítanme volver atrás. Salíamos, antes, jóvenes de casa. Ahora bien, esa salida era habitualmente para compartir un hogar (y una hipoteca) dos personas. Sin embargo, en estos momentos las expectativas de vida son distintas. Los jóvenes desean una habitación propia, pero el programa de vida no suele contemplar la unión (libre o en matrimonio, canónico o civil) con otra persona. Por lo tanto, los esfuerzos para la compra de un hogar se duplican con respecto a lo habitual del pasado. Compruébenlo ustedes: cuando se hacen las cuentas de lo que se tarda en comprar una vivienda, se estipula el esfuerzo en años de salario de un individuo. Es evidente que existe una disimilitud entre los dos parámetros, y, por tanto, esa disimilitud falsea la comparación.
[–>[–>[–>Resumo: poca oferta de vivienda, mayores calidades, mayores exigencias urbanísticas, precios más caros de los materiales -no tanto de los salarios, apunto-: encarecimiento elevado, por tanto, y esfuerzo duplicado cuando la demanda es individual. Todo ello convive con que nuestros precios, en el caso de Asturies, son baratos para gentes con otra capacidad económica.
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Y permítanme ahora una anotación sobre las rentas, escandalosamente altas, también. En el plazo de un año y medio he conocido ocho ventas de casas en el entorno de mis vecinos o amigos. Eran casas de herencia familiar, de aquellas promociones de la época de Franco de viviendas más o menos asequibles. Los propietarios actuales, gente trabajadora –alguno anda por las obras todavía– o jubilados que fueron obreros o funcionarios de rango inferior. Pues bien, cuando han podido disponer de la casa han corrido a venderla. Algunos lo ha hecho cuando su inquilino ha marchado; otro, en concreto, ha tardado cinco años en desalojar a un ocupador que, sobre cobrar todas las pagas y ayudas posibles, realquilaba colchones en la casa ocupada de mi conocido. Ninguno de ellos ha querido saber nada de alquilar o volver a alquilar. «En la vida», «nunca», son sus palabras.
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Y es que todas las medidas a favor de la ocupación o de la limitación de alquileres han actuado como lo que son: una expropiación total o parcial del bien y del derecho del propietario, y, en consecuencia, razonablemente, la prudencia y el temor se han extendido.
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Me dirán ustedes que existen planes, tanto municipales como de los gobiernos autonómicos y del central, para garantizar el cobro de las rentas por los propietarios (pero no para evitar los atragantonos y disgustos). Es cierto, pero digámoslo claro: la gente, en general, no se fía de los políticos, y, si tiene experiencia en papeleo, en tratar con la Administración, sabe ya que es un suplicio y que, como en el chiste, al final acaban, después de mil trámites, pidiendo la póliza redonda, que no existe, y por eso te la piden.
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Es así. Gato escaldado del agua fría huye, dice el refrán. Y quien no es tonto escarmienta en cabeza ajena.
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Y así están las cosas, entre lo inevitable de los costos inherentes a la vivienda, la inacción de ayuntamientos y gobiernos, los cambios en las perspectivas vitales de las personas, y las palabras, palabras, palabras: la vivienda escasa, los costos altos, las rentas imposibles, especialmente en función de las perspectivas vitales dominantes en el presente. ¿Hay remedios? De momento, paliativos y rectificativos, nada más.
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