Daniel Antuña, el cocinero de origen asturiano con estrella Michelin en Bruselas y que fue elegido como el mejor chef del país
En una discreta calle del norte de Bruselas, muy cerca de la frontera con Flandes, un cocinero de origen asturiano, Daniel Antuña, ha consolidado uno de los mejores restaurantes de la capital belga. Se llama ‘t Stoveke, abrió en 2005 y cuenta con una estrella Michelín desde 2009.
[–>[–>[–>Antuña, que nació hace 55 años en Ninove, una localidad flamenca al oeste de la capital belga, es hijo y nieto de mineros del concejo de Laviana y de madre belga. Su padre, Manuel Antuña, emigró a Bélgica en los años 60 del siglo pasado tras sufrir un accidente en la mina. Octogenario, ya sigue viviendo en el país que lo acogió, aunque viaja con frecuencia a España, preferentemente a la zona mediterránea.
[–> [–>[–>Daniel Antuña en la cocina de su restaurante del norte de Bruselas / Mario Bango
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«Fui a Asturias de niño hasta los 12 o 13 años, pero después ya comencé mis estudios en la Escuela de Hostelería y esta actividad es muy exigente, con poco tiempo para las vacaciones», explica Antuña en la cocina de su impoluto establecimiento.
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Sin antecedentes familiares vinculados al mundo de la hostelería, su relación con la cocina se inspiró en su madre. Con ella supo cómo preparar unas crepes (frisuelos) en casa. Y de ahí a la escuela de formación en la materia, una muy conocida del barrio bruselense de Anderlecht, al tiempo que trabajaba los fines de semana en restaurantes de la capital belga.
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Uno de los platos preparados por Daniel Antuña. / Mario Bango
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Su trayectoria fue muy notable desde el primer momento. En 2001 fue galardonado como mejor cocinero de Bélgica y «después tuve otros premios destacados como el que conceden a restauradores de Francia, Holanda y Bélgica».
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Casado con una belga, que es la repostera y la que se encarga de la sala en el restaurante, decidieron abrir ‘t Stoveke en 2004 con ideas claras: «Solo somos cuatro, el matrimonio, y dos ayudantes porque servimos como máximo a 20 comensales a mediodía y otros tantos para la cena; cerramos dos días a la semana porque queremos ofrecer calidad y buena atención» razona en su cocina en la que hay mesas para alguno de los clientes. Y los fines de semana les echa una mano en la sala la hija del matrimonio, una joven que parece inclinarse por otra profesión diferente.
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Uno de los platos que se sirven en el restaurante de Daniel Antuña. / Mario Bango
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Antuña se formó entre otros con el donostiarra Martín Berasategui, con el que estuvo en alguno de sus restaurantes en el País Vasco, y ha seguido de cerca a restauradores españoles como Ferrán Adriá: «Mis platos tienen influencia belga, francesa, española y un toque japonés». Muestra uno del que está orgulloso con cecina -que viene directamente de León- y brotes de lúpulo.
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Uno de los platos del restaurante de Daniel Antuña: brotes de lúpulo y cecina. / Mario Bango
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Como el restaurante está muy cerca del Atomium y de los pabellones de exposiciones de la ciudad a mediodía la clientela es más profesional y por la tarde preferentemente familiar. Un menú, que cambia cada seis semanas aproximadamente, con cuatro o cinco platos suele estar en torno a los 100 euros, que es una cantidad razonable para un restaurante con estrella en la capital europea. También cuenta con un menú vegetariano.
[–>[–>[–>‘t Stoveke es una expresión flamenca que significa hornillo para calentarse. Algo necesario en los largos y oscuros inviernos de este país, en el que llueve tanto como en Asturias, pero sobre todo hace más frío.
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