Japón exportará armas tras ocho décadas de prohibición
Otro guantazo al pacifismo en Japón. El Gobierno ultranacionalista de Sanae Takaichi ha tumbado el martes la prohibición de exportar armas que había estado vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La amenaza china y un mundo revuelto, ha explicado Tokyo, justifican ese histórico giro que inquieta a los vecinos y aumentará la oferta global de armamento.
[–>[–>[–>La legislación japonesa sólo permitía la venta de armas relacionadas con el rescate, el transporte, las alertas, la vigilancia o la detección de minas. La voladura de esa limitación abre la puerta a las armas letales: barcos de guerra, cazas, drones, misiles y todo lo que hasta ahora su industria sólo podía colocar a su Ejército.
[–> [–>[–>El listado de clientes potenciales incluye Estados Unidos, el Reino Unido y los otros 15 países con los que tiene acuerdos de Defensa. Aguanta la prohibición de vender armas a países en guerra pero aparecen excepciones «por circunstancias especiales» que no han sido aclaradas.
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La preocupación de China
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Es habitual que los países que sufrieron el imperialismo nipón del siglo pasado se alarmen con estas traiciones japonesas a su ejemplar Constitución pacifista. China se ha confesado horas después “seriamente preocupada” por lo que ha descrito como un “militarismo temerario”.
[–>[–>[–>“Estaremos extremadamente vigilantes y nos mantendremos resueltamente en contra”, ha continuado el Ministerio de Exteriores. El nuevo supermercado armamentístico tiene repercusiones inquietantes para la zona. Varios expertos señalan que Japón estrenará sus exportaciones con buques de guerra para Filipinas, con la que China colecciona roces por unos islotes de discutida propiedad. Australia y Nueva Zelanda, también alienados con Washington, han mostrado ya su interés en el catálogo.
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“En un mundo cada vez más inseguro, ningún país puede proteger su paz por sí solo”, ha justificado Takaichi en las redes sociales. “No supone ningún cambio en nuestro compromiso de mantener los principios fundamentales que hemos seguido como nación que ama la paz durante ochenta años”, ha continuado. Cualquier venta, ha prometido, necesitará “un riguroso examen previo con cautelosos consideraciones”. Será aprobada por el Consejo de Seguridad Nacional y el Gobierno controlará qué uso se le dan a las armas.
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[–>La OTAN, en entredicho
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El anuncio le llega a China ya con su paciencia muy menguada. Coincide con las maniobras anuales navales de Filipinas y Estados Unidos, en las que Japón participa por primera vez como combatiente y no como observador, y que tienen lugar en aguas cercanas a Filipinas y Taiwán que Pekín reclama como propias.
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Una treintena de representantes de la OTAN visitaron Tokio la semana pasada para debatir cómo reforzar la cooperación cuando la alianza está siendo saboteada por Donald Trump. China y Rusia comparten la visión de la OTAN como una amenaza para la paz mundial y nada inquieta más a Pekín que sus incipientes movimientos en Asia.
[–>[–>[–>Aprovechará Japón una fenomenal oportunidad de mercado. Las guerras de Ucrania y Japón están agotando los arsenales globales y, especialmente, el estadounidense. Sus aliados asiáticos están inquietos por la desatención del padrino tradicional y su transferencia de activos a Oriente Medio. Pretende Takaichi reforzar las cadenacs de suministro entre las democracias del Pacífico para desincentivar las hostilidades de China, Corea del Norte y Rusia.
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Oportunidades
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Las bridas legales frustraban a la industria militar japonesa. Apenas chalecos antibalas, máscaras antigás y vehículos civiles hacia Ucrania o radares hacia Filipinas. A conglomerados como Mitsubishi, visitado por aquella delegación de la OTAN, se les abre un horizonte esplendoroso. Sus submarinos, cazas o misiles disfrutarán ahora de una demanda global.
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Japón tiene la única Constitución pacifista del mundo. Aquella imposición del vencedor acabó enorgulleciendo a un país que durante décadas defendió la paz con ahínco. Los últimos gobiernos la han golpeado sin piedad.
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El exprimer ministro Shinzo Abe introdujo diez años atrás el “derecho a la autodefensa colectiva”, un gaseoso concepto que permite intervenir si un aliado es atacado. Abe, ya fallecido, es aún el faro del Partido Liberal Democrático, la formación conservadora y hegemónica casi sin excepción durante siete décadas. Su discípula más entusiasta, Takaichi, ha elevado el gasto militar hasta el 2 % del PIB y planea futuros aumentos. También quiere darle una vuelta a la Constitución. Muchos temen una enmienda al célebre artículo 9 que proclama la renuncia eterna a la guerra.
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