el polaco Norbert Itrich inicia la reparación del «alma» de la iglesia avilesina
A la Casa Amezúa le encargaron hace un siglo -en realidad, 99 años- construir el órgano de la iglesia de San Nicolás de Bari, el de la parroquia principal de la villa de Avilés. Este lunes, el maestro organero Norbert Itrich, polaco, comenzó su reparación: «Me gusta decir que mi trabajo es devolverle su sonido», explica al periodista en una pausa del trabajo de restauración que acaba de comenzar, y que le llevará todavía dos semanas más por delante. «Lo que le pasa a este órgano es que no llega el aire a los tubos», dice Itrich. «El problema que tiene está en los fuelles», determina.
[–>[–>[–>El maestro organero lleva veinticinco años viviendo en España. Por eso habla tan bien el español. Itrich aprendió su oficio en Santander. El maestro alemán Michael Reininghaus le enseñó lo que no sabía. «En España no hay ningún sitio donde aprender este oficio», cuenta el responsable del órgano centenario. «Ahora estoy haciendo uno para mí mismo en el monasterio cisterciense de Vico, en Arnedo«, anuncia. Itrich empezó a trabajar en Frías, en Burgos, pero ahora vive en La Rioja.
[–> [–>[–>El organero está en el coro de la iglesia avilesina. Marino Soria, el organista titular, acaba de llegar. «Tenía que haber venido un poco antes», se disculpa. Y luego señala a Itrich algunas de las cosas que, a su juicio, corren más prisa. Habla de los pedales, por ejemplo.
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El polaco, dice, tiene cinco trabajos: «El primero, padre de mis hijos», sonríe. Los otros son saxofonista, organista y maestro organero. «Lo primero que hice fue diseñar el de la catedral de Santander: lo diseñé y luego lo construí», cuenta. Y, después, vinieron veinticuatro más. «Pero, ya digo, más que restaurar o construir, les devuelvo el sonido», explica.
[–>[–>[–>La restauración
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Acaba de empezar a trabajar en San Nicolás. Tiene quince días por delante. «Es un órgano romántico«, cuenta. De esos que sirven para interpretar a Felix Mendelssohn, a Camille Saint-Saëns… «Y también a Bach«, subraya el maestro organero. «Los órganos barrocos están muy bien para Bach, pero no para los compositores románticos», sentencia Itrich. Como para probar esto, toca uno de los fragmentos más conocidos de «Toccata y Fuga en D minor» de Bach. La de «Drácula». El clásico. «Pero este es el órgano automático», aclara.
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La Casa Amezúa es la empresa que fundó Aquilino Amezúa a finales del siglo XIX. Es, de hecho, una sociedad dirigida por sus herederos (Amezúa murió en 1912). «Los tubos de este órgano están estupendos, si no suenan es porque les falta aire», insiste Itrich. «Lo que más tiempo me va a llevar va a ser afinarlo». Porque le falta el aire.
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