El PSOE andaluz, una sucursal
Cuesta encontrar un partido político que haya ignorado durante tanto tiempo tantas señales evidentes como el PSOE andaluz. Si María Jesús Montero acaba firmando el peor resultado de la historia del socialismo andaluz, la explicación cabe buscarla más atrás en el tiempo. El PSOE cometió primero un error de percepción. Creyó que Andalucía seguía siendo un territorio propio, una extensión natural de su historia. Confundió memoria con fidelidad. Dio por descontado un vínculo emocional que llevaba tiempo debilitándose, mientras el partido seguía hablándose a sí mismo desde la nostalgia de las mayorías absolutas. Después llegó un problema más profundo, la pérdida de un proyecto reconocible. El socialismo andaluz dejó de sonar específicamente andaluz. Se quedó sin referentes territoriales, sin conversación propia y sin capacidad para interpretar una comunidad que ya no mira la política igual que hace veinte años. Poco a poco, Andalucía empezó a parecer una sucursal de Madrid.
[–>[–>[–>Y ahí apareció María Jesús Montero, una dirigente con experiencia, peso institucional y visibilidad pública. Sobre el papel, una apuesta razonable. El problema es que el PSOE confundió notoriedad con arraigo y presencia mediática con conexión política. Se puede ser muy conocida y no representar una ilusión reconocible para el electorado al que se pretende recuperar.
[–> [–>[–>La campaña tampoco ayudó. Hubo demasiado ruido nacional, demasiada sombra de Pedro Sánchez y demasiado poco relato propio. Mientras el PP de Juanma Moreno Bonilla ofrecía una idea simple –estabilidad y previsibilidad, que le ha dejado a las puertas de la mayoría absoluta–, el PSOE transmitía una sensación bastante más desordenada, la de un partido todavía buscando exactamente cuál era su argumento para volver a la Junta de Andalucía.
[–>[–>[–>
Antes de medirse de nuevo con Moreno o con la izquierda andalucista, el PSOE habría hecho bien en revisar algo más que el nombre de la candidata. No fue así y ayer las urnas le entregaron la factura.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí