La herencia de Tío Isak
Imaginemos una escena en blanco y negro de una hipotética película de Alfred Hitchcock: dos hombres avanzan por una montaña mientras, de fondo, una música añade tensión ambiental. Son padre e hijo, interpretados por Leo G. Carroll y Cary Grant, respectivamente. El padre es un empresario millonario y el hijo su heredero en los negocios, pero, desde hace tiempo, no tiene buena relación con él, debido a desacuerdos en decisiones que afectan al liderazgo de la empresa. La excursión ha sido una idea del hijo para limar asperezas familiares; ¿qué mejor que el senderismo para que vuelva a aflorar la confianza perdida? El senderismo une más que una visita al museo, desde luego.
[–>[–>[–>Volvamos a la escena. Los dos hombres avanzan en silencio y el terreno es cada vez más escarpado. La tensión se va haciendo más palpable gracias a la banda sonora, en forma de pizzicatos. La cámara se acerca bruscamente al hijo y encuadra un plano detalle de su mirada: inquieta, rígida, como esperando que suceda algo de manera inminente. La música alcanza su clímax… Fundido en negro.
[–> [–>[–>Plano general: una ambulancia al pie de la montaña y un sheriff que interroga al testigo de la tragedia. El personaje del hijo, interpretado por Cary Grant, señala el acantilado y farfulla, con gesto desolado, que todo ocurrió muy deprisa: «Tropezó y no pude ayudarlo». Junto a la ambulancia, una camilla con un cuerpo tapado por una sábana blanca. Se intuye que es el del millonario. El sheriff sonríe a Cary Grant con amabilidad impostada y se vuelve hacia su ayudante: «Charlie, este caso nos va a traer de cabeza». Un paseante curioso se acerca a la escena sin decir nada: es el mismísimo Hitchcock, haciendo uno de sus famosos cameos. Y, tras un nuevo fundido en negro, aparece en primer plano la cabecera de un periódico –¡¡Extra, extra!!–, en la que se anuncia el trágico accidente que ha acabado con la vida del millonario septuagenario que lideraba una famosa empresa de ropa.
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Todo el argumento de la película se centrará en la incógnita acerca de si se trató o no de un asesinato. Como el director es Hitchcock, acabará sorprendiendo a los espectadores: así ocurrió, por ejemplo, en Sospecha (1941), protagonizada también por Cary Grant, que interpretaba a un tipo un poco canallita, pero absolutamente inofensivo, a pesar de que todo apuntaba a que había asesinado a su amigo. Pero, si nos hubieran dicho que era el asesino, también nos habría sorprendido, porque Hitchcock siempre lo consigue.
[–>[–>[–>Ahora olvidemos que las escenas son en blanco y negro y que los protagonistas son Leo G. Carroll y Cary Grant. Volvamos a la realidad, en la que, el 14 de diciembre de 2024, dos hombres de negocios –padre e hijo– hacían senderismo por la montaña de Montserrat (Barcelona) para reconciliarse. El padre, Isak Andic, fundador de la famosa empresa de ropa Mango, se precipitó por un barranco, y su hijo Jonathan, único testigo, afirmó –esta vez, no a un sheriff– que se trató de un accidente. Hace poco más de una semana, el hijo fue detenido como sospechoso de homicidio. Aunque todavía no se ha dictado sentencia, la detención se ha producido tras la constatación de una serie de incongruencias en las declaraciones de Jonathan. Las lesiones del cuerpo no parecían causadas por una caída accidental. Y un dato curioso: el padre manifestó su intención de modificar su testamento para destinar toda la fortuna a una asociación benéfica que pretendía crear. Entonces, el hijo cambió bruscamente de actitud y… propuso la excursión por Montserrat para poder hablar y recuperar la confianza…
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Tras la muerte de Isak Andic, su fortuna –4500 millones de euros– se repartió principalmente entre sus tres hijos; no le había dado tiempo a crear la asociación benéfica a la que pretendía destinarla. Una «pequeña» parte –concretamente, cinco millones– fue a parar a su novia, la golfista Estefanía Knuth, que reclamó a la familia Andic un aumento considerable, pues creía que el reparto era injusto. ¿Alguno recuerda el famoso juego La Herencia de Tía Agatha?
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[–>Respecto a Isak Andic, su vida podría ser la de un Ciudadano Kane cualquiera: nació en Estambul en 1953 y de adolescente emigró con su familia a Cataluña, donde comenzó vendiendo en mercadillos camisetas traídas desde Turquía. Su negocio fue prosperando hasta que en 1984 abrió la primera tienda de Mango en Barcelona. Desde ese momento hasta hoy, Mango llegó a tener presencia internacional y facturaciones multimillonarias. Pero la parte familiar no fue tan bien. El hombre no pudo morir en su lecho murmurando «Rosebud»: su final fue más de Hitchcock que de Orson Welles. Que toda la vida es cine…
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