INVERTIR EN TIEMPOS DE CAOS
Sobre el papel, el aluvión de advertencias sobre la economía global no dibuja un escenario propicio para máximos históricos. El desenlace de la guerra en Oriente Próximo, el parón de tráfico en una de las franjas marítimas más importantes para la energía global, y precios del petróleo que rozan los 100 dólares, suelen invitar la prudencia. El cierre del Golfo Pérsico también llega con una guerra prolongada en Ucrania, que ha cerrado el grifo al petróleo ruso. No obstante, en el parqué de Nueva York, los operadores han estado lejos de dejarse arrastrar por los tambores de guerra: el S&P 500 ha encadenado récord tras récord en la última semana, hasta superar los 7.100 puntos en apenas dos sesiones.
[–>[–>[–>El caso se repite en este punto del Atlántico: aunque el Ibex 35 sigue sensible a los acontecimientos bélicos, ha vuelto a cotizar cerca de los niveles previos a la guerra. En Japón, el Nikkei 225, uno de los parqués más perjudicados por el estallido de la guerra, ha ganado más de un 16% desde el punto álgido del susto, hasta tocar nuevos máximos.
[–> [–>[–>En la octava semana de la contienda sobre Irán, los mercados parecen haber roto con el relato dominante del riesgo geopolítico y han optado por mirar más allá del conflicto, descontando un desenlace más benigno de lo que sugieren los titulares. El PERIÓDICO ha consultado a una docena de analistas, desde España hasta Londres o Nueva York, para desentrañar la euforia del mercado y averiguar qué puede hacer un inversor particular para no quedarse fuera de esta ola alcista. La clave más resonante entre los analistas es: no dejarse llevar por el pánico. Y tomar posiciones ahora, para no perder la euforia tras los primeros visos de paz. Para los perfiles más cautelosos y conservadores, recomiendan recurrir a las Letras del Tesoro.
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El consenso entre los estrategas se basa en la teoría de que, ni la economía global, ni el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tienen la tolerancia al dolor para mantener al estrecho de Ormuz —que mueve un 20% de la energía global— cerrado a largo plazo. Víctor Alvargonzález, director de estrategia de Nextep, explica que el bloqueo naval de Washington ha frenado los ingresos petroleros de Irán, lo que ha generado confianza entre los inversores de que el conflicto terminará resolviéndose de una forma más veloz de lo esperado. “El mundo no se lo puede permitir”, manifiesta.
[–>[–>[–>Los beneficios, el motor detrás del rally
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Una de las claves está en que los beneficios y los balances han sido más resilientes de lo esperado. Guillaume Jaisson, estratega para Europa de Goldman Sachs, señala a EL PERIÓDICO que prevén que los beneficios de la renta variable global crezcan entre un 15% y 20% pese al contexto de la guerra. “Los mercados están pasando por alto la situación geopolítica porque la dinámica de los beneficios se ha mantenido sólida y el impacto se está descontando en gran medida como un factor inflacionista, más que como algo que frena el crecimiento”, remarca.
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Derek Halpenny, director europeo de investigación de mercados globales del MUFG Bank, el mayor banco de Japón, también comparte la visión de Jaisson. “Dado que los resultados empresariales están siendo muy positivos, los fundamentos bursátiles son sin duda parte de la explicación de la resistencia del mercado de valores”, añade.
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[–>Wall Street vuelve a poner el foco en los balances de la banca y las grandes tecnológicas, aquellas compañías con mayor peso en el parqué. “Existe un optimismo cauteloso”, explica a este periódico Ramon Verastegui, fundador y CIO de Kairos Investment Advisors, en Nueva York. “Los mercados americanos reflejan ahora que lo peor de la crisis energética en Oriente Medio ha pasado, y la atención se centra ahora en la temporada de presentación de resultados empresariales, que acaba de comenzar”.
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Invertir en el día después
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Otra clave es que el mercado ya ha pasado página y ya cotiza en el día después. El director de estrategia de Nextep explica que, más allá del ruido de los titulares, el mercado está mirando hacia el futuro. “Lo que está detrás de este movimiento es el deseo de no perderse de lo que ocurra el día después de la guerra”, sintetiza. “El mercado siempre mira hacia delante”.
