Sol Gallego, una tipa increíble
Perfectas. Así eran sus crónicas, sus análisis, sus reportajes… Durante mis años como editor de «El País News Service» y ella como corresponsal en los principales puntos informativos del mundo, no necesitaron sus escritos modificar una sola coma, un acento… Sol fue siempre la periodista perfecta, «una tipa increíble», dijo Aimar Bretos cuando, despidiendo Hora25, dio la noticia de su fallecimiento. Sus crónicas llegaron a todo el mundo, de Estocolmo a Brasil o Nueva Zelanda, editadas por «El País» para la prensa internacional. En fin, pero esto es una anécdota.
[–>[–>[–>Conocí a Sol Gallego-Díaz, quien dio en exclusiva el archibuscado borrador de nuestra Constitución, cuando estudiábamos en la Escuela Oficial de Periodismo, en Madrid, allá en los finales de los años sesenta del pasado siglo. Seria, franca, siempre vestida con ropa oscura o negra, era una mujer austera. Generosa y ocurrente, vivía para el periodismo. Era un referente en los últimos cincuenta años. Hace unos días la echamos de menos en el almuerzo con el que los veteranos del diario de Miguel Yuste, 40 celebramos aquel comienzo. Falleció cuando se cumplían cincuenta años del nacimiento del diario.
[–> [–>[–>Madrileña de nacimiento, cuando huía del bullicio de la capital buscaba el silencio de Cabranes o de Llanes (frente a la playa de Barru) para su descanso, Corresponsal en Bruselas, Nueva York o Buenos Aires, se refugiaba en Asturias cuando tenía que reflexionar, preparar sus libros, sus análisis.
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Ocupó los principales cargos en «El País» teniendo en cuenta que rechazó varias veces asumir la dirección, prefería estar en la Redacción, en el hervidero de la información. Y cuando le llegaba su jubilación oficial fue entonces cuando admitió ser directora, la primera, del diario donde había conseguido su prestigio. Manuel Vicent dijo días pasados, casi coincidiendo con su adiós, que «el éxito de un periodista no está en ser leído sino en ser creído». Ese era el periodismo de Soledad Gallego-Díaz, Sol para todos los compañeros. Por eso recibió tantos premios, tantos reconocimientos. Alguien mostró su «rabia» por la muerte de una compañera con tanto prestigio como Sol. Yo he decir «¡Qué pena!».
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