Un prólogo y una «Verbena de la Paloma»
«La Verbena de la Paloma»
Festival de Teatro Lírico Español.
Producción del Teatro de la Zarzuela.
Dirección de escena Nuria Castejón.
Dirección Musical: Víctor Pablo Pérez.
Con César San Martín, Carmen Romeu, Amparo Navarro, Antonio Comas María Zapata, Gurutze Beitia.
Oviedo Filarmonía. Coro de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo»
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Si «La verbena de la Paloma», una de las grandes obras maestras de la lírica universal, en lugar de ser de Bretón fuera de Gounod, Bizet o de otros autores extranjeros, se interpretaría entre 500 y 1000 veces al año en todo el mundo y tendríamos cantidad de versiones y grabaciones de una obra que gozó desde su estreno –y sigue gozando– de un éxito inmenso, habiendo pasado algunas frases de su texto –»Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad»; «Un mantón de la Chi-na-na»; «Una morena y una rubia…»; «¿Dónde vas con mantón de Manila?», «¡Que tiés madre!»; «También la gente del pueblo tiene su corazoncito»– al acervo popular.
[–>[–>[–>Un prólogo y un «Festival de la Paloma»
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El XXXIII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo nos ha dado la oportunidad de ver y descubrir, en el caso de las generaciones más jóvenes, una obra emblemática, respetuosamente llevada a escena por Nuria Castejón, coreógrafa y directora de escena, que pertenece a una relevante saga teatral, conoce bien el teatro –lo lleva casi en el ADN–, y se ve que lo ama.
[–> [–>[–>Como todas las obras del «género chico», La verbena está pensada por sus autores, Ricardo de la Vega y Tomás Bretón, para durar una hora, y permitir el cambio de público tras cada espectáculo, dentro del sistema de producción del teatro por horas de finales del siglo XIX y principios del XX.
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La versión que hemos visto presenta un montaje clásico que, en lugar de situar su acción en 1894, año del estreno del sainete lírico, la traslada a junio de 1929, en vísperas del cierre del Teatro Apolo, la «catedral del género chico», que muere víctima de la piqueta para construir en su solar la sede madrileña del Banco de Vizcaya. Precisamente, el 30 de junio, último día de Apolo, se llevó a escena en la función de noche el apropósito La señá Rita y su hombre –basado en el personaje de La verbena–, después La verbena de la Paloma, seguida de unas palabras del cronista de Madrid Pedro de Répide, y como fin de la actividad, La revoltosa.
[–>[–>[–>Aquí, para completar el espectáculo, en lugar de seleccionar otra obra diferente, entre las 15.000 conservadas, y organizar la función en dos partes, como era práctica habitual, se ha optado por añadir un Prólogo, muy bien escrito y perfectamente articulado, sobre la reacción de la compañía al cierre el teatro Apolo, y que muestra la sabiduría teatral del poeta, filólogo, dramaturgo y actor Álvaro Tato. Se han intercalado diversos fragmentos musicales, a modo de pequeña antología de la zarzuela de finales del siglo XIX y principios de XX, en general, conocidos, tanto con acompañamiento orquestal –Chotis de la garsón de El sobre verde de Guerrero; «Llévame al cine, mamá…» de La gente seria de José Serrano; Polka japonesa de El pobre Valbuena, de Torregrosa y Valverde; Polka del Fotógrafo de El bateo de Chueca– como con piano –mezcla de los valses del Caballero de Gracia de La gran vía y de Neptuno de El año pasado por agua, de Chueca–, que en general fueron recibidos de forma favorable –algunos muy favorable– por el público.
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«La verbena de la Paloma», sainete lírico en un acto, es una obra eminentemente «coral», que requiere nada menos que 18 personajes, además de coro y cuerpo de baile. Hemos tenido la suerte de contar en esta versión con actores que cantan y cantantes que actúan, en la mejor tradición de Apolo. Además del Julián de César San Martín, la Susana de Carmen Romeu, la Señá Rita de Amparo Navarro, la Casta de María Zapata –»ingenua» tiple 3ª en el Prólogo–, y tantos otros –Gurutze Beitia, Gerardo López, Sara Salado, Rafa Castejón, Ana Goya, Críspulo Cabezas, Mitxel Santamarina, Ricardo Reguera, Adrián Quiñones, Carlos Mesa, Albert Díaz, y los miembros del coro Eugenia Ugarte y Pelayo Alonso–, en la función del jueves ha destacado la interpretación como Don Hilarión del actor y cantante Antonio Comas, a quien hemos tenido la suerte de disfrutar anteriormente en Amadeu y El pimiento Verdi, entre otras obras. Comas se ha alejado de «clichés» antiguos, y ha cantado, actuado y bailado con gran éxito. El éxito ha sido compartido por todo el reparto, por el cuerpo de baile y por el coro.
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[–>Hemos disfrutado una Verbena sólida, bien planteada y completa. En esta versión de Nuria Castejón –al igual que había sucedido al principio de la temporada en El Barberillo–se han recuperado algunos textos hablados del original que en la práctica reciente se solían omitir. Además, en Oviedo, para favorecer una mutación de escena, hemos tenido casi un minuto y medio más de texto de Don Hilarión que en la versión representada en el teatro de la Zarzuela; y en el cuadro tercero, la parte hablada se ha presentado prácticamente completa.
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La escenografía de Nicolás Boni, con unos «edificios» que respetan las acotaciones dramatúrgicas del libreto –y que evocan las producciones de El manojo… de Sagi–, llena de vida la escena, los balcones, los portales…, y respeta así el protagonismo que tienen en estas obras los barrios del Madrid castizo. La iluminación de Albert Faura y David Hortelano, el vestuario –trasladado a 1929– de Gabriela Salaverri con Sabina Atlanta, y la dirección de escena y coreográfica de Nuria Castejón con Cristina Arias, han favorecido también el éxito de la obra.
[–>[–>[–>En la dirección orquestal, el maestro Víctor Pablo Pérez, buen conocedor del género lírico español y tantos años titular de la antigua Orquesta Sinfónica de Asturias, ha permitido cantar sin prisa a los personajes, sabiendo sacar lo mejor de los intérpretes, de la Orquesta Oviedo Filarmonía, y de la Capilla Polifónica de Oviedo que dirige José Manuel San Emeterio.
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Estoy seguro de que habría público para llenar no una tercera función, sino una cuarta y hasta una quinta. El público de Oviedo, que agota las localidades y llena por completo el Teatro Campoamor en la temporada de zarzuela, así lo demuestra.
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