historia de una ciudad dividida
Caminar hoy por el casco antiguo de Pamplona es recorrer, sin saberlo, tres ciudades distintas que durante casi tres siglos se miraron con desconfianza, se separaron con muros y fosos y llegaron incluso a destruirse mutuamente. La Navarrería, el Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás constituían en la Edad Media un caso singular en la historia urbana de la península ibérica.
Tres comunidades con sus propios fueros, sus propios alcaldes, sus propias banderas y sus propios recintos amurallados, compartiendo un mismo promontorio sobre el río Arga pero ajenas entre sí como si fueran reinos independientes. Su historia es la de un conflicto largo y sangriento que terminó, milagrosamente, en una reconciliación fundacional. Y esa reconciliación sigue celebrándose cada septiembre con una fiesta que convierte las calles de piedra del centro histórico en un escenario vivo de memoria colectiva.
El primero de todos: la Navarrería, herencia de Roma

Los tres burgos de Pamplona fueron básicamente tres núcleos de población diferenciados que conformaban durante la Edad Media el antiguo municipio romano de Pompelo. La Ciudad de la Navarrería era la heredera directa de esa antigua civitas romana y estaba poblada por habitantes autóctonos. El Burgo de San Cernin lo estaba por francos y la Población de San Nicolás contaba con residentes tanto autóctonos como foráneos.
La Navarrería ocupaba el punto más alto y estratégico del promontorio, donde ya en época romana se había asentado el poder político y religioso, y donde el obispo seguiría mandando durante siglos. Era el núcleo primitivo, el de mayor antigüedad, pero también el que vería cómo a sus pies nacían dos comunidades rivales que terminarían superándolo en dinamismo económico y en influencia política.
Pamplona quedó así configurada por tres centros de poder diferenciados y hostiles. Por un lado, la Navarrería, el núcleo primitivo poblado por clérigos y militares dependientes del obispo y el rey. Por otro, el próspero Burgo de San Cernin de los francos, y, finalmente, la Población de San Nicolás, de mayoría navarra. Cada uno de estos nuevos burgos tenía su propia organización, su fuero y su gobierno municipal, con alcalde, almirante y jurados, sus rentas, su trama urbana diferenciada y su recinto defensivo a base de muros, torres y fosos.
Los francos llegan al otro lado de la vaguada

Para el año 1129 se reconoce legalmente la existencia del Burgo de San Cernin, cuando Alfonso el Batallador le da el mismo fuero que ya disfrutaba otra ciudad, Jaca, con una fuerte presencia franca, y, a diferencia de la Navarrería, de dominio netamente episcopal, quedaba bajo jurisdicción real. Era propiamente un burgo poblado por francos, situado en una llanura elevada al otro lado de la vaguada ubicada en la parte trasera del actual edificio del ayuntamiento.
Su emplazamiento no era casual. Su esquema urbano, en formato hexagonal y simétrico, cruzado por dos calles perpendiculares, hace pensar en un planteamiento urbanístico global. Los comerciantes y artesanos francos que llegaron a través del Camino de Santiago encontraron aquí el lugar idóneo para establecerse, protegidos por el rey y ajenos a la autoridad episcopal que gobernaba la Navarrería.
Este burgo, habitado por comerciantes y artesanos, pronto adquirió un gran poder económico, muy superior al de la Navarrería. Ante ese auge, el obispado reaccionó. Antes de 1177, el obispo de Pamplona impulsó la creación de un nuevo núcleo, la Población de San Nicolás. La intención era dar cabida a los habitantes navarros del entorno que también querían establecerse en la ciudad y, a su vez, competir con San Cernin. Geométricamente, la nueva población cumplió un papel estratégico fundamental, ya que lo que hacía era taponar la posible expansión de San Cernin hacia el sur.
La Navarrería, la pequeña ciudad episcopal heredera del antiguo municipio romano, vio, no sin cierto recelo, cómo enfrente de sus murallas, hacia el llano de la Taconera, nacían dos nuevos núcleos urbanos, primero el burgo de San Cernin y poco después la población de San Nicolás, a la que al principio se le llamó por algún tiempo el Burgo Nuevo.
Muros, fosos y sangre entre vecinos

