cómo el bipedismo y un cerebro más grande nos hicieron diestros
Nueve de cada diez personas prefieren la mano derecha para tareas complejas, una abrumadora mayoría sin parangón en el mundo animal. Un nuevo estudio apunta a que esta peculiaridad es el eco evolutivo de dos hitos biológicos de nuestra especie: caminar erguidos y la encefalización.
[–>[–>[–>Durante décadas, el origen de la lateralidad manual ha sido un rompecabezas anatómico poblado de hipótesis que apuntaban al uso de herramientas, la complejidad de la dieta o el tipo de hábitat. Para esclarecer el debate, un equipo de la Universidad de Oxford cruzó los datos de 2.025 individuos de 41 especies de primates, aplicando modelos bayesianos (un enfoque estadístico que actualiza la probabilidad de una hipótesis a medida que se incorporan nuevas evidencias, ideal para calcular cómo cambian los rasgos a través de linajes evolutivos compartidos) sobre su árbol genealógico completo.
[–> [–>[–>El trabajo, publicado en PLOS Biology, constata empíricamente que el Homo sapiens supone un valor atípico entre los primates debido a su extremo sesgo hacia la derecha. Sin embargo, esa condición de excepcionalidad matemática desaparece por completo cuando los investigadores introducen el volumen endocraneal (tamaño cerebral) y el índice intermembral (proporción entre brazos y piernas ligada al bipedismo) en las simulaciones.
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Fuerza frente a dirección
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El estudio desdobla el análisis de la lateralidad en dos componentes biológicos independientes: la fuerza de la preferencia manual y su dirección. En la naturaleza salvaje, especies arborícolas como los monos araña o los langures muestran una fuerza de lateralidad altísima para estabilizarse en el dosel forestal, una presión selectiva de la que carecen los primates terrestres como los babuinos.
[–>[–>[–>Aunque nuestro linaje abandonó las copas de los árboles, la evolución del bipedismo actuó de manera equivalente al «liberar» completamente las extremidades superiores de la locomoción. Esto provocó que homínidos tempranos como Ardipithecus ramidus o Australopithecus afarensis ya presentaran una intensa necesidad biológica de usar una mano dominante para interactuar con su entorno, aunque estadísticamente todavía no se decantaran por la derecha.
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Referencia
Bipedalism and brain expansion explain human handedness. Thomas A. Püsche et al. PLOS Biology, April 27, 2026. DOI:https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3003771
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La cronología del hemisferio diestro
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La consolidación de un sesgo demográfico mayoritario hacia el lado derecho siguió un calendario evolutivo radicalmente distinto, impulsado por la posterior expansión craneal.
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[–>La preferencia diestra comenzó a despuntar con fuerza coincidiendo con la aparición del género Homo y la progresiva especialización funcional de sus hemisferios cerebrales.
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A partir de ese punto, la lateralización se fue afianzando de manera secuencial a lo largo de millones de años a través del Homo ergaster, Homo erectus y Homo neanderthalensis. Para asegurar la solidez comparativa de estos datos, los autores lograron homogenizar el análisis aislando variables culturales en humanos y limitando la primatología estrictamente a pruebas de motricidad estandarizadas.
[–>[–>[–>La excepción morfológica
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Los modelos matemáticos de Oxford resultaron ser lo bastante precisos como para identificar y predecir alteraciones en el linaje, siendo el Homo floresiensis la desviación más notable. Este homínido enano descubierto en Indonesia combinaba un volumen cerebral minúsculo con un aparato locomotor arcaico que alternaba las caminatas erguidas con una fuerte capacidad para escalar ramas.
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Fiel a la hipótesis morfológica central planteada por los investigadores, sus características físicas únicas arrojan una predicción de preferencia diestra sustancialmente más débil que la del resto de sus parientes contemporáneos, lo que lo acerca más al comportamiento de los australopitecos.
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