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cruzar el desierto en bicicleta para ‘regresar a la vida’

cruzar el desierto en bicicleta para ‘regresar a la vida’
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  • Publishedmayo 14, 2026



La pequeña duna que baña la puesta de sol en Merzouga (Marruecos) no debía tener sobre su fina capa superior más que la limpia brisa del cielo azulado. Cristian no debía estar sobre ella. La medicina, con su casi infalible tozudez milenaria, le auguraba la muerte después de que en agosto de 2018 un coche a toda velocidad lo embistiera de frente cuando montaba en bicicleta por su Girona natal. Si no moría en pocos días -auguraron los médicos-, quedaría en estado vegetativo. Rostros compungidos de médicos bajo una hostil luz blanquecina. Palabras incapaces de mitigar un dolor tan grande como el universo. Incomprensión y rabia en las lágrimas de Sheila, la esposa en shock que sujeta la mano de Tanit, esa hija de siete años incapaz de comprender, pero sí de adivinar…

Han pasado casi ocho años del accidente. La pierna izquierda casi arrancada muestra infinidad de cicatrices pero permanece en su sitio, gracias al empeño por conservarla que pusieron en la Clínica Guttmann, un centro médico de Barcelona especializado en salud cerebral y neurorehabilitación. Que la tibia sea ahora cinco centímetros más corta debido a una infección que obligó a extraer parte del hueso no es lo más importante; al fin y al cabo, sigue formando parte de su cuerpo. La cabeza es otra cosa: cierto es que en la mente de Cristian nacen reflexiones profundas, pausadas y trascendentales como solo pueden serlo aquellas que decimos llegadas del corazón, pero cada idea necesita en su mente unos segundos de cocción y existe el riesgo de que el hilo de la conversación le resulte esquivo.

Cristian asegura ser un hombre muy distinto al de antes del accidente.

Cristian asegura ser un hombre muy distinto al de antes del accidente.KH7.

Con su pierna empequeñecida y la lesión axional difusa en su cerebro, lo sorprendente es que Cristian haya podido terminar su segunda Skoda Titan Desert en Marruecos. Durante seis días ha recorrido sobre su bicicleta 580 km, un periplo que le ha llevado a superar duros ascensos por caminos rotos en el Atlas y a surcar hipnóticos mares de dunas. Un viaje intenso y dispar como su vida, porque de hecho podría entenderse como una alegoría de su propia existencia. Todos los participantes han luchado contra los kilómetros, el agotamiento y el calor. Cristian, sobre todo, contra sí mismo.

Cuando le pido un sonido, una imagen, la sensación que define el momento que le cambió la vida, entrecierra sus ojos de un marrón verdoso como si le costara un esfuerzo agónico entresacar las ideas. «Casi nunca he hablado de ello… Sé que cuando salí del coma no podía casi pensar. En mi cabeza se repetía un sonido y solo con el tiempo he llegado a comprender que era el ruido del coche que venía hacia mí».

-¿Cómo le explicarías a un niño de 10 años lo que le sucede a tu cabeza?

-Difícil… Le diría que tengo la cabeza un poco bloqueada -reconoce tras sopesarlo unos segundos-. Y también que tengo miedo, miedo por varias razones. Primero porque quienes no saben de mi historia me hablan como si yo fuera el de antes, y muchas veces me hablan rápido y no logro entender lo que me dicen. Y después, porque a menudo digo algo y al momento me hacen ver que estoy equivocado. Y eso, cuando te pasa muy a menudo… te va empequeñeciendo, ¿sabes? A menudo me siento como un globo que perdió parte de su aire y ya no es capaz de volar«.

Su participación en la Skoda Titan Desert se debe a una llamada de la Clínica Guttmann.

Su participación en la Skoda Titan Desert se debe a una llamada de la Clínica Guttmann.KH7.

Cristian Casals lideraba un grupo dedicado a la producción cinematográfica. Su función era tomar decisiones con criterio, acertar de forma resuelta y expeditiva. El accidente le llegó cuando en el trabajo le iba como nunca lo hubiera soñado, inmerso como estaba en una vorágine profesional para la que ni encontraba freno ni ganas tenía de buscarlo. «He sentido mucha frustración -afirma sin rencor en su voz. Luego se señala la cabeza y aclara-: Esto es una montaña rusa en la que subes, bajas, subes, bajas… Sobre todo me costó mucho aceptar que no volvería a hacer mi trabajo. Eso me… me mató en vida. Ahora, si quiero organizar algo sencillo necesito estar relajado para no bloquearme. ¿Sabes que para no olvidar que había quedado contigo he tenido que ponerme un recordatorio en el teléfono? Así voy siempre, poniéndome recordatorios para todo».

