Llevábamos guardaespaldas con armas, se respiraba mal rollo
Fueron tres festivales de máxima tensión. Todas las veces que Israel ha organizado Eurovisión, sin excepción, ojo, sus conflictos armados han restado protagonismo al festival. Provocando, incluso, situaciones de peligro para sus respectivos participantes. Pese a los intentos por maquillar su política bélica, Tel Aviv jamás ha antepuesto la música a las armas. De ahí que, últimamente, desde que inició el genocidio de Gaza en 2023, sea imposible disfrutar la cita sin la presión disparada. Este martes, Noam Bettan se ha clasificado para la final del sábado. Y, claro, de ganar, el país podría volver a acogerlo. A lo largo de la historia, sólo tres artistas españoles han vivido la experiencia. Y, por el revuelo despertado entonces, con protestas y sabotajes, ésta no fue del todo satisfactoria.
[–>[–>[–>Israel lleva 52 años blanqueándose en Eurovisión, levantando el Micrófono de Cristal en cuatro ocasiones: 1978 (A-ba-ni-bi, de Izhar Cohen & The Alphabeta), 1979 (Hallelujah, de Gali Atari y Milk and Honey), 1998 (Diva, de Dana International) y 2018 (Toy, de Netta). Sin embargo, sólo lo ha albergado en tres de ellas: 1979, 1999 y 2019. En 1980 se retiró del certamen porque coincidía con la fecha en la que se recordaba el Holocausto judío. Así que, tras negociar con diferentes cadenas, entre las que se encontraba RTVE, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) se lo encargó a Países Bajos. Asimismo, bajo el mismo criterio, se alejó del concurso en 1984 y 1997. En 1994, por su parte, fue apartado por la organización tras el mal puesto obtenido en el año anterior.
[–> [–>[–>Noam Bettan es el candidato de Israel a Eurovisión 2026. / EFE
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La primera vez que Israel se alzó con el triunfo, en 1978, sólo un lustro después de su debut, su Gobierno había iniciado la invasión del sur de Líbano. Según el portal Eurovision-Spain, Jordania cortó la emisión en el momento de la victoria y, un día después, atención, informó de que Bélgica había ganado. Bajo este contexto, Jerusalén celebró Eurovisión en 1979. Betty Missiego fue la representante de España e interpretó Su canción junto a un coro de niños. Quedó segunda. Pero, de nuevo, la política trastocó aquel hito. Por aquel entonces, Tel Aviv y El Cairo estaban firmando la paz en Estados Unidos. Un acuerdo que devolvió la península de Sinaí a los segundos y, en consecuencia, les convirtió en el primer país árabe en reconocer a Israel.
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Betty Missiego, durante su actuación en Eurovisión 1979. / RTVE
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Lydia fue la segunda artista en repetir la hazaña. Viajó hasta Jerusalén en 1999, una época marcada por la tensión diplomática entre España e Israel. ¿El motivo? La posición de Madrid sobre Palestina: tal y como apunta Newtral, José María Aznar, aunque mantenía relaciones cordiales, defendió que la creación de un Estado palestino era la mejor “garantía de seguridad para Israel”. Su Gobierno, en cambio, no renunció al control sobre Gaza y Cisjordania, lo que dificultaba este objetivo. “Se respiraba el conflicto en el ambiente, había mal rollo. Hasta llevábamos guardaespaldas con armas. Además, nuestra delegación se quedó en un hotel distinto al del resto. Nunca supe por qué”, cuenta la artista. Terminó 23ª con sólo 1 punto de Croacia.
[–>[–>[–>Le pasó factura
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No quiero escuchar fue su propuesta. Y, aunque en España sonaba en Los 40 Principales, entre otras radiofórmulas, en el Viejo Continente no terminó de calar. “Cuando me comunicaron que habían seleccionado mi tema, estaba en el dentista a punto de quitarme las cuatro muelas del juicio. Me levanté de inmediato y lo paré. No podía estar invalidada un mes. A partir de ahí, todas las gestiones las hice a través de Warner, mi compañía. Viaje a Israel con mi equipo y José Luis Uribarri, el mítico comentarista. Nadie más. No hubo presencia de RTVE. ¿Cómo puede ser? De hecho, no vinieron las cámaras que habitualmente acompañan a los artistas. Ni tampoco hubo rueda de prensa de España”, sostiene.
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Lydia terminó en el puesto 23 con sólo 1 punto de Croacia. / RTVE
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Su vestido de Ágatha Ruiz de la Prada fue lo más comentado aquel año. Hay quien dice que fue el culpable del resultado, pero Lydia lo descarta: “Seguramente, pasaron cosas que desconozco. Recuerdo que, en internet, que ya había entonces, era la tercera favorita. Y, en una fiesta organizada por Eslovenia, mientras versionaban a ABBA y otros grupos famosos, tocaron mi canción. De repente, vi a todo el hotel coreándola. Me quedé muerta. Nunca me planteé quedar última. Fue la peor noche de mi vida. Eurovisión me pasó factura. Al regresar, el sello me metió en un cajón. Y no refloté hasta que un A&R me rescató y publiqué mi tercer disco. ¿Qué pasó? Que la salida coincidió con el boom de Operación Triunfo. Me costó salir adelante, soy una luchadora”.
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[–>La polémica de OT 2018
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Acaba de celebrar el 30 aniversario de su primer elepé y, aunque ya está retirada de los grandes escenarios, Lydia va a revisitar uno de sus cortes como regalo para los fans. Todo lo que hace hoy es por puro placer. “Lo que viví fue un caos, pero la gente me sigue recordando por Eurovisión. Por tanto, no fue tan negativa. Nadie me va a quitar el privilegio de haber ido. Y, oye, la canción era maravillosa. Lo sigue siendo”, concluye Lydia, que lideró Presuntos Implicados tras la salida de Sole Giménez. Hubo que esperar 20 años para que Israel volviera a alojar el certamen. Esta vez, fue Miki Núñez el escogido. Procedía de Operación Triunfo, donde los concursantes se postularon con diversos temas. Ahora bien, no todos vieron con buenos ojos Eurovisión. “Es desafortunada la elección de la sede”, dijo María Escarmiento. A lo que Natalia Lacunza añadió: “La actitud hubiera sido bastante más abierta si el país anfitrión hubiera sido otro”.
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Miki Núñez defendió ‘La vende’ en Eurovisión 2019. / RTVE
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La venda fue la candidatura más votada. Y, otra vez, sufrió la política de Israel: en 2018, arrancó la Gran Marcha del Retorno, en la que sus habitantes pedían que se permitiera a los refugiados regresar a sus pueblos. Una situación que, un año más tarde, con Miki allí, terminó con distintas llamadas al boicot. No fue una edición fácil. El grupo islandés Harati mostró en directo una bandera palestina. Y Madonna, gran invitada, realizó una performance que acabó con una denuncia de su Ejecutivo. A día de hoy, 948 días después de iniciar una masacre en Palestina, Tel Aviv continúa legitimándose en el festival. De nada ha servido el intento de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) por maquillar las pitadas durante su última actuación: mientras Noam Bettan cantaba, su país seguía asesinando personas en Gaza. Y ya van 72.736.
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