Mis hijos pasarán las vacaciones entre cuatro paredes y pegados a una pantalla para entretenerse
En España viven centenares de miles de niños para quienes los meses de verano no son unas vacaciones de verdad. Son hijos e hijas de familias que no pueden permitirse económicamente una escapada estival familiar, ni contratar un campamento urbano. Según los cálculos de la organización Educo, unos 120.000 menores de entre 6 y 10 años se quedarán solos en casa este verano. Sin la supervisión de un adulto, se enfrentarán a 80 días en los que su única alternativa será estar entre cuatro paredes y frente a una pantalla.
[–>[–>[–>“Me preocupa mucho que mis hijos estén todo el día en casa aburridos. Me provoca estrés e intranquilidad pensar que van a estar metidos en casa y pegados a una pantalla para entretenerse. Mi marido y yo trabajamos, así que no podemos quedarnos con ellos. Mi suegra puede venir un par de veces a la semana, tengo que ver cómo nos vamos a organizar”, asegura Mónica, una de las madres que pone rostro al informe ‘Cuando el verano no sabe a vacaciones’, publicado este miércoles por la organización no gubernamental en defensa de la infancia Educo. El dossier también pone de manifiesto otro problema que azota a la infancia cada verano: la falta de una comida equilibrada, como la que reciben en el colegio gracias a una beca comedor.
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Educo recuerda que, en España, el 34% de los menores de 18 años no pueden irse ni una semana de vacaciones. Existen grandes diferencias según la comunidad autónoma. En Murcia (51%), Andalucía (44%) o Castilla-La Mancha (42%) se supera ampliamente la media estatal. En el otro extremo se encuentran País Vasco (19%), La Rioja (20%) o las Baleares (20%).
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Los ingresos
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Una encuesta realizada por la organización no gubernamental a más de 1.500 familias con niños y niñas de entre 6 y 10 años residentes en España muestra que la posibilidad de irse de vacaciones varía considerablemente en función de los ingresos: solo el 16% de niños y niñas que se van de vacaciones pertenecen a hogares de renta baja.
[–>[–>[–>El informe también revela que solo el 28% de los niños y niñas de esa franja de edad participan en actividades de ocio en verano que incluyen, al menos, una comida al día. Observando solo las familias con menos recursos, el porcentaje baja casi seis puntos, hasta el 22%. Esto significa que ocho de cada diez niños y niñas de familias vulnerables no van a campamentos que les garanticen una comida al día.
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«Si los ingresos no llegan para todo, es fácil que desaparezcan las vacaciones. Hay niños y niñas que no saben lo que es pasar una semana fuera de casa. Se quedan en sus hogares, normalmente mal preparados para soportar el calor»
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“Si los ingresos no llegan para todo, es fácil que desaparezcan las vacaciones. Hay niños y niñas que no saben lo que es pasar una semana fuera de casa. A veces, ni siquiera tienen la oportunidad de coger un autobús urbano para ir un día a la playa. Se quedan en sus hogares, normalmente mal preparados para soportar el calor. De hecho, en las zonas turísticas se puede dar la paradoja de que no pueden ni salir a comer en familia porque los precios son prohibitivos”, explica la directora general de Educo, Pilar Orenes.
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[–>Brecha educativa
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“Los niños y niñas vulnerables deben poder participar en campamentos urbanos o colonias porque contribuyen a su desarrollo educativo, social y emocional. Que no exista esta posibilidad amplía aún más la brecha educativa”, añade la máxima responsable de la entidad, que recuerda que, en pleno verano, los campamentos urbanos funcionan también como un refugio climático.
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«Me alivia saber que mis hijos comen pescado en el colegio un par de veces por semana. Es un alimento muy rico en vitaminas, pero caro, así que yo me lo quito de la cesta de la compra y puedo dedicar el dinero a otra cosa»
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Mónica, la madre citada al inicio de este reportaje, no solo está preocupada por la falta de ocio estival para sus hijos, sino también por la alimentación. Mientras duran las clases, alrededor de un millón de alumnos y alumnas -unos 980.000- reciben una beca comedor, que les garantiza, al menos, una comida completa y nutritiva al día. El verano supone decir adiós a esta ayuda durante 80 días. “Me alivia saber que mis hijos comen pescado en el colegio un par de veces por semana. Es un alimento muy rico en vitaminas, pero caro, así que yo me lo quito de la cesta de la compra y puedo dedicar el dinero a otra cosa”, se lamenta Mónica. Un año más, Educo pide extender al verano la beca comedor.
[–>[–>[–>Al igual que Mónica, Leudymar es otra madre preocupada por la alimentación de sus hijos una vez que finalice el curso. “En el colegio comen carbohidratos, proteínas y fruta. Cuando acabe el curso, tendré que comprar más comida. Más fruta y más yogures, porque mis hijos están en casa”, explica.
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Riesgo de pobreza
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Según las estadísticas oficiales, uno de cada tres niños, niñas y adolescentes viven en riesgo de pobreza y exclusión en España, un dato que lleva estancado más de una década y que está directamente relacionado con factores como la precariedad laboral, los bajos salarios, el alto coste de la vivienda o la falta de ayudas sociales. Un indicador clave del riesgo de pobreza y exclusión que recoge la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE) es la posibilidad que tienen los niños y niñas de comer carne, pollo, pescado o proteína vegetal cada dos días. En España, el 5,6% de los menores de 18 años (alrededor de 450.000) no pueden hacerlo.
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“El hecho de vivir en grandes áreas urbanas hace que la vivienda absorba gran parte de los sueldos. Al final, eso significa que en muchos hogares se consume menos carne, pescado o legumbres en favor de alimentos más baratos como los ultraprocesados. Para estas familias, la alimentación de sus hijos e hijas es un reto”, explica la directora general de la organización.
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Un año más, Educo ha lanzado la campaña ‘Pena’ para concienciar y pedir el apoyo de la sociedad. Bajo el lema “no queremos dar pena, queremos darles de comer”, el anuncio está protagonizado por las cocineras de un comedor escolar que entonan a coro la icónica canción ‘Pena, penita, pena’, de Lola Flores, mientras preparan lo que, para algunos niños y niñas, será su única comida del día.
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