PRECIO ALIMENTOS ACEITE | El precio del aceite se triplica entre el campo y la mesa, pero los súpers aseguran que ellos «no se forran»
La asociación Asedas, que agrupa, entre otros, a Mercadona, Lidl y Dia, ha salido al paso este martes a las reiteradas denuncias del sector agrario (y de algunas organizaciones de consumidores) sobre cómo las grandes cadenas de distribución inflan los precios de venta al público de los alimentos hasta multiplicar por varios dígitos el importe que cobran los agricultores. Lo que ocurre, ha explicado el presidente de la entidad, Josep Antoni Duran i Lleida, es que esos alimentos están sujetos, por una parte, a un proceso de elaboración, otro de envasado y un tercero de logística y transporte que, en cada eslabón de la cadena, suponen un sobrecoste. A ello hay que añadir, ha subrayado Duran, factores externos como las oscilaciones de la inflación fruto de crisis internacionales como la actual guerra de Irán. «Es muy poco rigurosa la apreciación de que los supermercados se forran«, ha lamentado el presidente de Asedas, que ha presentado un estudio en el que se explica, con detalle y con casos prácticos, cómo se forman los precios en la cadena agroalimentaria.
[–>[–>[–>El estudio titulado ‘Análisis de la cadena de valor agroalimentaria: metodología para la comparación precisa de precios origen-destino’ y dirigido por el profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, Manuel Hidalgo, aplica un método que, según ha afirmado, corrige las «distorsiones sistemáticas de enfoques simplistas, que solamente consideran precio de origen [el que se paga al productor] y el destino [el que paga el consumidor final] sin tener en cuenta los procesos intermedios”. Para ilustrar esto, Hidalgo ha mostrado los casos de algunos alimentos de consumo básico, como aceite de oliva, carne de pollo, limones y leche. En el caso del primero, por ejemplo, en el trayecto del campo a la mesa el precio se triplica, tal como ocurre con las aves. los limones
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Así, las distorsiones que acaban elevando los precios a lo largo de la cadena alimentaria son, según este informe, la invisibilización de eslabones intermedios, que no se tienen en cuenta muchas veces cuando se denuncian las subidas; la agregación errónea de funciones económicas diferenciadas; la negación de la dimensión temporal de las campañas; la subestimación de la complejidad técnica y, finalmente, el cuestionamiento implícito de la legitimidad económica de los servicios. «Estas distorsiones no son meramente técnicas, sino que orientan hacia soluciones populistas cuando el análisis riguroso demuestra la necesidad de políticas basadas en evidencia», ha sentenciado el autor.
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Para el secretario general técnico de Asedas, Felipe Medina, todo ello desmiente el bulo de que los supermercados «se forren». «Ni los supermercados, ni el resto de eslabones de la cadena alimentaria lo hacen. Somos líderes mundiales y eso hace que los españoles tengan la producción muy cerca y garantizada«, ha indicado el directivo de la organización. Así lo sostienen también las conclusiones del análisis presentado este martes, que indica que, con carácter general, «no existen márgenes abusivos en cualquiera de los eslabones, sino que el precio del producto final está plenamente justificado por costes reales, riesgos asumidos e inversiones realizadas».
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Un momento de la presentación del informe de Asedas sobre la formación de precios en la industria agroalimentaria. / Asedas
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Según la patronal de la gran distribución, «la alta eficiencia conseguida por las cadenas agroalimentarias españolas tras décadas de mejora continua, innovación tecnológica y optimización de procesos» garantizan que eso es así. Además, subraya Hidalgo, las variaciones de precios entre campañas agrarias responden, según él, «a factores económicos legítimos y no a prácticas especulativas» que dependen de la disponibilidad de las variedades de frutas y hortalizas o las condiciones climáticas en la producción y recolección.
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Con todo ello, los promotores del estudio insisten en la necesidad de informar correctamente a los ciudadanos, de dejar de hacer lecturas simplistas y de establecer una metodología clara que ayude a evitar malentendidos o interpretaciones malintencionadas.
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