Campiello, la cantera de música tradicional de Castrillón con una larga lista de espera
El sonido de una gaita afinándose, el ritmo constante de un tambor y el tintineo de una pandereta se cuelan entre las aulas del colegio Maestro José Luis García Rodríguez, en Piedras Blancas, que tras el horario lectivo se transforma en punto de encuentro para la música tradicional asturiana. Allí se ubica la Escuela de Música Campiello, en la que varias generaciones comparten aprendizaje, escenario y una misma inquietud: mantener viva una cultura que no entiende de edades.
[–>[–>[–>El proyecto no siempre estuvo en el colegio. Sus orígenes se remontan a Pillarno, donde comenzaron las primeras clases en un local de la asociación vecinal. “Aquello fue el germen de todo”, recuerda José Manuel Tejedor, uno de los referentes del folclore asturiano y profesor de la escuela, que pronto tuvo que cambiar de espacio por el incremento de alumnos. “Cuando aquello se quedó pequeño, fue cuando vinimos para aquí”, explica. El traslado les permitió disponer de aulas adaptadas a instrumentos como la gaita o la percusión, y desde entonces el centro educativo se ha mantenido como sede durante unos 25 años. Incluso tras la pandemia, cuando las clases se trasladaron temporalmente por motivos sanitarios al Centro Cultural Valey de Piedras Blancas, el regreso fue inmediato. “Este es el sitio más adecuado que hay para hacer esto”, resume.
[–> [–>[–>Una clase en la escuela de música Campiello. / Christian García
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Hoy, el centro vive un momento de alta demanda. Cuenta con alrededor de 50 alumnos, el máximo que permite su organización. “Estamos al límite”, reconoce Eva Tejedor, hermana de José Manuel y también docente de la escuela. La lista de espera es habitual. “Siempre hay gente esperando, tres, cuatro, a veces más”, apunta. Ante esa situación, el equipo intenta no dejar a nadie fuera. “Es una pena que alguien que quiera aprender se quede en lista de espera”, añade José Manuel, que admite que en ocasiones fuerzan su capacidad para dar cabida a más alumnado «y que nadie se quede fuera».
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Pero si hay algo que distingue a la Escuela de Música Campiello es su carácter intergeneracional. En las aulas conviven niños desde los siete años con personas que superan los 80. “Lo bueno es que no hay límite de edad”, explica Eva. La escena, asegura, es poco habitual: “Son críos de 10 o 12 años tocando con gente de más de 70. Es una maravilla lo que se vive”. Las relaciones surgen de forma natural. “La gente mayor hace de abuelos”, añade José Manuel. El resultado es un ambiente cercano en el que el aprendizaje va acompañado de convivencia. “Todo el mundo puede cumplir ese sueño musical, sin la exigencia de un conservatorio”, resume Eva.
[–>[–>[–>Con la vista puesta en el futuro, el centro no descarta crecer. “Sería un buen momento para incluir otras cosas, como el baile”, apunta José Manuel, recordando experiencias pasadas que no tuvieron continuidad. La actividad sigue adelante con el respaldo del Patronato Municipal de Cultura, del que depende desde hace décadas. “Esperamos que sigan apoyando”, señala. Mientras tanto, el calendario no se detiene. El próximo 17 de mayo volverán a subirse al escenario en San Isidro, una nueva ocasión para mostrar el trabajo de todo un año. Allí, entre gaitas y percusión, volverá a sonar una tradición que sigue encontrando relevo generación tras generación.
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Una clase en la escuela de música Campiello. / Christian García
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La enseñanza combina clases individuales con trabajo conjunto. Cada docente se centra en su especialidad —gaita, por un lado, tambor y pandereta por otro—, pero el proyecto cobra sentido cuando todos se reúnen. Las actuaciones son parte esencial de esa dinámica. “Solemos hacer conciertos para que la gente vea que hay una escuela de gaita y percusión”, explica José Manuel. Entre las citas habituales está la celebración de San Isidro, donde vuelven cada año. También actúan en colegios y residencias para hacer visible la música tradicional entre los más jóvenes. “Siempre hay gente dispuesta a juntarse una mañana y salir a tocar”, comenta. Más allá de lo musical, insiste, “nos enrollamos y lo pasamos bien, es una actividad lúdica”.
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[–>Además, la actividad de la escuela de música castrillonense se enmarca en una red más amplia de centros en Asturias que facilitan el acceso a la música tradicional. “Casi, vivas donde vivas, tienes una escuela cerca”, afirma José Manuel Tejedor rotundo. Esto, detalla, permite que cualquier persona interesada pueda iniciarse sin grandes dificultades.
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