Creo en este instituto, en el barrio y en la educación pública, y eso es lo que me anima a seguir trabajando cada día
Lidia Freije (Oviedo, 1988) lleva dos años al frente de la dirección del IES La Corredoria, aunque su trayectoria en el centro viene de atrás. Tras pasar cuatro años trabajando en Madrid, volvió a su Oviedo natal y en el año 2018 entró como docente al instituto del que ahora es directora. Se incorporó al equipo directivo hace ya cuatro años, aunque su vocación sigue siendo estar con los alumnos en el aula. Su modelo de dirección se basa en el trabajo en equipo, la cercanía y la coordinación para que todas las personas que forman parte del centro remen en la misma dirección.
[–>[–>[–>¿Qué le llevo a asumir la dirección del centro?
[–> [–>[–>Llevo en el IES La Corredoria desde 2018 y siempre he tenido un fuerte compromiso con el centro. Hace cuatro años me incorporé al equipo directivo y, hace dos años, asumí la dirección en unas circunstancias que no esperaba. No voy a mentir, al principio me costó asimilarlo porque no era algo que hubiera buscado expresamente ni que estuviera en mis planes. Sin embargo, entendí que era el momento de dar un paso al frente y asumir una responsabilidad importante con un centro en el que creo profundamente. Además, he tenido la suerte de contar desde el principio con un gran equipo, algo fundamental en una tarea como esta. Hoy afronto la dirección con ilusión, pero también con mucho respeto por la responsabilidad que supone. Creo en este instituto, en el barrio y en la educación pública, y eso es lo que me anima a seguir trabajando cada día.
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¿Qué cree que debe aportar un director a un centro educativo?
[–>[–>[–>Creo que un director debe aportar visión y capacidad de coordinación, pero sobre todo debe ser capaz de escuchar y de generar equipo. Un centro educativo es una organización muy compleja en la que conviven alumnado, familias, profesorado, personal no docente y administración, y una parte importante de nuestro trabajo consiste en buscar el equilibrio entre realidades y necesidades muy diferentes. Además, la dirección debe contribuir a crear un clima de confianza y de trabajo compartido. A veces se tiene la imagen de que dirigir consiste únicamente en tomar decisiones, pero para mí también consiste en acompañar, coordinar y ayudar a que muchas personas remen en la misma dirección. Ningún proyecto educativo sale adelante por una sola persona. Los avances se consiguen gracias al compromiso de muchas personas que trabajan juntas con un objetivo común, y yo tengo la suerte de contar con compañeros muy implicados y comprometidos con el centro.
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La Corredoria ha experimentado un gran crecimiento demográfico en los últimos años. ¿Cómo ha afectado eso al instituto?
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[–>La Corredoria ha cambiado muchísimo en los últimos años. Ya no es un barrio periférico en expansión; es uno de los grandes barrios de Oviedo, con una población muy diversa y en continua evolución. Es un barrio joven, dinámico y que sigue creciendo. Esa transformación también se refleja en el instituto. Hoy convivimos con alumnado procedente de realidades familiares, sociales y culturales muy distintas, y eso nos enriquece como comunidad educativa. Además, el desarrollo de nuevas zonas residenciales y la llegada de muchas familias jóvenes ha contribuido a hacer del barrio un entorno cada vez más plural y diverso. En cierto modo, el IES La Corredoria es un reflejo bastante fiel de la realidad actual del barrio.
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¿La apertura del IES Margarita Salas ha solucionado el problema de saturación del instituto?
[–>[–>[–>Seguimos siendo un centro grande. Actualmente, contamos con cerca de 700 alumnos y un claustro de alrededor de 80 docentes. Sin embargo, venimos de unos años especialmente complejos, en los que llegamos a superar los 1.000 alumnos. Tuvimos aulas modulares instaladas en el aparcamiento y trabajamos con dos marcos horarios para poder gestionar una matrícula tan elevada. La apertura del IES Margarita Salas ha supuesto un cambio muy importante. Hemos recuperado espacios, volvemos a funcionar con un horario único y eso se nota en el día a día. Ahora podemos dedicar más esfuerzos a consolidar nuestro proyecto educativo, mejorar la convivencia, reforzar el bienestar de toda la comunidad educativa y seguir avanzando también en el ámbito académico. Estamos en una etapa muy ilusionante para el centro, una etapa que nos permite crecer en calidad más que en tamaño.
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¿Cómo es la relación del instituto con el entorno que le rodea?
