Múltiples frentes y contrato social
Entre tanta turbulencia política, dilemas éticos y guerras que generan muerte e inflación existe el temor a que el contrato social pueda llegar a deteriorarse. El contrato social es una teoría de la filosofía política que explica cómo las personas ceden parte de su libertad natural a un Gobierno o autoridad a cambio de orden, seguridad y la protección de sus derechos. Esta teoría sirve como fundamento conceptual de los estados modernos y la democracia, argumentando que el poder político legítimo proviene del consentimiento de los gobernados.
[–>[–>[–>Lo del contrato social es algo a lo que el economista Antón Costas suele referirse mucho en sus clases. Como especialista en el análisis de los procesos de formación de las políticas públicas y las reformas económicas, el asunto es de absoluta centralidad y clave para confiar en futuros halagüeños. Una de las variantes más interesantes de la teoría del contrato social es aquella que la relaciona con la teoría de juegos. La idea es que si cada persona actúa por puro egoísmo, el colectivo termina peor. Por ello, lo más lógico es acordar restricciones mutuas para llegar a una solución en cualquier conflicto. Cualquier negociación implica cesiones. Lo cierto es que ni en las guerras de Ucrania o Irán, ni en las batallas políticas más próximas parece haberse logrado últimamente la estrategia adecuada para finiquitar conflictos.
[–> [–>[–>La IA y el contrato social
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Con el devenir histórico que nos envuelve, el contrato social actual puede llegar a tener que reformularse. La irrupción de la inteligencia artificial puede ser uno de esos acicates para impulsar cambios de relevancia ante el impacto de su aplicación, como en la previsible pérdida de puestos de trabajo. Por ejemplo, durante mayo, las empresas estadounidenses anunciaron 97.006 despidos, el mayor nivel para ese mes desde 2020, de los cuales 38.579 estuvieron vinculados a la adopción de inteligencia artificial por los empleadores.
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Pero el impacto de la IA no ha hecho más que empezar. La firma Anthropic, ya en plena carrera para salir a bolsa, ha reconocido que la inteligencia artificial avanza de manera tan rápida que sería conveniente modificar los marcos legales para establecer límites a su desarrollo. Reconoce Anthropic que la IA puede llegar a diseñar su propia «automejora recursiva», una fase en la que los sistemas serán capaces de crear y entrenar a la próxima generación de IA de forma autónoma. La pérdida de control humano está anunciada. En algunos foros se ha llegado a plantear una pausa tecnológica global hasta valorar las consecuencias de los avances.
[–>[–>[–>El bien general
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El contrato social se adopta o se redefine de manera continua también en ámbitos más cercanos. Se ajusta ese contrato social para evitar conflictos. En la convivencia ciudadana los tira y afloja proliferan. Las protestas en el sector de la educación son un ejemplo. La misma visita del Papa llena de júbilo a muchos y abre molestias para otros. Un sondeo realizado por la asociación comercial Comertia apunta a que los comerciantes barceloneses consideran que la visita papal no supondrá un impacto destacado en su negocio. Solo el 11% prevén que aumentarán sus ingresos. Para los restaurantes de la avenida de Gaudí de Barcelona se les abre un berenjenal de casi un mes de duración al tener que desmantelar las terrazas por la visita del Papa y la celebración del Tour. Las terrazas son fuente básica de la facturación de los restaurantes de esta calle. Pero el contrato social establece los marcos de relación con el poder y la cesión de lo individual en pro del bien general.
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El perfil de los inversores
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El mundo de la inversión se ha asociado más al individuo que a lo colectivo. Efectivamente, el ánimo inversor tiende a estar al margen de lo solidario y a reivindicar el individualismo por encima de cualquier otra connotación ética. Se ha divulgado estos días un informe sobre el inversor en España y se corrobora esta idea. Muchas personas están interesadas en invertir pero menos son los que han entrado en la rueda. Según el ‘Barómetro Mintos 2026: El Mapa de la Inversión en España’, elaborado por la plataforma de inversión Mintos y Sapio Research, el 83% de los españoles se plantea invertir, pero solo cuatro de cada 10 lo hacen realmente. Las principales barreras son la falta de dinero (35%), el miedo a perderlo (28%) y la necesidad de mantener liquidez (27%). Solo el 21% afirma tener conocimientos sólidos sobre inversión. Los jóvenes de 25 a 34 años son el grupo más activo inversor (56%). El miedo a perder dinero pesa más en Catalunya y Andalucía que en Madrid. El estudio no vincula el mapa de los votantes con la presencia de inversores activos. Pero es seguro que para la IA es y será fácil elaborar hipótesis y conclusiones. En todo caso, cualquier inversor debe estar atento al pulso del contrato social y sus aristas. Si las tensiones ganan a las confianzas, los riesgos aumentan y casi nunca lo hacen las ganancias.
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