Hay que fichar bien para volver rápido
«¡Cazorla, quédate!». El cántico empezó a resonar en por todo el Tartiere tras el pitido final del colegiado. La gente no quiere perder a su Mago. El oviedismo, consciente de las palabras del capitán en El Requexón sobre su futuro, no quiso esperar al desenlace oficial para lanzar el mensaje. Si el llanerense termina tomando la decisión de retirarse al final de temporada, el partido ante el Getafe podría haber sido su penúltima cita en el Tartiere.
[–>[–>[–>El choque acabó con un empate sin goles que mantiene al Oviedo con un hilo de vida en Primera División, aunque puede consumarse el descenso esta misma noche si el Girona puntúa ante el Rayo Vallecano. Pese a la igualdad en el marcador, las matemáticas siguen sin sonreír al cuadro azul, que llegará a las próximas horas pendiente de lo que ocurra en otros campos. A las puertas del Tartiere se respiraba un ambiente distinto al resto de partidos. Nada que ver con el de las grandes citas de la temporada, ni siquiera con el de aquellas tardes finales del curso pasado en Segunda División, cuando el ascenso era el horizonte y el oviedismo empujaba. La previa del partido ante el Getafe, el encuentro que podía consumar el descenso del Oviedo a Segunda División apenas un año después de pisar la élite, dejó una postal muy distinta: menos gente alrededor del estadio y caras largas.
[–> [–>[–>El municipal azul, habitualmente abarrotado en los grandes partidos, no logró congregar a tantos aficionados como en encuentros anteriores. La afluencia, de hecho, fue menor incluso que en algunas jornadas decisivas del tramo final de Segunda División la pasada campaña. La explicación era sencilla: el oviedismo había hecho ya las cuentas de cabeza y sabía que una derrota frente al Getafe certificaba el regreso a la categoría de plata. Aun así, hubo quien llegó al Tartiere con un hilo de esperanza intacto. Sobre todo, entre los más jóvenes, los que todavía se permiten el lujo de creer. Micka Argüelles, acompañado por su padre, Gerardo, era uno de ellos. «Yo creo que todavía se puede. En el caso de que bajemos, necesitamos apuntalar bien la plantilla, porque espero que volvamos a subir rápido», decía.
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Florentino Fernández, por ejemplo, no compartía el optimismo. «Estamos en Segunda, poco hay que hacer ya», resumía antes de subir a su localidad. Una sensación generalizada en una grada que llegaba más a despedirse que a animar. Marisa López, en una línea parecida, asumía que el descenso estaba prácticamente hecho y reconocía que acudía sobre todo «para aprovechar el abono». Eso sí, prometía rezar mucho durante el encuentro «por si se obraba el milagro», aunque lo veía altamente improbable. No escondía, además, el malestar con la dirección del club: en su opinión, no era de recibo tener que estar pidiendo milagros a esas alturas de la temporada, y la responsabilidad recaía, decía, sobre la gestión de la entidad.
[–>[–>[–>También había jóvenes que asumían el desenlace sin renunciar a su última ilusión. Nel Gutiérrez se veía ya en Segunda División, pero no perdía la esperanza de despedir al curso con una alegría. «Ojalá Cazorla pueda marcar varios goles para que el Oviedo gane y los rivales no vuelvan a sumar más», decía.
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La estampa, en conjunto, dibujó un Tartiere que llegó al partido del Getafe sin la emoción ni la energía habituales. Más preparado para asumir un descenso que para celebrar una hipotética hazaña. Pero la cosa se alarga unas horas. La temporada en Primera, salvo milagro, se acerca a su final con una afición fiel hasta el último minuto, pero también realista. Y con un capitán al que la grada, antes incluso de oírle decir adiós, ya empieza a pedirle que se quede.
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