[–>[–>[–>Además, aconseja al pequeño inversor con un mayor apetito de riesgo de tomar posiciones en el mercado y aprovechar de las caídas. “Tiene que estar pensando en el día después de la guerra. Tiene que aprovechar los días de bajadas lo más posible.Todas las personas con un perfil de riesgo relativamente alto deberían de tener una posición significativa en el mercado. Dentro de dos meses, podríamos no estar hablando de esta guerra, y estar hablando de las salidas a bolsa de las grandes empresas de la IA”.
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Manuel Pinto, analista jefe de XTB, coincide con Alvargonzález. “El miedo a quedarse fuera del mercado está llevando a los inversores a protagonizar una de las rachas alcistas más destacadas de los últimos años”, explica. “Muchos inversores se perdieron de las subidas del año pasado tras el llamado Día de la Liberación [el día de los aranceles] y ahora no quieren repetir el error, que ha intensificado lo que se conoce como ‘Comercio de tacos‘(Trump siempre se acobarda), generando un gran interés por cualquier punto de compra en las recientes caídas”.
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El miedo no paga
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En un momento cuando los mercados se mueven a golpe de un tuit, Nicolás Fernández Picón, director de análisis de renta variable y crédito de Banco Sabadell, advierte de que el error más común del inversor ahora mismo es operar por miedo y “dejarse llevar por las emociones”. El analista del Sabadell aconseja al inversor retail tomar posiciones en renta variable. En la Bolsa de Madrid, el estratega ha subido el peso en compañías cíclicas que han sido castigadas. “El miedo es libre y afecta a todo tipo de inversores. La clave es guardar la calma y dejarse asesorar”.
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La clave, subraya Valtteri Ahti, estratega jefe de la gestora nórdica Evli, es observar las acciones que desarrollan en el plano geopolítico. “Para entender lo que quieren las dos partes, hay que fijarse en lo que hacen, no en lo que dicen”, matiza. “La retórica de Washington y Teherán es grandilocuente, pero la realidad sobre el terreno es diferente: los bombardeos han cesado, se mantiene el alto el fuego y ambas partes quieren que continúe”, concluye. Por ello, los analistas coinciden en una idea clave: el principal riesgo para el pequeño inversor es dejarse llevar por el miedo en lugar de tomar posiciones y mantener una cartera equilibrada.
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Un mercado sin refugios
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Para los estrategas, además, el mercado actual no tiene los activos ‘refugio’ tradicionales. Fernández Picón afirma que “en un entorno inflacionista como el que va a dejar la guerra, el activo refugio es la bolsa. Es el único que realmente te ayuda a recuperar ese incremento de costes y de inflación”.
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Natalia Aguirre Vergara, directora de análisis y estrategia de Renta4, guarda cautela. “En nuestra opinión, los mercados están siendo excesivamente optimistas en el corto plazo, con unas bolsas que han vuelto a niveles pre-guerra, y por tanto máximos históricos, a pesar de que los precios de la energía siguen claramente por encima de sus niveles pre-conflicto”, añade. No obstante, aconseja apostar por sectores más resistentes a la geopolítica como la defensa, energía, recursos naturales e infraestructura.
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Para Nicolás López Medina, director de análisis de renta variable de Singular Bank, el nuevo tablero geopolítico ha coronado sin embargo a nuevos activos refugios: el petróleo y el dólar. López Medina también aconseja a los inversores volver a los activos de riesgo, tras concluir que las peores caídas están en el pasado. “Nuestra opinión es que el episodio ha quedado atrás y que volvemos a un escenario propicio para los activos de riesgo”.
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El oro pierde brillo
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El escondite clásico de los mercados financieros —desde la crisis petrolera de 1973, el pinchazo de la burbuja puntocom, la crisis financiera de 2008 o incluso tras el pánico derivado de la COVID 19 y la guerra en Ucrania— ha sido el oro. En esta ocasión, el oro no se ha comportado de una forma típica: el metal dorado se ha dejado cerca de un 9% desde el estallido de la guerra con Irán. ¿Qué diferencia este conflicto a los demás?
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Halpenny explica que este comportamiento poco típico del activo refugio de referencia del mercado responde a que hay un exceso de posicionamiento previo. Y esta saturación ha impulsado la recogida de beneficios tras el estallido del conflicto. “Las posiciones largas en oro eran una de las operaciones más extendidas al inicio del conflicto. Cuando eso ocurre, lo que solía ser un activo refugio se convierte en todo lo contrario”, agrega.
