El reuma también es cosa de niños
EL enfermedades reumáticas No son sólo para los mayores. Aunque tradicionalmente se asocia a afecciones propias de la edad, lo cierto es que también pueden aparecer durante la infancia, incluso a edades muy tempranas. es un grupo grande … Enfermedades inflamatorias y autoinmunes que, en muchos casos, tienen un impacto significativo en la vida de los niños y sus familias, pero que siguen siendo poco conocidas y subdiagnosticadas.
Como recuerda el doctor Raúl Veroz, especialista en reumatología pediátrica de la Sociedad Española de Reumatología y jefe del Servicio del Hospital de Mérida, «aunque muchas personas asocian las enfermedades reumáticas con la edad y la edad avanzada, también pueden aparecer en la infancia».
En España se estima que entre 1 y 2 niños de cada 1.000 sufre una enfermedad reumática crónica, lo que equivale a entre 8.000 y 10.000 mineros. No se trata de patologías especialmente habituales, pero tampoco excepcionales.
El más común es el artritis reumatoide juvenil idiopáticaque concentra la mayoría de los casos, aunque también hay otros como lupus, vasculitis o determinadas enfermedades del tejido conectivo. Todos comparten un denominador común: una inflamación persistente y, en muchos casos, un curso crónico que requiere un seguimiento médico prolongado.
La enfermedad reumática más común en los niños es la artritis idiopática juvenil.
Uno de los principales desafíos es precisamente su invisibilidad. Los primeros síntomas pueden ser sutiles y a menudo se confunden con problemas comunes de la infancia. “Existe la falsa creencia de que no existen enfermedades reumáticas en los niños”, afirma Veroz, lo que contribuye a que muchas veces no se sospeche de ellas desde el principio. A esto se suma que los primeros signos –dolor, malestar o pequeñas limitaciones– pueden interpretarse como lesiones deportivas o simples dolores de crecimiento.
Además, los niños pequeños no siempre expresan claramente cómo se sienten. Como señala el especialista, “los niños más pequeños no explican bien el dolor y, en ocasiones, se adaptan a él”, lo que dificulta aún más la detección precoz.
Señales de advertencia
Sin embargo, existen señales de advertencia que debes tener en cuenta. EL inflamación persistente de una articulación, rigidez al levantarse por la mañana, una cojera inexplicable o un cansancio prolongado pueden indicar que algo anda mal. En este sentido, el médico insiste en que “la hinchazón de las articulaciones, la dificultad para moverse o la cojera sin causa aparente son signos que ameritan consulta”.
Más allá de alguna que otra aparición de malestar, lo que marca la diferencia es su duración. “Si el dolor o la inflamación dura varios días o semanas es recomendable acudir al pediatra”, advierte. De hecho, la inflamación que persiste durante más de seis semanas puede ser un signo de enfermedad reumática y requiere una evaluación especializada.
Por tanto, el diagnóstico precoz es un elemento clave. En un organismo en crecimiento, la inflamación sostenida puede afectar el desarrollo de las articulaciones y tener consecuencias si no se trata adecuadamente. “Cuanto antes se diagnostique, mejores serán los resultados y el pronóstico a medio y largo plazo”, subraya.
La inflamación que persiste durante más de seis semanas puede ser un signo de enfermedad reumática.
En los últimos años, el abordaje terapéutico ha visto avances muy significativos. La incorporación de terapias biológicas y tratamientos dirigidos ha modificado considerablemente la evolución de estas patologías. Hoy en día, en la mayoría de los casos es posible controlar la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Como señala Raúl Veroz, «contamos con tratamientos muy eficaces que nos permiten controlar la enfermedad en la gran mayoría de los niños».
El objetivo es claro: que los más pequeños puedan hacer una vida lo más normal posible. Vaya a la escuela, practique deportes y participe en actividades apropiadas para su edad. “La mayoría de ellos pueden llevar una vida muy similar a la de otros niños”, precisa el especialista, subrayando no obstante que la enfermedad está bien controlada.
Más allá del impacto físico, estas patologías también tienen una dimensión emocional y social relevante. Afectan no sólo al niño, sino también a su entorno familiar, que debe adaptarse a una enfermedad crónica. En determinados casos, especialmente durante la adolescencia, puede ser necesario apoyo psicológico, especialmente durante la transición a la adolescencia porque los tratamientos pueden alterar la autopercepción, los niños necesitan reconocimiento social y en ocasiones ocultan su enfermedad o tienen dificultades para vivir con ella. “Son enfermedades que afectan a toda la familia y requieren adaptación”, recuerda Veroz.
Se busca reumatólogo
España necesita reumatólogos y esto empieza a convertirse en una emergencia. El último informe de la Sociedad Española de Reumatología (SER) describe una situación preocupante: el sistema sanitario cuenta con dos especialistas por cada 100.000 habitantes, muy por debajo del estándar recomendado, lo que evidencia un déficit estructural de profesionales.
A esta carencia se suma un problema adicional: el relevo generacional. En los próximos cinco años, el 16% de la población activa actual se jubilará. Si no se fomenta la formación y la estabilidad, el sistema podría afrontar una escasez aún mayor de especialistas.
El informe “La Reumatología en el sector público en España” alerta también de una distribución desigual en el territorio. Comunidades como Andalucía, Aragón o la Comunidad Valenciana superan con creces los 60.000 habitantes por reumatólogo, lejos de la ratio considerada adecuada. Esta situación genera desigualdades en el acceso a la atención y verdaderas “brechas de atención”, obligando a los pacientes a viajar hasta 200 kilómetros para consultar a un especialista o a recorrer largas distancias para ver a sus pacientes.
De hecho, tres de cada cuatro servicios hospitalarios han tenido dificultades para cubrir plazas de reumatología por la falta de profesionales. En algunos casos extremos, algunos hospitales no cuentan con reumatólogo.
Por todo ello, el abordaje debe ser necesariamente multidisciplinar, con la participación de pediatras, reumatólogos, fisioterapeutas y, en ocasiones, psicólogos. La coordinación entre profesionales es fundamental para garantizar una atención integral.
Sin embargo, aún quedan desafíos importantes. Uno de los principales es acortar los tiempos de diagnóstico. El mensaje para las familias es claro: tranquilidad, pero también atención. Si tienes síntomas persistentes o dudas, es importante consultar a tu pediatra. Porque, como concluye Raúl Veroz, el desafío sigue siendo “diagnosticar lo más precozmente posible y garantizar que todos los niños tengan un acceso temprano a un especialista”.
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