Aunque el obispo conservaba una enorme influencia sobre la ciudad, los distintos burgos respondían a jurisdicciones diferentes, lo que ocasionó múltiples conflictos. Las causas fundamentales de estos conflictos fueron dos. De una parte, la tierra de nadie entre la Navarrería y San Cernin, que fue otorgada a los primeros por el rey Sancho. Por otra, los privilegios que supuestamente habría otorgado Alfonso el Batallador a San Cernin, que produjeron recelos en las otras dos poblaciones. En 1213 firmaron una tregua por veinte años, de donde se deduce que ya se habían producido enfrentamientos anteriores, pero no se cumplió, pues ya en 1222 los de San Cernin atacaron San Nicolás, quemando su iglesia-fortaleza. Estos choques continuarían durante años.
Las relaciones entre los burgos no fueron siempre amigables y hubo numerosos episodios de violencia, saqueos y muertes, de los cuales el más sangriento fue sin duda la llamada Guerra de la Navarrería, el año 1276. En esa contienda, las comunidades de San Nicolás y San Cernin se unieron contra la Navarrería, que fue completamente arrasada. Fue un episodio de una violencia extrema que dejó el núcleo más antiguo de la ciudad en ruinas y a su población dispersada.
Tras la destrucción de la Navarrería, el burgo de San Cernin y la población de San Nicolás estrecharon alianzas y compartieron estructuras de gobierno durante largos periodos. Pero aun así, la paz plena tardaría casi siglo y medio más en llegar.
El Privilegio de la Unión: una ciudad, al fin

El 8 de septiembre de 1423, Carlos III el Noble, rey de Navarra y duque de Nemours, decretó la unificación de los burgos de Pamplona, conocidos como Ciudad de la Navarrería, Burgo de San Cernin y Población de San Nicolás. Con este Privilegio de la Unión, las tres comunidades se juntaron para formar «una sola universidad, un distrito municipal y una comunidad indivisible».
La Jurería, que pasó a ser el Ayuntamiento, se construyó en lo que había sido tierra de nadie, el espacio donde los tres burgos se encontraban. Con este tratado se derribaron las murallas que los separaban y se mantuvieron tan solo las murallas exteriores que defendían la capital del viejo reyno. Los burgos se unieron para dejar atrás sus desavenencias, y se puso fin a que cada uno poseyera su propio regidor y bandera.
El Privilegio de la Unión es uno de los hitos más relevantes de la historia local, ya que supuso la creación del Ayuntamiento de Pamplona a nivel institucional, así como el fin de los enfrentamientos en pro de la paz y del crecimiento comunes. Aunque a raíz del Privilegio de la Unión los antiguos burgos se fusionaron en una sola ciudad y un solo municipio, hasta 1836 se mantuvo en el Ayuntamiento de Pamplona la memoria de la antigua división, ya que se mantuvo vigente hasta esa fecha la representación establecida por aquel documento fundacional.
Qué ver hoy en la Navarrería
Catedral de Santa María – Fotos: Christian Rojo
El barrio de la Navarrería ocupa la parte más elevada del casco histórico, en torno a la Catedral de Santa María, y es el de mayor carga simbólica e histórica. Aunque de la época medieval queda hoy la estructura del parcelario, la Cámara de Comptos, las iglesias de San Cernin y San Nicolás y parte de la catedral, pero la Navarrería fue sustituida por completo. Su trazado original es la única huella que sobrevivió a la destrucción.
La catedral, de estilo gótico, guarda en su interior el magnífico mausoleo de Carlos III el Noble, el mismo rey que promulgó el Privilegio de la Unión. La Corporación municipal acude cada 8 de septiembre en cuerpo de ciudad hasta la catedral para realizar una ofrenda floral y un responso ante el mausoleo de Carlos III el Noble.
La Cámara de Comptos, el más antiguo organismo fiscal de España aún en funcionamiento, se encuentra también en este barrio y puede visitarse con cita previa. Las calles empedradas de la Navarrería, la Plaza del Consejo y los miradores sobre las murallas completan el recorrido.
Qué ver hoy en el Burgo de San Cernin
Pamplona – Fotos: Christian Rojo
El antiguo barrio franco conserva como gran referente la iglesia de San Saturnino, conocida popularmente como San Cernin, un impresionante templo gótico cuyas torres no son solo campanarios religiosos. Esta función defensiva era compartida por las torres de la iglesia de San Cernin y la de San Lorenzo, que originalmente era potentísima y altísima, antes de ser modificada para convertirla en una torre religiosa.
La iglesia también guarda la leyenda de que fue en este lugar donde san Fermín recibió el bautismo, lo que la convierte en uno de los enclaves más venerados de la ciudad. Su esquema urbano, en formato hexagonal y simétrico, cruzado por dos calles perpendiculares, hace pensar en un planteamiento urbanístico global que todavía hoy se percibe al caminar por sus callejuelas.
La calle Mercaderes y sus alrededores recuerdan el espíritu comercial de los francos que fundaron este barrio. El Portal de Francia o de Zumalacárregui, uno de los accesos históricos a la ciudad amurallada, se integra también en este ámbito y constituye una de las piezas más fotogénicas del conjunto.
Qué ver hoy en la Población de San Nicolás

