ELECCIONES COLOMBIA | ¿Por qué ha ganado la derecha las elecciones en Colombia? ¿Por qué la izquierda no reconoce los resultados? 5 claves para entender la sorpresa electoral
Colombia se prepara para el segundo turno electoral del 21 de junio más enfrentada de lo que se encontraba el domingo. Una línea divisoria profunda e infranqueable separa a los dos candidatos que se disputarán la presidencia, y la sociedad, mayoritariamente, ha elegido sus bandos. El ultraderechista Abelardo de la Espriella obtuvo el 43,7% de los votos y quedó más cerca de la victoria. Iván Cepeda, el abanderado de la izquierda, a quien las encuestas le habían asignado su condición de favorito, quedó tres puntos detrás y atragantado con la duda sobre la transparencia de la contienda. La falta de reconocimiento de los resultados provisorios por parte del candidato del Pacto Histórico pronostica tres semanas de crecientes tensiones políticas.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Contra todo pronóstico, De la Espriella le sacó a Cepeda unos 600.000 votos de ventaja, y si suma los casi siete puntos de la derechista Paloma Valencia y otros pequeños grupos conservadores que ya han decidido apoyar al abogado millonario, su camino al Palacio Nariño parece allanado. Sin embargo, una nueva controversia por el momento irremediable se ha instalado en el escenario y puede condicionar el proceso pendiente. Cepeda no aceptó el pre conteo. «Hay un desfase que queremos verificar en torno al censo electoral. Estamos hablando de 885.000 personas o cédulas. Queremos, porque somos gente seria, que eso se aclare», pidió el abanderado del Pacto Histórico. «Solo cuando las comisiones escrutadoras dejen totalmente aclarado, nítidamente y rigurosamente este asunto, nos vamos a pronunciar».
[–> [–>[–>Gustavo Petro repitió la impugnación y responsabilizó a la empresa Thomas Greg & Sons de las supuestas irregularidades. La intervención presidencial provocó la ira de sus tradicionales opositores. «No puede desconocer sin ninguna evidencia los resultados de este domingo», reaccionó Rafaela Cortés, gobernadora del Meta, de centroderecha. «Vamos a defender la democracia por la razón o la fuerza«, arengó De la Espriella a sus seguidores. El problema por estas horas ha dejado de ser técnico, en caso de que lo fuera, para convertirse en político: la izquierda no acepta los números porque cree que forma parte de un historial de malas prácticas institucionales, a pesar de que gobierna, y la ultraderecha se niega a una eventual corrección del escrutinio. No es una buena noticia para un país con un historial y un presente de violencias.
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Más allá de la discusión sobre el recuento detallado de los votos, surge una evidencia: De la Espriella se quedó con buena parte del caudal electoral de la derecha «tradicional» que llevaba como abanderada a Paloma Valencia, en nombre del expresidente Álvaro Uribe. El «antipetrismo» visceral de un sector de la sociedad, quizá mayor que la considerable ponderación que le atribuían las encuestas al mandatario, así como el rechazo a todo tipo de continuidad, hizo que las preferencias repartidas en tres tercios previos a las elecciones se convirtieran en activas mitades. Las redes sociales han contribuido a la generación de ese estado de ánimo.
[–>[–>[–>«Triunfó el voto útil como se veía venir en los últimos días», señaló Fernando Ruiz, columnista de la revista Semana. «Los colombianos no quisieron tomar riesgos y decidieron votar por el candidato más seguro«. Optaron por un trumpista de pura cepa. Las opciones moderadas fueron barridas por los antagonismos. Sergio Fajardo y Claudia López reunieron apenas un poco más que cinco puntos. «Colombia quiere un extremo», tituló el diario bogotano El Espectador. No deja de ser un dato menor de estos comicios el hecho de que el 42% de los ciudadanos en condiciones de sufragar se quedaron en sus casas. La desconfianza en las instituciones democráticas excede a este presente de fricciones crecientes.
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De la Espriella ha dicho cosas terribles a lo largo de la campaña sobre la permisividad en el uso de las armas, el lugar de las mujeres en la sociedad y la pertinencia de nociones de justicia social. No faltan por estas horas los analistas que se preguntan si el hombre a quien le gusta ser apodado «tigre» y llama a sus seguidores “tigres» y «tigresas», con verdadera inspiración en Javier Milei y sus «leones», puede reducir el voltaje de sus declaraciones, mostrarse como estadista y tener mayor apego institucional. La experiencia reciente indicaría que profundizará el estilo que le ha permitido emerger como nueva figura. Otras opiniones estiman lo contrario. Recuerdan que De la Espriella se proclamaba ateo y dio una pirueta para exagerar su religiosidad y así ganarse al electorado evangélico.
