Zapatero y «los de la ceja»
Los socialistas pasearon a Zapatero por los mítines andaluces como quien enseña un frasco de elixir milagroso: agítese antes de votar y olvídese de Juanma Moreno. Nadie advirtió, entre los vendedores de crecepelo electoral de pega, que el bebedizo llevaba fecha de caducidad judicial. Dos días después del escrutinio, nefasto por cierto para el PSOE, un auto largo como un sermón barroco situaba a ZP presuntamente en una lista nada poética de operaciones internacionales y mordidas de elevada cuantía. El marketing socialista volvió a fallar: la sonrisa de «Bambi» no aguantó el sello del papel timbrado.
[–>[–>[–>Zapatero fue siempre un producto bien envuelto, hasta que descubrimos que bajo la cáscara de celofán no había nada. El traje de presidente le venía dos tallas grande; no así la chaqueta de manga ancha, como acaba de describir el magistrado en un prolijo auto judicial. Sorprende la habilidad de Pedro Sánchez para rodearse de hampones y tramposos, de fulleros y ventajistas. Al líder plenipotenciario parecen no incomodarle los colaboradores que se pasean del brazo o se encaman con amistades peligrosas.
[–> [–>[–>Que un juez de la Audiencia Nacional cite a un expresidente de Gobierno no es una anécdota: es un aldabonazo. Tal vez el definitivo. Quizá el verdadero «efecto ZP» de las encuestas no era la sonrisa de Joker sino la corrosión lenta. Vaya ojo que tuvieron “los de la ceja»: habrán quedado ojipláticos. Ahí tiene Almodóvar un buen guion para su próximo vodevil: «Todo sobre mi Pedro».
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