CONFLICTO GANADERO GUERRA DE PASTOS
La ganadería de Mieres vive una crisis que muchos comparan con la que sufrió el sector en el siglo XIX tras la desintegración del histórico «Conceyón», que supuso la separación administrativa de Mieres y Lena. Aquella decisión dejó a los ganaderos mierenses sin sus tradicionales pastos de montaña, situación que se corrigió hace apenas cien años, en 1926, con la compra en pública subasta de Puerto Pinos, en León.
Hoy, un siglo después, la historia parece repetirse, pero aún peor. El bloqueo administrativo derivado de una resolución judicial sobre el uso de Puerto Pinos ha dejado atrapadas a cerca de 1.500 cabezas de ganado y ha sumido al sector en una incertidumbre sin precedentes. Los profesionales afectados se enfrentan a un doble problema: encontrar pastos alternativos para alimentar al ganado sin sacrificar la producción de pasto para el invierno y afrontar las consecuencias económicas derivadas de la pérdida de las ayudas de la PAC (Política Agrícola Común) vinculadas a estas tierras.
Desde su finca de La Segá (Sobrobio), en el valle de Cuna y Cenera, Lorena del Campo contempla cada día la silueta de Las Ubiñas. Detrás de esa imponente barrera montañosa se encuentra Puerto Pinos, destino habitual del ganado mierense desde hace generaciones. Para ella no es sólo un paisaje. Es una parte esencial de tu proyecto de vida.
«Ya se cumplirán tres años desde que me incorporé como joven ganadero», explica Lorena del Campo. Su explotación forma parte de un programa de incorporación agrícola que exige el cumplimiento de una serie de compromisos a lo largo de cinco años. Estos incluyen un número mínimo de ganado y una determinada superficie de pasto.
“Hice mi plan de negocios contando con las hectáreas de Pinos. He estado viendo las vacas de mi familia subir allí toda mi vida. Mis padres tenían vacas, mis suegros tenían vacas y seguimos con ello. Era algo que se daba por sentado», afirma.
Plan de negocio y ayudas.
Pero este año ya no pudo incluir esas tierras en la solicitud de Política Agrícola Común. El primer golpe vendrá en forma de menos ayuda. Lo segundo puede ser mucho más grave. «Si el año que viene todavía no puedo utilizar Pinos, puedo incumplir el plan de negocio que firmé cuando me incorporé. Y si no lo cumplo no sé qué consecuencias tendré, pero puede haber sanciones muy importantes», explica.
El problema va mucho más allá de una simple reducción de ingresos. Lorena -que actualmente se encuentra de baja médica y no puede trabajar- reconoce que incluso podrían verse obligadas a devolver subsidios ya recibidos. «Ya recaudamos unos 30.000 euros en ayudas a la incorporación. Si no cumplimos con el plan nos podrían exigir ese dinero más intereses. Y aún quedan otros pagos pendientes. «Es una situación muy grave».
La joven ganadera de Mierá mantiene actualmente algo más de veinte vacas, algo por encima del mínimo necesario para cumplir con su compromiso empresarial. «Soy Justina. Siempre tienes una o dos vacas más por si pasa algo, pero no hay margen. Si pierdes las hectáreas de Pinos todo el sistema colapsa».
A esto se suma un problema práctico inmediato. Si el ganado no sube a los puertos de verano, tendrá que permanecer en los terrenos cercanos a las granjas. «Las vacas se van a comer toda la hierba que necesito cortar para el invierno. O sacrifico el verano o sacrifico el invierno. Si comen aquí ahora, en octubre tendré que comprar forraje y pienso», lamenta.
falta de apoyo
Lorena no oculta su frustración. Considera que la situación ha ido demasiado lejos y critica la falta de respuestas en los últimos meses. “En los cursos nos decían que el Ministerio era la mano amiga de los ganaderos. Me pregunto dónde quedó esa mano amiga hasta ahora. Nos dejaron completamente abandonados”.
El sentimiento de incomprensión es generalizado entre los afectados. Muchos recuerdan que durante décadas la convivencia con los ganaderos leoneses fue normal. “Nuestros abuelos ya traían el ganado a Pinos cuando eran niños y nadie entiende lo que está pasando. Nadie. Este fue un proyecto de vida para nosotros. «Si hace tres años me hubieran dicho que no iba a tener Puerto Pinos, probablemente no me habría dedicado a la ganadería».
Sus palabras resumen el sentimiento de buena parte de la cabaña mierense. Más allá del conflicto legal y administrativo, lo que está en juego es la continuidad de las explotaciones familiares que dependen de pastos que se utilizan desde hace un siglo. Para muchos ganaderos, la pérdida de Pinos no es sólo un problema territorial. Es una amenaza directa a su futuro.
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