Por suerte, un día recibió una llamada que de nuevo le cambiaría la vida, esta vez para bien; al otro lado del teléfono, el Dr. Álex Del Arco, especialista en cirugía ortopédica y traumatología del Instituto Guttman, le anunciaba que la clínica cumplía 60 años y querían celebrarlo llevando a la Skoda Titan Desert un equipo con cuatro ex pacientes. El anuncio conllevaba una petición insensata, al menos en apariencia: querían que él fuera uno de ellos.

«Había oído hablar de esa carrera y daba por hecho que me hablaban de hacerla con bicicleta eléctrica. Pero me dijeron que la tenía que hacer con bici ‘muscular’. Yo no tenía bici ‘normal’ y quedaba solo un mes y medio para la carrera… Era una propuesta alocada, tan alocada que te juro que podría haber dicho que ni de broma…

>>Pero no sé por qué, en ese momento dije que sí«.

Cristian, detrás, se ayuda de un compañero para superar andando un puente improvisado que resultaba demasiado peligroso cruzar en bicicleta.

Cristian, detrás, se ayuda de un compañero para superar andando un puente improvisado que resultaba demasiado peligroso cruzar en bicicleta.KH7.

A sus manos llegó una bicicleta cedida, en este caso adaptada a sus necesidades por medio de una biela izquierda más larga que la derecha. A partir de ese momento se volcó a entrenar con una pasión febril que no conocía desde antes del accidente: «Recuerdo que aquellos días llovió mucho, sí, con mucha fuerza, pero yo salía cada día a entrenar -rememora-. Estaba absolutamente volcado en ello. Parecía una locura pero me impliqué con una fuerza desconocida«.

La pasión con la que revive aquellos días de su vida da paso a un silencio que se prolonga un minuto, quizá dos. Lo imagino entrenando bajo un chaparrón, juntando los dientes de una boca salpicada de agua y castigada por el frío un día y otro y otro más… Nada que ver con la serenidad y el calor de la fina arena que ahora acaricia con sus manos, como si en lugar de arena mesara el pelo de Mila, su hija pequeña.

-¿Qué siente tu corazón en este momento?

-Que el desierto me ha curado el alma -pronuncia subrayando cada sílaba con un punto de emoción-. Antes no lo conocía y llegar aquí… me ha hecho sentirme vivo otra vez. ¡Hostia, he vuelto al escenario de la vida! Todo esto me ha dado ilusión, me ha dado fuerza, me ha dado alegríaSufrimiento también, no te creas, porque es muy duro, pero también confianza en seguir… En seguir poniendo el corazón en todo y hasta donde llegue. Porque claro que hay miedos, claro que he tenido dudas… pero mi corazón me dice que ha merecido la pena.

Momento de cruzar la meta tras la última etapa. Cristian aparece detrás, a la derecha de la imagen.

Momento de cruzar la meta tras la última etapa. Cristian aparece detrás, a la derecha de la imagen.KH7.

Lo explica solo unas horas después de cruzar la meta final, tras 580 kilómetros de lucha contra su mente y su cuerpo, contra las dunas y las piedras, contra la fatiga y el calor. Hace poco que las cámaras han inmortalizado los abrazos y las emociones desbordadas compartidas con su equipo. Pero cruzar la meta no ha sido para Cristian la auténtica verdad de esta carrera, no. Ese instante de gloria no representa en su vida ni un asomo de lo que recordará para siempre: «Los paisajes, los valles, sentirte parte de un grupo, útil con una misión, con una obligación, con una meta, con un proyecto, ¿entiendes?… Eso es lo importante. Me ha recordado también que soy prisionero de mi cuerpo y que debo seguir aprendiendo a no frustrarme por ello. Te voy a confesar… una cosa -anuncia con la garganta atenazada-: en las dunas quise ayudar a mis dos compañeros con paraplejia (Pablo Montoia e Iñaki Mujika han realizado la prueba en handbikes, una sillas de tres ruedas con pedaleo manual y asistencia eléctrica) y al ver que no podía… tiré la bici y rompí a llorar«.

