PERROS DEVORAN A UNA MUJER EN ZAMORA
Sentencia exprés en el caso de Arancha Corcero, la joven devorada por los perros del ganadero Pedro Gago Rodríguez en 2023 en un camino entre Roales y La Hiniesta. La jueza encargada del caso en la sección Penal del Tribunal de Instancia de Zamora, que juzgó el asunto el pasado jueves, ha condenado a dos años y medio de cárcel a Pedro Gago Rodríguez «como autor directo criminalmente responsable de un delito de homicidio por imprudencia grave previsto en el artículo 142.1 del Código Penal, concurriendo la circunstancia modificativa de la responsabilidad criminal atenuante de dilaciones indebidas del artículo 21.6 del Código Penal».
[–>[–>[–>A estos dos años y seis meses se le deberá restar el tiempo que el ganadero estuvo en prisión provisional, al inicio del caso, desde el 14 de febrero al 5 de marzo de 2024.
[–> [–>[–>Además, Pedro Gago Rodríguez se considera el «responsable civil directo» de los daños producidos por los perros, por lo que es condenado a indemnizar a María Pilar Girón Lozano y Jacinto Corcero Corcero en la cantidad de 250.000 euros por la muerta de la hija única de éstos, Arancha Corcero Girón.
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Hechos probados
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En los hechos probados, la sentencia judicial relata que Pedro Gago Rodríguez era el propietario de una explotación ovina situada en una finca de La Hiniesta próxima al camino de uso público denominado “La Pollada”, sito entre las localidades de La Hiniesta y Roales del Pan, siendo propietario de siete perros de razas carea y mastín dedicados al cuidado de las ovejas.
[–>[–>[–>«Con total inobservancia de las más elementales normas de cuidado, atención y custodia respecto de los perros establecidas en la legislación vigente existente en la materia, tenía a los animales en un estado de total aislamiento, sin contacto con otros humanos salvo el propio pastor, sueltos, sin la compañía ni vigilancia de persona alguna, con escasa comida y sin estar los mismos asegurados, cuando entre las 18.00 y las 19.00 horas del día 23 de octubre de 2023, al pasear Arancha Corcero Girón (nacida el 11 de mayo de 1996) por el citado camino, fue atacada por algunos de dichos perros, sufriendo a consecuencia gravísimas lesiones que desembocaron en su fallecimiento en el lugar, siendo la causa inmediata de la muerte violenta un shock traumático-hemorrágico, y la causa fundamental de la misma, las múltiples heridas por mordedura de perros.
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Arancha «era hija única de Jacinto Corcero y María Pilar Girón, con quienes convivía en el domicilio sito en Roales del Pan.
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[–>Los hechos declarados probados «son constitutivos de un delito de homicidio por imprudencia grave previsto en el artículo 142.1 del Código Penal, que castiga con la pena de prisión de uno a cuatro años al que causare la muerte de otro por imprudencia grave», señala la juez en su sentencia.
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La juez considera que en la visra oral se practicó prueba de cargo bastante, con los informes y la declaración de testigos, peritos y guardias civiles «para entender concurrentes los elementos típicos propios del delito de homicidio por imprudencia grave por el que se formula acusación».
[–>[–>[–>Destaca las declaraciones de una patrulla de la Guardia Civil que al llegar al lugar de los hechos «observa una caravana en estado de semiabandono con cinco cánidos de pastoreo a su alrededor. Mientras que los agentes se acercaban hasta el lugar donde se encontraban estacionados el resto de los vehículos, se observa que cuatro de los cinco perros se encontraban sueltos y sin la debida custodia de su titular, siendo tres de ellos de la raza mastín (posiblemente cruce con otras razas) y los otros dos de raza careador (pastor leones), abalanzándose sobre el vehículo de los agentes en actitud agresiva y ladrando hasta prácticamente meterse delante del coche sobre el mismo camino de uso público, alejándose los cánidos del vehículo una vez este avanzaba, y regresando los mismos al entorno de la caravana».