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[–>Su capacidad de rectificarse podría deparar novedades si se tiene en cuenta de que el candidato de Defensores de la Patria necesita en este segundo turno del respaldo de estructuras regionales que lo ayudarían a aumentar la participación electoral en zonas como el Caribe y el Pacífico. En tanto, es el propio Álvaro Uribe el que reconoce la emergencia de un nuevo liderazgo. El expresidente tiene una enemistad de larga data con Cepeda y quiere convertir el apoyo al abogado en una venganza personal contra el senador que con su denuncia lo llevó a la cárcel. «Colombia no puede seguir en el camino de convertirse en una sucursal del chavismo. No puede pretender elegir presidentes como Cepeda, apoyado por los grupos terroristas», dijo en una declaración de conformidad con una campaña agresiva de De la Espriella.
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«Más que una elección entre izquierda y derecha, la segunda vuelta queda planteada como una batalla sobre qué miedo pesa más: el miedo al continuismo de Petro o el miedo a un salto autoritario de derecha», se preguntó el portal La Silla vacía. «¿Qué miedo tiene más capacidad de movilizar en segunda vuelta: el miedo a la izquierda en el poder o el miedo a una derecha vengativa?». Ese dilema atraviesa por estas horas a muchos colombianos. Cepeda ha tendido la mano al centro. Intentará incluso persuadir a votantes de Valencia sobre los peligros que se ciernen sobre el país. Buscará incluso presentarse como un garante de las instituciones, de la misma manera que lo hizo Petro en 2022 para derrotar en las urnas a Rodolfo Hernández. Esa línea argumental ya no tiene el mismo impacto que hace cuatro años.
[–>[–>[–>Algunos observadores señalaron Cepeda que podría ofrecer a cambio un acuerdo amplio con la obligatoriedad de su cumplimiento. Pero estas horas no parecen propicias para las exigencias. Afloran otros temores. López, la exalcaldesa de Bogotá, es conocida por sus escasas simpatías por la izquierda. Apenas un 1% de los colombianos votaron por ella este domingo. El avance de la ultraderecha la azoró. «Nos tenemos que preparar para un momento decisivo. Colombia tiene tres semanas para salvar su democracia. Quien ha pasado a la segunda vuelta en primer lugar, Abelardo de la Espriella, el defensor de la mafia, un hombre anti derechos, con una propuesta machista, homofóbica, racista, excluyente, es un peligro para la democracia de Colombia». Es imposible por ahora saber si esa exhortación puede modificar las tendencias del voto.
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«Viva la libertad, carajo». Milei felicitó a De la Espriella. «Este resultado refleja el anhelo de libertad y progreso del pueblo colombiano, y una voluntad expresa de decirle basta al fracasado modelo socialista que tanto daño le ha hecho a nuestra región», dijo el anarcocapitalista argentino. «Éxitos en la segunda vuelta», lo saludo desde Ecuador el presidente Daniel Noboa, quien llevó el enfrentamiento con Petro a niveles inéditos de las relaciones bilaterales durante los últimos meses. Con el millonario De la Espriella en el Palacio Nariño, Colombia podría unirse al «Escudo de las Américas» que promueve Donald Trump y al que Petro, así como la mexicana Claudia Sheinbaum y el brasileño Lui Inacio Lula da Silva le han dado la espalda.
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Trump se ha llamado a silencio a lo largo de toda la campaña electoral colombiana y evitó la intervención personal, como ocurrió en Honduras y la misma Argentina, meses atrás, a favor de los partidos que simpatizan abiertamente con Washington. Ese silencio fue en parte quebrado en las últimas horas por el senador estadounidense de origen colombiano, Bernie Moreno, quien aterrizó en Bogotá en calidad de «observador internacional» del proceso electoral. Al conocer el escrutinio provisorio se olvidó de la pretendida imparcialidad. «¡Qué día en Colombia! Felicitaciones a Abelardo De la Espriella por obtener la mayor votación. La belleza de la democracia estuvo en plena exhibición mientras el pueblo colombiano ejerció su poder para trazar su futuro, con sus propias manos y sus propias voces». Las preferencias de la Casa Blanca son inocultables y pueden ejercer su peso el 21 de junio.
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