el Playón de Bayas se convierte en punto de encuentro canino
El Playón de Bayas es uno de los enclaves naturales más importantes del Principado de Asturias. Sus cerca de tres kilómetros de longitud lo convierten en uno de los arenales más extensos de la región y en uno de los espacios más amplios para disfrutar de la playa sin sensación de agobio. Sin embargo, su principal singularidad no está solo en el paisaje ni en su tamaño, sino en quienes lo llenan durante buena parte del año: los perros. Esta playa del concejo de Castrillón es una de las pioneras de Asturias en admitir perros, con un espacio habilitado durante todo el año.
[–>[–>[–>Quienes la frecuentan destacan, sobre todo, esa sensación de amplitud. Marta Villamil, vecina de Cudillero, y Belén García, de Gijón, coinciden en que Bayas se ha convertido en su punto habitual de encuentro con sus perros. “Es que aquí tenemos todo para nosotros”, resumió Villamil, mientras Draco, su mestizo de pastor alemán, disfruta de la arena. Para ambas, el valor del arenal está en esa libertad de movimiento que no encuentran en otras playas más urbanas.
[–> [–>[–>Sebastián Ipiña y Paula San José con Pipa en Bayas. / Christian García
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García lo resumió de forma directa: “A la de Gijón no voy porque hay demasiadas personas, pero también perros”. En su caso, explica que la playa no la entiende como un lugar de descanso estático, sino como un espacio para caminar. “No somos de venir a tumbarnos, es venir a caminar y dejar que el perro disfrute”, añadió.
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También valoran la facilidad para coincidir en este entorno. Ambas aseguraron que Bayas se ha convertido en un punto de encuentro habitual entre ambas: “Nos quedamos aquí porque así él también puede disfrutar”. En su experiencia, la clave está en el tamaño del arenal. “Puedes pasear lo que te dé la gana”, señala, en referencia a la sensación de espacio continuo.
[–>[–>[–>Ya en la arena pasean también Paula San José y Sebastián Ipiña, llegados desde Soto de la Marina, en Cantabria, con su galga Pipi. Descubrieron Bayas recientemente, tras adoptar a su perra y empezar a buscar arenales donde poder acudir con ella. “Nos recomendaron venir aquí”, reconocieron.
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Draco jugando en la arena de la playa de Bayas. / Christian García
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Una vez en la playa, destacaron sobre todo la tranquilidad y el espacio. “Te da bastante tranquilidad”, resumió Ipiña, que considera que este tipo de arenales funcionan bien siempre que exista responsabilidad por parte de los dueños. En su opinión, la convivencia «depende del comportamiento individual y del respeto a las normas básicas».
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[–>San José, por su parte, matizó su experiencia desde la convivencia cotidiana con su mascota y señaló que en espacios concurridos puede volver «más cuidadosa, sobre todo cuando hay niños en la zona». Ambos coinciden en que el uso de la playa exige equilibrio y sensibilidad hacia el resto de usuarios. Además, Ipiña puso deberes a las administraciones: «La gente cada vez tiene más perros, especialmente parejas de nuestra generación, de 30 o 35 años. Eso requiere que se planifiquen mejor estos espacios, que se piense en los perros y en facilitar una buena convivencia entre personas y animales«.
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