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Un testimonio que corrobora la versión de los primeros agentes que llegaron al lugar y se encontraron a los padres de Arancha y los perros en actitud sumamente agresiva, hasta tal punto que no dejaban salir del coche a los guardias, que se vieron obligados a usar sus defensas para conseguirlo.
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Fue el hermano del acusado quien llegó sobre las 19.10 horas a la zona, mientras Pedro Gago Rodríguez no llegó hasta las 19.25 horas. «Tras ser requerido éste para que asegurara a los perros y evitar así agresiones a los allí presentes, el acusado manifestó que no tenía por qué hacerlo ya que los perros estaban en su zona sueltos, por lo que los agentes hubieron de reiterar la petición a Pedro Gago, que ya obedeció las órdenes de los agentes de la autoridad, según expone el testigo “de mala forma”. Los perros más grandes los metió en la caravana y los demás los ató».
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«Resulta llamativa la expresión escuchada por el agente testigo y dicha por el hermano del acusado al llegar al lugar, afirmando que ya le había dicho a su hermano, Pedro Gago que esto podía pasar. Además señala el testigo, que ya había pasado en otras ocasiones por el mismo lugar y tal y como aconteció el día 23 de octubre de 2023, había observado a los perros del acusado sueltos y sin estar presente» el ganadero.
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Llama la atención que en las posteriores investigaciones el Seprona hallara dos cachorros de raza careador de pocos días de vida, de los que el pastor desconocía su existencia. Además de los dos cachorros la jauría estaba compuesta por la madre, Lulú, y una hembra careadora sin chip identificativo, los mastines Tosco y Rubio y la hembra de esta raza Chiqui. Los cuatro últimos tenían restos humanos o de sangre en el morro, lo que los confirma como autores del ataque mortal.
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Todos ellos fueron puestos a buen recaudo, pero a la hora de alimentarlos el pastor tuvo que ir a comprar pienso porque no tenía de lo que se infiere que los animales no andaban bien alimentados. Posteriormente serían sacrificados por orden judicial.
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La matanza ocurre a unos tres kimómetros de distancia de Roales y La Hiniesta, en el camino de las Polleras, donde está una finca sin vallar, con una antigua caravana en cuyo exterior se refugiaban los perros, a 50 metros y el rebaño de 650 ovejas a 70 metros de distancia con pastor eléctrico.
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El contenido de los informes del lugar de los hechos y del forense dan idea el infierno por el que pasó Arancha en sus últimos momentos de vida.
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21,20 metros antes del punto donde se localizó el cadáver, en la cuneta del camino se encontró un trozo de tela roja de la cazadora que vestía la fallecida. A partir de este punto, se observan en el suelo las hierbas aplastadas y vegetación de cardos arrancados, probablemente señales de arrastre. «Recorridos 10,30 metros, son hallados una sudadera, unos pantalones de chándal, dos zapatillas deportivas y dos calcetines», con abundantes manchas de sangre, roturas y rasgaduras en la tela.
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El cadáver de Aracha está tumbado boca abajo en la cuneta, totalmente desnudo de cintura para abajo y apenas sin ropa en el resto del cuerpo, aunque cuando llega la forense alguien le ha colocado una cazadora por encima para que el cuerpo no estuviera la expuesto.
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El informe de la autopsia indica que «se observan numerosas lesiones tanto por la parte delantera como por la parte trasera de ambas piernas, sobre todo en la zona inferior. En ambos brazos se aprecian también numerosas lesiones, siendo las más graves en la parte superior del brazo derecho, tanto por el interior como por el exterior, llegando a faltar parte del tejido y de la carne en la parte superior del brazo, pudiéndose ver el hueso. En la cabeza se observa la falta de casi la totalidad del pelo y del cuero cabelludo. Las lesiones que parecen más graves están en el cuello (…) llegando a faltar bastante tejido y carne, así como la falta de la oreja de este lateral».
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Una vez girado el cuerpo por la forense encuentra también lesiones en la parte delantera, aunque no tan graves.
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