La Población de San Nicolás es quizás el burgo más animado y cotidiano de los tres, un barrio de vida intensa en el que el comercio y la gastronomía ocupan el protagonismo que antes tenían los artesanos navarros que lo fundaron. Sus calles principales, como San Nicolás y San Gregorio, se extienden hasta el actual Paseo de Sarasate, mientras que las plazas del Consejo y San Francisco actuaban como una «tierra de nadie» que separaba ambos burgos.
En el corazón de este espacio se levanta la iglesia de San Nicolás, cuya historia es tan turbulenta como la del propio barrio. La población de San Nicolás, que tenía prohibido levantar construcciones de piedra hacia la parte del burgo, padeció la quema de su iglesia con muchos de sus vecinos refugiados en su interior, perpetrada por los de San Cernin en 1222.
Hoy, el templo rehabilitado y sus alrededores forman parte de un eje de bares y restaurantes que concentra buena parte del ambiente nocturno de la capital navarra. La Plaza del Castillo, epicentro de la vida social pamplonesa, se sitúa en el límite histórico entre este burgo y el de San Cernin.
La fiesta de la Unión: cada septiembre, la memoria se celebra en las calles
Fiesta del Privilegio de la Unión: – Foto: Christian Rojo
Cada 8 de septiembre, Pamplona conmemora la Fiesta del Privilegio de la Unión de los Tres Burgos, una celebración que recuerda la unificación, en 1423, de los tres antiguos burgos medievales que conformaban la ciudad. Cada septiembre, Pamplona rememora ese momento clave de su historia tras siglos de conflictos entre los tres burgos tradicionales. Los festejos arrancan habitualmente el fin de semana previo al día 8 y se prolongan hasta la jornada central de la conmemoración, convirtiendo el casco antiguo en un escenario.
El elemento más visual y concurrido es la Gran Feria Medieval de los Tres Burgos. Más de un centenar de puestos de productos artesanales se distribuyen por las calles y plazas del casco histórico, en un recorrido que atraviesa los tres burgos originales: la Navarrería, San Cernin y la Población de San Nicolás. La animación se completa con música en directo, recorridos teatralizados, juegos infantiles y demostraciones de oficios de antaño, todo ello en un ambiente que evoca la Pamplona del siglo XV con pendones, banderas, banderolas y reposteros que adornan el centro histórico.
El punto álgido de la celebración llega el propio día 8 con un protocolo que es también, en sí mismo, un espectáculo. La Comparsa de Gigantes y Cabezudos recorre el casco antiguo hasta la Plaza Consistorial, donde aguarda la Corporación municipal vestida con sus trajes de gala. Desde allí, el desfile en Cuerpo de Ciudad, acompañado de los dantzaris de Duguna Iruñeko Dantzariak, recorre las calles del centro histórico camino de la Catedral de Santa María la Real, donde tiene lugar el acto institucional: un responso y una ofrenda floral ante el mausoleo del rey Carlos III el Noble y la reina Leonor de Trastámara.
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