Hacía dónde va el PSOE
Hubo un tiempo en que el PSOE se pronunciaba a sí mismo con voz grave, como quien recita la Constitución. Hoy esas siglas se entonan desde dentro con un susurro funcionarial. El partido que expulsó a Pedro Sánchez por imprudente e irresponsable, lo venera ahora como si su presencia siempre hubiera sido inevitable. No se trata de una conversión ideológica, sino de una mudanza de conciencia, con trastero incluido.
[–>[–>[–>Los mismos que en 2016 hablaban de “salvar al PSOE de sí mismo” hoy invocan la “ética de la obediencia”, ese invento que permite dormir tranquilo mientras se aplaude lo que ayer provocaba arcadas. Antes, Sánchez era el error; hoy es el único destino. Y quien dude, que se revise el carné o el sueldo.
[–> [–>[–>El PSOE, partido centenario, ha pasado de ser una tradición política a un gimnasio donde se practica el contorsionismo: donde antes había principios, ahora hay elasticidad; donde había debate, hoy solo coreografía. Se aplaude “a la coreana” porque pensar cansa y discrepar no cotiza. La obediencia ha derrotado por KO a la conciencia.
[–>[–>[–>
Mientras tanto, los viejos referentes molestan. Felipe González es hoy una reliquia incómoda, un mueble antiguo que no combina con el nuevo decorado. Zapatero, en cambio, ha descubierto que el sanchismo funciona como rejuvenecedor ideológico.
[–>[–>[–>Y así, de traición en traición, el PSOE ha conseguido negar su propia historia sin cambiar de siglas. No se trata de una metamorfosis, sino de un desmentido permanente. En esta ida no hay billete de vuelta. Y si lo hubiera, nadie sabe a qué destino conduce.
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí