“Somos el único hospital del SESPA con el certificado de calidad en la unidad de diálisis, que nos reconoce que se hacen las cosas bien y da prestigio”
La unidad de hemodiálisis del hospital comarcal Carmen y Severo Ochoa de Cangas del Narcea se puso en marcha en 1993. El encargado de impulsarla fue el doctor Pedro Escalada, que entonces acababa de finalizar su residencia de Nefrología en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Fue el único nefrólogo al frente de la unidad durante treinta años, hasta que en julio de 2023 se incorporó el segundo especialista Eduardo Josué Banegas y a los que se sumó, en el último año, el doctor Jaime Mazón. Completan el equipo ocho enfermeras y ocho técnicos auxiliares en Cuidados de Enfermería. Todos ellos celebran este año el haber obtenido la certificación de calidad UNE-EN-ISO 9001:2015 y poder estar implantando y recuperando nuevos servicios en la unidad.
[–>[–>[–>¿Qué significa obtener la certificación de calidad de AENOR?
[–> [–>[–>Da prestigio a la unidad, porque reconoce que se están haciendo las cosas según la norma y que se están haciendo bien. De hecho, de los hospitales del SESPA (Servicio de Salud del Principado de Asturias) somos el único que tiene la certificación en el servicio de diálisis. Así que también es importante para el hospital, porque cuantas más certificaciones de calidad tenga, muestra que más servicios están haciendo su trabajo bien.
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¿Por qué llega ahora?
[–>[–>[–>El objetivo final de la certificación de la ISO es establecer un sistema de mejora continua. Para llegar a eso hay que tener una serie de protocolos, instrucciones técnicas en las que fundamentar la labor de todos los días y las situaciones extraordinarias previsibles que puedan ocurrir. A lo largo de los treinta años de historia de la unidad se han ido implementando protocolos sucesivos y actualizando según las nuevas indicaciones de las sociedades. Así que lo que hicimos ahora fue coger todo lo que estaba ya preestablecido y adaptarlo al lenguaje de la certificación ISO, un trabajo que se pudo realizar porque en este momento el servicio ha aumentado de personal y cuenta con tres facultativos.
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Este año también se ha puesto en funcionamiento una consulta cardiorrenal. ¿Qué supone?
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[–>Aprovechando que somos más facultativos propusimos el verano pasado crear la unidad cardiorrenal y nos lo autorizaron en diciembre. La razón es que el riñón y el corazón van muy parejos y, habitualmente, los tratamientos que son muy buenos para el corazón pueden ser negativos para el riñón y producir daños. Así que son pacientes en los que hay que tomar decisiones muy difíciles y hacer un seguimiento muy continuado. De esta manera se evita que los pacientes tengan que venir a varias consultas especializadas por un mismo proceso médico. Ya tenemos alrededor de medio centenar de personas en seguimiento en esta consulta específica.
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Pedro Escalada y la enfermera superior del servicio, Marisa Ron, en la sala de hemodiálisis. / D. Álvarez
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Otra novedad ha sido la recuperación de las biopsias renales después de unos años paradas.
[–>[–>[–>Desde 1993 al 2019 se venían realizando unas cuatro o cinco biopsias al año, que suponía no tener que desplazar a los pacientes a Oviedo. Hubo un parón de unos años y este las pudimos retomar. Ya hicimos la primera con éxito y tenemos programadas cinco para realizar a lo largo del año. De este modo evitamos el desplazamiento de los pacientes a Oviedo y que tengan que quedarse un día ingresados en el HUCA.
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¿La enfermedad renal sigue siendo menos conocida para la población general?
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Sí, pero por desgracia la nefrología a lo largo de este siglo va a hacerse muy conocida, se estima que será la epidemia de este siglo. De hecho, el Ministerio está dando pasos para implantar este año un rastreo poblacional de enfermedad renal, porque está muy infradiagnosticada y es muy fácil de detectar porque solo se necesita un análisis de sangre y de orina. Además, es una enfermedad que no duele, así que puede estar ahí sin que se sepa hasta que se hace el análisis específico. Los pacientes objetivo del cribado serán personas mayores y las que tengan comorbilidades, fundamentalmente diabetes, hipertensión y dislipemia.
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¿Qué necesidades tiene el servicio de hemodiálisis?
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Nuestra mayor necesidad, pero que es imposible de abordar, sería contar con más espacio físico. Estamos igual que hace treinta años, con cuatro camas, cuando lo ideal sería tener diez. Así que lo que hemos hecho desde hace más de veinte años es aumentar los turnos de trabajo para asumir a todos los pacientes del área. Así, trabajamos de lunes a sábado en turnos de mañana, tarde y noche, porque la alternativa sería desplazar a los pacientes al centro y eso supone una caída de su calidad de vida. Además, tenemos muchos proyectos que esperemos tener el apoyo para poder ir poniéndolos en marcha en los próximos meses y años.
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El hospital cumple este año su cuarenta aniversario y es uno de los médicos más veteranos. ¿Cómo ve su evolución?
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No llegué en su apertura, sino en 1993, pero se ve que la oferta de servicios en el hospital ha ido mejorando a lo largo de los años. Sin embargo, nuevamente el principal problema es la falta de espacio físico, que impide que se pueda crecer en nuevos servicios.
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