la ley de la selva planta cara a la masificación turística
Los monos de Gibraltar han dado la sorpresa científica. Estos macacos ya no quieren comida de los turistas, sino barro, lo que se conoce como geofagia. En teoría está prohibido darles comida, pero reciben tantas galletas, helados, chocolates y pan de los turistas que, según un estudio de Cambridge, han desarrollado la capacidad de purgarse.
La tierra roja actúa como protector intestinal impidiendo que absorban azúcares o grasas, por lo que la utilizan como dieta detox. Esta es su adaptación al medio ambiente, pero Hay más animales que se defienden de la masificación turística: es el animal del ‘regreso a casa’ de los turistas.
La ley de la selva para plantar cara al turismo. Los animales se han acostumbrado a que los humanos invadan su territorio hasta el punto de que han observado qué objetos son más valorados y se los arrebatan a modo de chantaje. Un ejemplo de ello es un mono en Tailandia, que roba el móvil de una turista y le pide una recompensa: para recuperarlo tiene que darle comida. No le parece suficiente y continúa la negociación, le da otra fruta y luego le devuelve el teléfono.
Roban celulares, billeteras y cualquier objeto de valor que puedan utilizar para extorsionar a los turistas. Es todo un crimen organizado de secuestradores de monos y ladrones que se aferran a mochilas que abren para llevarse comida.
En Iguazú, Argentina, Los coatíes también han aprendido a abrir mochilas y romper bolsas.. Detectan dónde hay comida y adónde va, aunque sea el cochecito de un bebé. En esta zona está prohibido dar comida a los animales, pero ellos mismos se sirven.
Hay turistas a los que les parece una brillante idea hacerse una foto con los osos. y no les importa invadir su espacio hasta el punto de abrazar y posar con ositos. En el Parque Nacional de Yellowstone está prohibido acercarse a menos de 100 metros, advierten los trabajadores, pero cada año hay decenas de turistas heridos.
Los animales se rebelan, incluso en el centro de las ciudades. En Barcelona hay bandadas de gaviotas. Estos operan, sobre todo, en las puertas del mercado de la Boquería, desde donde vigilan de cerca a los turistas que comen en la calle para acecharles y, cuando se pierden, robarles la comida.
Todos estos animales se han acostumbrado a estar rodeados de humanos, que no les temen y que han pasado a atacarlos por tierra, mar y aire.
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