La emoción vuelve a anegar sus ojos y a bañar sus mejillas. El suyo es un llanto espasmódico, visceral y rabioso, de desahogo profundo. Surge un abrazo enmudecido. Se toma su tiempo, ese tiempo que desde el accidente le pertenece por completo.

«El conjunto de toda esta experiencia -continúa una vez recobrada la serenidad- ha sido para mí la mejor rehabilitación. Me ha nutrido. Me recuerda que… que en el fondo no tengo ningún derecho a quejarme porque era imposible que un día pudiera llegar hasta aquí, estando como estaba prácticamente muerto«.

A nuestro protagonista le resultó imposible contener la emoción al recordar algunos pasajes vividos durante el recorrido.

A nuestro protagonista le resultó imposible contener la emoción al recordar algunos pasajes vividos durante el recorrido.KH7.

En poco menos de una hora de charla sus palabras han cambiado para siempre mi concepto de ‘ser fuerte’. Lo han redefinido hacia arriba como catapultado por una explosión, aunque Cristian se sacude todo heroísmo porque «en realidad no me considero fuerte. Hay quien me considera así, quien dice que me admira -admite negando con la cabeza-. Yo no creo haber hecho nada grande. Se trataba solo de supervivencia, de seguir viviendo, ¿entiendes? De negarse a ser un cero a la izquierda.

Trabajar, con su 65% de discapacidad, es algo que aún no contempla. Lo confiesa cuando charlamos sobre como la Fundación ONCE podría ayudarle a reinsertarse laboralmente. «Lo que me pide el corazón en este momento es ayudar a los demás -confiesa-. El trabajo, que venga cuando tenga que venir. Ahora mi trabajo es ir a por mi pequeña al colegio, acompañar a mis dos hijas a inglés… Es lo bueno del accidente, que he recuperado el tiempo que antes no les pude dedicar. La vida te quita una cosa y te da otra«.

-Entiendo que también te ha dado una forma distinta de ver la vida.

-Sin duda. Ahora soy muy sensible. Capto la energía de la gente. Desde que empecé a hablar contigo me dije: este es de los míos -asegura mirándome, y en el reflejo de sus ojos se instala el brillo anaranjado del sol que se despide-. Ahora intento seguir siempre lo que me dice este -su mano derecha se posa sobre corazón-. Siento que soy más persona, más humilde, más humano, más sensible… Más real, ¿sabes? El teatro, el postureo… no me interesan en absoluto. Trato de vivir el aquí y el ahora y he aprendido a dar sentido a las pequeñas cosas, a todo lo que no vale dinero.

Cristian ha aprendido a apreciar la sencillez de la vida en cada uno de sus rincones.

Cristian ha aprendido a apreciar la sencillez de la vida en cada uno de sus rincones.KH7.

-Si el otro Cristian te oyera hablar -propongo-…

-Al Cristian anterior al accidente le diría que hay que vivir las cosas con corazón y pasión, que siempre hay que poner amor en todo momento. El accidente fue un drama, algo terrible, pero ha habido magia en el camino y sé… sé que tengo un ángel. Creo que hay algo más allá de esta vida. Lo sé al cien por cien. Llámalo energía, ángeles, universo… Sé que algo está estirando de mi vida, algo o alguien que me ha dicho: tú no te vas. Por eso he perdido el miedo a morir. Sé que la muerte es parte del camino, pero he comprendido que todavía hay algo muy bonito que me queda por hacer y sé que un día u otro lo descubriré.

La megafonía comienza a sonar. Música épica, aplausos, emociones que resuenan. Anochece y una ligera brisa comienza a peinar la arena. Luis Ángel Maté y Tesa Kortekaas van a recibir el homenaje a sus triunfos en el transcurso de una cena que ya está preparada en las instalaciones del hotel Xaluca. No quiero arrebatarle el placer de compartir con su equipo este momento de la ceremonia. Le ofrezco la mano para ayudarle a ponerse en pie, pero antes de tomarla me habla como en un suspiro: «Esto es mucho más bonito. Estoy tan a gusto, que si quieres nos quedamos aquí charlando hasta las once«.



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