Empieza el test al poder de Trump dentro del Partido Republicano con las elecciones primarias de medio mandato
Donald Trump ha superado esta semana un primer pulso para moldear el Partido Republicano a su medida. Durante casi una década, su apoyo ha sido una de las armas más eficaces en las primarias conservadoras, pero ahora, ya de vuelta en la Casa Blanca, lo combina con represalias contra quienes no se han amoldado a su línea, han bloqueado sus planes o no le parecen suficientemente leales.
[–>[–>[–>La prueba llegó en Indiana y Ohio, en votaciones que decidían qué candidatos republicanos competirán en las elecciones de medio mandato de noviembre. Los primeros resultados evidencian que el mando de Trump sobre el partido sigue siendo fuerte, aunque no resuelve todos los riesgos republicanos de cara a noviembre.
[–> [–>[–>Castigo y recompensa
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El presidente quería demostrar que su influencia seguía intacta entre los votantes republicanos. En Indiana, lo consiguió. Cinco de los aspirantes respaldados por Trump ganaron sus primarias contra senadores estatales republicanos que habían rechazado su plan de rediseñar el mapa electoral.
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El mensaje interno es difícil de ignorar: apartarse de Trump puede costar el puesto. También el modus operandi queda claro. Los grupos aliados con el presidente inyectaron más de 8,3 millones de dólares en publicidad, una cifra extraordinaria para unas primarias estatales que normalmente son de bajo perfil.
[–>[–>[–>Ohio ilustró la otra cara de esa operación. Vivek Ramaswamy, empresario tecnológico multimillonario, exaspirante presidencial republicano en 2024 y aliado de Trump hasta el punto de haber sido elegido junto a Elon Musk para impulsar el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), ganó con claridad la primaria republicana para gobernador. Su ascenso muestra que el presidente no solo castiga. También premia y promociona perfiles ricos, mediáticos y obedientes.
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La dinámica se respite en otras carreras aún abiertas, como en Georgia, donde Trump trata de deshacerse del gobernador que se negó a ayudarle a «encontrar» votos cuando el recuento de papeletas de 2020 estuvo ajustado durante días – y que resultó en la victoria de Joe Biden y el asalto al Capitolio.
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[–>El presidente estadounidense, Donald Trump, señala a quienes considera «traidores» por no votar en línea con su programa político / Agencias
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Indiana y el coste de decir no
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Indiana concentró el primer choque porque varios legisladores republicanos estatales frenaron un rediseño extraordinario del mapa electoral. Esa maniobra, traducible como «redistritación» («gerrymandering» en inglés), consiste en modificar los límites de los distritos para favorecer las posibilidades de que gane el partido gobernante, en este caso, el Republicano.
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La derrota de aquel plan fue una señal poco habitual de resistencia en un estado conservador. Trump respondió señalando a los disidentes y apoyando a sus rivales en las primarias. Esta semana, esa amenaza se concretó en las urnas: cinco aspirantes respaldados por el presidente ganaron frente a senadores estatales republicanos que habían bloqueado su plan.
[–>[–>[–>El resultado convierte unas primarias estatales en un aviso nacional. Trump no solo conserva influencia sobre la base republicana. También puede usarla para disciplinar a cargos del partido que se resistan a sus órdenes, incluso en disputas locales y normalmente alejadas del foco nacional.
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Una advertencia para el partido
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El caso de Indiana encaja en una estrategia más amplia. En Kentucky, la campaña contra el congresista conservador Thomas Massie muestra que para Trump la lealtad es un concepto binario: o se vota siempre como él espera, o se pasa a la categoría de traidor. Massie ha apoyado a Trump en la mayoría de votaciones, pero se ha apartado en asuntos clave, como el gasto público o la vigilancia en política exterior. Trump lo llamó en marzo «perdedor«.
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Massie sostiene que la ofensiva busca enviar un aviso al resto: «Una gran razón por la que me atacan es para mantener a raya a los otros republicanos del Congreso». Ese es el sentido político de estas primarias: funcionan como un mecanismo de disciplina interna. No se trata solo de elegir candidatos, sino de recordar a los cargos republicanos que desafiar a Trump puede tener consecuencias.
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El riesgo de encoger la coalición
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El precedente favorece al presidente. En 2022, la mayoría de los republicanos de la Cámara de Representantes que votaron a favor de su juicio político acabaron retirándose o perdiendo sus primarias. Aquella purga consolidó la idea de que desafiarle tenía un coste. Ahora, con Trump de nuevo en la Casa Blanca, la lógica es aún más directa: necesita un partido obediente para gobernar.
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Pero esa fortaleza interna también tiene un riesgo. Una cosa es mantener cohesionada a la base y otra convertir cada discrepancia en una traición. Los aliados del presidente creen que sin disciplina no hay victorias. Sus críticos temen que el partido gaste dinero, energía y capital político en guerras internas cuando debería prepararse para conservar sus mayorías en noviembre.
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Las primeras primarias de mayo refuerzan el mensaje central. Trump aún puede premiar lealtades y castigar disidencias dentro del Partido Republicano. La pregunta es si esa capacidad bastará para ganar elecciones generales, donde ya no votan solo los fieles.
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