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Las cripto ganan terreno
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Aunque los refugios clásicos del mercado han perdido terreno, las criptomonedas y otros activos alternativos han ganado más espacio dentro de las carteras. Según Pinto, de XTB, esto es especialmente el caso para el pequeño inversor, donde la moneda digital de referencia se ha consolidado como una alternativa cada vez más atractiva dentro del sistema financiero tradicional “El cripto está ganando protagonismo como activo de riesgo dentro de las carteras minoristas, especialmente en un entorno de elevada liquidez y apetito por el riesgo”, destaca.
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Javier Pastor, director de la formación institucional de la plataforma de custodia de criptomonedas Bit2Me, también ha visto el cambio. “La búsqueda de preservación de valor se está desplazando hacia este tipo de activos. A pesar de ser renta variable y de implicar riesgo, están actuando como refugio relativo”. Ambos analistas coinciden en que este activo está más protegido de la política monetaria, el mayor gasto de los gobiernos y los altibajos de las divisas.
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El petróleo no frena los balances
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Los analistas descartan, por ahora, el principal riesgo derivado de un barril de petróleo más caro: la estanflación. El término fue acuñado tras la crisis del petróleo de 1973 para definir una inflación persistente que se produce con alto desempleo, y desde entonces, las fantasmas de la estanflación —que erosionó de forma veloz el consumo y empujó al alza la inflación— ha ahuyentado a los bancos centrales. Según explica Peter van der Welle, analista de Robeco, la economía está menos expuesta a un shock comparable con la década de 1970. “Las cadenas de suministro están más diversificadas y las expectativas de inflación están mejor ancladas. Esto significa que el aumento de los precios del petróleo no se traduce automáticamente en una recesión”.
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Aunque el estratega admite que han elevado su escenario pesimista de estanflación desde el estallido del conflicto en Oriente Próximo, afirma que su escenario base para 2026 es de un “cambio sincronizado”. Van der Welle agrega que, históricamente, el efecto del petróleo sobre la inflación subyacente sigue siendo “limitado”, al igual que los efectos de segunda ronda.
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Desde Robeco, su escenario base es que los bancos centrales serán más prudentes y no se dejarán llevar por el miedo y podrían optar por una estrategia de esperar y ver. “Esto tranquiliza a los inversores en renta variable, ya que les garantiza que la política monetaria no se verá obligada a entrar en un ciclo de endurecimiento brusco solo por la inflación general”, concluye.
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Un final incierto
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El consenso no está exento de matices. Los analistas apuntan a que el riesgo más subestimado sería anticipar un final a las hostilidades exprés sin tener en cuenta su posible prolongación y los efectos secundarios sobre la economía. Esta visión la comparte Fernández Picón, del Sabadell, aunque matiza que, en su opinión, no cree que el mercado se esté equivocando. “Podrían estar subestimando su duración y su impacto en el crecimiento económico y por tanto, en los beneficios empresariales. Y podrían estar subestimando los próximos movimientos de tipos: se están descontando subidas, pero a lo mejor pueden quedar cortos”, concluye.
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Desde la gestora nórdica, Evli, también coinciden en lo mismo. Valtteri Ahti, estratega jefe de Evli, advierte de que quizás los parqués están celebrando demasiado pronto. “Los mercados bursátiles están subestimando el riesgo de un conflicto prolongado, pero es posible que tengan razón al pensar que no durará lo suficiente como para causar un daño económico importante”, manifiesta.
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Tirón del Tesoro
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Aunque la mayoría de los estrategas consultados por este periódico coinciden en que los activos más conservadores han perdido atractivo frente al tirón de la renta variable, Alvargonzález apunta a las Letras del Tesoro como una alternativa para el inversor más conservador. La renta fija española ha ganado más peso entre los inversores particulares en los últimos meses, con cerca de 2.8000 millones de euros en peticiones no competitivas, para los plazos de tres, seis, nueve y doce meses, según datos abiertos del Tesoro Público. “Lo más razonable ahora mismo es estar en letras del Tesoro o fondos monetarios hasta que se despeje la situación”, ha explicado, descartando al oro como protección inmediata en este entorno.
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