Mofa y befa del senado
La constitución española, que a no tardar hará medio siglo, es un prodigio de durabilidad en nuestra azarosa historia. Sufre evidentes achaques, algo que acarrea una larga vida, pero no están los tiempos para tomarla con ella, al revés, toca cuidarla hasta que se pueda reformar. Es evidente que no se la trata bien con la prórroga presupuestaria indefinida bajo la que vivimos, pero tampoco con la conversión del Senado por el PP en una cámara de tortura para el partido gobernante. En realidad es una institución en cuya verdadera función, la de cámara de las autonomías, nunca han creído los partidos mayoritarios, cuya ejecutoria ha tendido en todo momento al centralismo. Pero tampoco lo hicieron las nacionalidades, que buscaron siempre la relación únicamente bilateral con el gobierno de turno. El Senado es un fallido, vale, pero la mofa institucional que ahora sufre no tiene nombre.
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