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Una de las cosas que intentamos cuidar es la conexión con el barrio. Muchas veces los centros educativos tendemos a mirar hacia dentro, pero nosotros creemos que hay que mirar también hacia fuera. En La Corredoria existen muchas iniciativas, profesionales y entidades que trabajan para mejorar la vida de las personas y creemos que el instituto debe estar presente en esos espacios, escuchando, colaborando y aportando cuando puede. Por eso participamos en proyectos como «Activo mi Salud» o en la Plataforma Comunitaria de La Corredoria. Son ejemplos de una forma de entender el centro que va más allá de la enseñanza de materias y que busca contribuir también a construir comunidad. Al final, no entendemos el instituto como un edificio aislado, sino como una parte activa de la comunidad. Creemos que educar va más allá de las aulas y que, cuando un centro educativo trabaja junto al resto de agentes del barrio, todos salimos ganando.
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¿Qué papel desempeñan las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial en la enseñanza?
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La tecnología forma parte de nuestro día a día y de la vida de nuestros alumnos. Pretender educar de espaldas a esa realidad no tendría sentido. El reto no está en utilizar o no utilizar la tecnología, sino en enseñar a hacerlo de forma responsable, crítica y equilibrada. Las herramientas digitales, incluida la inteligencia artificial, ofrecen oportunidades enormes para aprender, comunicarse y acceder al conocimiento, pero también plantean desafíos relacionados con la atención, el pensamiento crítico o el bienestar emocional. Por eso creo que nuestra responsabilidad como educadores no es demonizar la tecnología, sino ayudar a los jóvenes a comprenderla y utilizarla de forma adecuada. La tecnología es una herramienta extraordinaria, pero ninguna herramienta sustituye la importancia de las relaciones personales, la convivencia o el acompañamiento educativo.
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¿Qué proyectos destacaría del instituto?
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Es difícil destacar un único proyecto porque hay muchos profesionales implicados en iniciativas muy diferentes, pero si tuviera que elegir, hablaría de todo lo que estamos desarrollando en torno al bienestar y la convivencia. Contamos con un programa de recreos dinámicos que ofrece alternativas muy variadas: deporte, ajedrez, actividades científicas, biblioteca o coro. La idea es que cada alumno pueda encontrar su espacio, participar y sentirse parte de la vida del centro. Además, contamos con el Aula de Bienestar, que inauguraremos oficialmente estos días. Este es un espacio muy ligado a nuestro proyecto de convivencia y a nuestro objetivo de seguir mejorando el clima del centro y el bienestar de toda la comunidad educativa. La nueva situación del instituto también nos está permitiendo avanzar en este tipo de iniciativas. Seguimos siendo un centro grande, con cerca de 700 alumnos y alumnas, pero hemos recuperado espacios y unas condiciones de funcionamiento que facilitan poner en marcha proyectos que hace unos años eran más difíciles de desarrollar. Ahora tenemos más oportunidades para centrarnos en las personas, en el acompañamiento y en seguir construyendo un centro donde cada alumno pueda encontrar su lugar. Y todo esto no sería posible sin el trabajo y la implicación de muchas personas. Al final, los centros educativos no los construyen solo los edificios ni los equipos directivos; los construyen las personas que forman parte de ellos.
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¿Qué es lo mejor de ser directora?
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Mi vocación siempre ha estado en el aula y sigue gustándome muchísimo dar clase y estar con los alumnos. Nunca me planteé la dirección como un objetivo personal; asumí esta responsabilidad por compromiso con un centro en el que creo profundamente. Lo mejor es poder contribuir a que las cosas mejoren. Desde la dirección tienes una visión más amplia del centro y la oportunidad de impulsar proyectos que repercuten en el alumnado y en toda la comunidad educativa. Y cuando ves que esas iniciativas salen adelante gracias al trabajo de muchas personas, entiendes que el esfuerzo merece la pena.
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¿Y lo más difícil?
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Sin duda, la responsabilidad. Responsabilidad con mayúsculas. Tienes más de 600 alumnos, decenas de profesionales trabajando en el centro y muchas decisiones que tomar cada día. Además, hay que buscar constantemente el equilibrio entre necesidades e intereses muy diferentes. No siempre es fácil y es un cargo que exige mucho, también a nivel personal. Cuesta desconectar. Por eso valoro tanto el trabajo en equipo. Estoy convencida de que sería imposible afrontar esta tarea sin las personas que me acompañan cada día.
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