El turismo busca certificar su sostenibilidad más allá de un sello
En vísperas de la temporada alta turística en España, las distintas empresas vinculadas a la que es la principal actividad económica del país en términos de PIB y empleo intentan encontrar una fórmula que les permita distinguir entre actividades sostenibles y … calidad de aquellos que sólo buscan una pegatina para lucir esos valores que están diferenciando unos destinos turísticos de otros. Porque el cliente ve los sellos en internet y en las instalaciones, pero luego se topa con la realidad al llegar a destino.
El ‘greenwashing’, o lo que es lo mismo, un lavado de cara ecológico y verde pero sin apoyo en iniciativas concretas, constituye uno de los retos que hoteleros y propietarios de todo tipo de negocios vacacionales, agentes sociales o entidades financieras intentan combatir para ofrecer transparencia en esos sellos y certificaciones sobre los que hay mucho trabajo detrás.
Sin rigor
En torno a estos temas conocidos como ‘ecopostureo’ el VIII Congreso Internacional de Calidad y Sostenibilidad Turística que se ha celebrado en Córdoba, organizado por el Ictes, cuyo presidente, Miguel Mirones, ha insistido en la necesidad de «pasar de la declaración a la acción, porque no podemos hablar de ‘greenwashing’ y luego no hacer nada». Con estas palabras, el ejecutivo se refería a la realidad que atraviesa el turismo: cada día aparece un sello diferente que se otorga «sin rigor alguno» al mismo tiempo que otros empresarios «hacen el esfuerzo de someterse a una auditoría exhaustiva» para certificar su calidad sostenible con un estándar público.
La heterogeneidad de certificados proporcionados por diferentes tipos de instituciones ha llevado al sector turístico español a un laberinto en el que intentan llevar a cabo iniciativas vinculadas al ahorro energético, a las emisiones, a la gestión de residuos o al apoyo a los territorios donde se ubican, pero en el que no siempre encuentran el apoyo más adecuado para certificar que están cumpliendo con todos estos estándares. Más aún cuando la normativa europea, española, autonómica y local es cada vez más exigente al respecto. Que una firma apoye esa sostenibilidad con un sello no significa que realmente la esté cumpliendo. Y ahí vienen los problemas para el futuro.
Para desentrañar estas acciones, el director general de la UNE, Javier Garcíaconsidera que «hay que evitar que se hagan afirmaciones falsas o verdades a medias» con normas como ISO y UNE, que hablan precisamente de «cómo hacer las cosas bien». Por tanto, la pregunta es quién certifica esas sostenibilidad y en base a qué, si se está cumpliendo, si se ha verificado esta acción o si se le está dando continuidad en el tiempo, más allá de otorgar un sello momentáneo. En este sentido, Verónica Sanz, coautora de Greenwashing Alert, Considera que «cuando una afirmación lleva a un consumidor a elegirnos y esa afirmación es falsa, estamos ante un fraude». Sanz considera que este ecopostureo es realmente «una competencia desleal a todos los efectos». Incluido el financiero, porque el sector bancario también apuesta por criterios sostenibles para otorgar cada vez más financiación al sector.
Más y mejores créditos
Las empresas y gestores de recursos turísticos tienen que presentarse ante las entidades, que analizan la viabilidad de ese negocio, el riesgo que asumen y, ahora también, los criterios ESG, el marco para evaluar el paro de un negocio en lo que tiene que ver con el medio ambiente, la realidad social y la propia gobernanza. Para que los bancos midan los resultados de estos criterios, necesitan certificaciones de que las empresas cumplen con estos requisitos. Y ahí es donde volvemos a encontrarnos con la posibilidad de que un empresario presente un lavado verde para obtener crédito, e incluso mejorar las condiciones de financiación bajando el tipo de interés, cuando en realidad puede que sea sólo un escaparate sin haber tomado iniciativas verdaderamente sostenibles.
En este contexto, María de Pablo, de Triodos Bank, Recuerda que «hay instrumentos y normativas que cumplir y hay una taxonomía verde que también nos dice cuáles son las que se llaman empresas verdes, muy en línea con todos los criterios ESG». Este directivo del sector bancario recuerda que «invertir en sostenibilidad es invertir en resiliencia». Porque, considera, una empresa que esté mejor preparada en el futuro en este sentido «ganará en competitividad respecto a sus competidores y se preparará para que todo lo que pase a su alrededor le afecte menos». Aunque para ello los bancos también necesitan certificaciones sostenibles transparentes que cumplan con la normativa a la hora de ofrecer crédito y hacerlo al turismo en mejores condiciones.
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