La mayor condena es no poder estar con nuestros hijos
La Audiencia Provincial ha dictado sentencia. Los padres que mantuvieron a sus hijos aislados durante casi cuatro años en un chalé de Fitoria, un caso bautizado por la propia policía como «la casa de los horrores», han sido condenados a un total de dos años y diez meses de cárcel cada uno por un delito violencia psíquica habitual en el ámbito familiar y otro de abandono de familia. El fallo les absuelve, sin embargo, de la acusación más grave que les atribuía la Fiscalía, la detención ilegal de sus tres hijos menores, un delito por el que les pedían más de 25 años de prisión.
[–>[–>[–>Los miembros del matrimonio, un alemán de 54 años y una estadounidense de 49 que llevan ya más de un año en prisión preventiva, acogieron la sentencia con resignación. Según explican sus abogados esperaban haber sido absueltos de todos los cargos porque en su conciencia piensan que actuaron por el bien de los pequeños, que sólo los mantuvieron a salvo de contagiarse de alguna enfermedad como el Covid, que a ellos los golpeó con dureza y les dejó secuelas en todos los sentidos.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Como es lógico, celebran que la condena sea menor en comparación a la que se enfrentaban en un principio, ya han cumplido buena parte de ella, su comportamiento en la cárcel es «ejemplar» y lo más probable es que no tardarán en poder acceder al tercer grado –régimen de semilibertad–, pero lo que más les duele es otra de las medidas que se recogen en la sentencia: la inhabilitación especial para el ejercicio de la patria potestad, tutela, curatela, guarda y acogimiento durante tres años y cuatro meses. Así se lo explicó el padre de los pequeños –dos gemelos que por entonces tenían ocho años y su hermano de diez– a la letrada que lo defiende, Helena González, cuando esta lo llamó a la cárcel de Asturias para comunicarle el fallo de la Audiencia Provincial: «Para nosotros la mayor condena es no poder estar con nuestros hijos, mucho más que estar en prisión», le dijo.
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La mujer, representada por Javier Muñoz, se mantiene en la misma línea. «Todavía están en shock porque creían que los iban a absolver, no acaban de comprender lo que les ha pasado, pero ella no para de pensar en que va a tener que estar tanto tiempo sin poder ver a sus hijos. Es una medida durísima», afirma el letrado. La sentencia les prohíbe aproximarse a los menores a menos de 300 metros de su domicilio, centro de estudios o cualquier otro lugar que frecuenten durante tres años y cuatro meses, pero sin embargo no les prohibe seguir manteniendo la comunicación con ellos –ahora hablan por teléfono con los pequeños una vez por semana– basándose en los informes médicos y de los trabajadores sociales, que lo consideran beneficioso para los niños.
[–>[–>[–>Los delitos
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Los miembros del matrimonio no se explican por qué están en la cárcel, pero la Audiencia Provincial lo explica claramente en la sentencia. El tribunal considera que cometieron un delito de maltrato de violencia psíquica habitual en el ámbito familiar por la situación de dominio y aislamiento a la que sometieron a los menores, algo que afecta, entre otras cosas, al desarrollo de su personalidad, provoca un déficit de socialización y también trastornos psicológicos. El delito de abandono de familia se les achaca, por ejemplo, porque los menores llevaban desde el año 2019, cuando la familia aún residía en Alemania, porque no estaban escolarizados (los gemelos no sabían ni leer ni escribir, según la sentencia) o porque cuando los niños se ponían enfermos, los trataban con medicamentos adquiridos por internet sin ninguna supervisión de profesionales de la salud. Además, según la sentencia, las condiciones en las que vivían no eran las más apropiadas para unos niños: entre «una gran cantidad de basura» o durmiendo en camas de bebé a pesar de su edad.
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No obstante, la Audiencia Provincial señala que durante el juicio quedó probado que los padres no tenían conciencia del daño que les estaban causando a sus hijos. Y por eso, entre otras cosas, no se les acusa de los delitos de detención ilegal, que les hubieran llevado a permanecer encerrados durante 25 años. De hecho, la sentencia recoge que en la casa de Fitoria en la que convivían no se hallaron candados, ni cerrojos, ni «ninguna sujeción física ni forzosa» para impedir a los niños salir de casa. El escrito dice además que los niños tenían una relación afectuosa con sus progenitores –sobre todo con su madre– y que no había violencia física ni castigos desmesurados.
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[–>Lo que ocurrió, según se desprende de la sentencia, es que el Covid hizo demasiado daño en esa familia. El aislamiento era una «dinámica familiar» derivada del miedo patológico que tenían los padres a los contagios. También influyó, según el documento, que todo se les hizo bola. Primero fue el encierro y después el miedo a que los servicios sociales les quitaran a los niños por no tenerlos escolarizados ni empadronados. Los pequeños, por su parte, asumían el encierro en la casa de Fitoria «sin mostrar rebeldía y percibían el exterior como algo potencialmente peligroso».
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