El San Agustín es un hospital ideal para formarse
En el Hospital Universitario San Agustín, en Avilés, la formación sanitaria especializada se vive a otra escala. Lejos de la masificación de los grandes complejos hospitalarios, cuatro residentes —Pilar Andreu, Lucía Gimeno, Julieta Dix y Carlos Diz— comparten una experiencia marcada por la cercanía, la carga asistencial y un aprendizaje que, según coinciden, va mucho más allá de lo académico.
[–>[–>[–>Sus trayectorias son distintas, pero confluyen en un mismo punto: la elección consciente de un hospital mediano como espacio para crecer profesional y personalmente. Es la misma razón que ha movido este año a Saúl Teijeiro, con el número 37 del MIR, a hacer la especialidad de Medicina Interna en el San Agustín.
[–> [–>[–>Pilar Andreu, residente de Farmacia Hospitalaria, llegó desde Almería tras superar el examen en su tercer intento. A la hora de elegir plaza, el contraste era llamativo: Ibiza o Avilés. Eligió Asturias. «En Ibiza los procedimientos estaban más limitados y aquí hay muy buena calidad de vida así que me vine para acá», explica. La adaptación fue rápida, pese al cambio de clima y entorno. Hoy, en su último año, no duda: le gustaría quedarse. En Avilés entran cada año alrededor de veinte MIR, o al menos son las plazas ofertadas.
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También Carlos Diz, residente de Aparato Digestivo y procedente de Sevilla, buscaba un cambio radical. «Quería norte y quería un hospital mediano», afirma. Su decisión no fue casual: huía de entornos excesivamente jerarquizados y apostaba por un modelo donde la docencia fuera más directa. «Todo lo bueno que me contaron del San Agustín era verdad», asegura. La relación con adjuntos y residentes, dice, es uno de los grandes valores del centro.
[–>[–>[–>En el caso de Julieta Dix, residente de Medicina Interna y natural de Galicia, la elección respondió a una lógica formativa (y a su pasión por la montaña). «Es una especialidad muy generalista, así que necesitas ver de todo», explica. En hospitales grandes, apunta, la atención está más compartimentada; en Avilés, en cambio, la variedad de pacientes es constante. A un año de terminar la residencia, hace balance positivo: «He aprendido muchísimo».
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Lucía Gimeno, residente de Neumología y natural de Gijón, conocía bien el funcionamiento de hospitales grandes tras su paso por Oviedo. Sin embargo, encontró en Avilés un entorno distinto. «Somos pocos residentes, pero eso hace que puedas hacer muchas más cosas», señala. Para ella, el tamaño del hospital no es una limitación, sino una ventaja formativa.
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[–>Una de las ideas que más se repite entre los cuatro residentes es la accesibilidad. En el San Agustín, explican, no es necesario pasar por múltiples intermediarios para resolver dudas o tomar decisiones clínicas. «Si necesitas algo, vas directamente al despacho», resume Pilar Andreu. Esa dinámica, coinciden, agiliza el trabajo diario y favorece una mejor coordinación entre servicios.
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La cercanía no se limita al plano profesional. También se traduce en relaciones personales más estrechas. «Al final acabas teniendo amistad con gente de otros servicios con los que, en teoría, no tendrías tanto contacto», apunta Carlos Diz. Esa red informal de apoyo resulta especialmente importante para quienes llegan de fuera.
[–>[–>[–>«Uno de los miedos cuando vienes es sentirte solo», reconoce. Sin embargo, la experiencia ha sido la contraria: «Aquí siempre tienes a alguien a quien acudir, no solo en lo profesional, también en lo personal».
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Carga asistencial
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El volumen de pacientes y la carga asistencial son otros de los pilares de la formación en el hospital. Aunque el perfil es mayoritariamente envejecido y con alta prevalencia de patologías crónicas, los residentes lo valoran como una oportunidad.»Vemos muchísimos pacientes y muy variados», explica Julieta Dix. Esa exposición constante permite adquirir experiencia clínica de forma rápida, especialmente en especialidades como Medicina Interna. Lucía Gimeno coincide: «Es un sitio ideal para formarte porque haces de todo».
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No todo es positivo. Los residentes reconocen que el hospital presenta limitaciones estructurales. «Se ha quedado pequeño», señalan, en referencia tanto a las instalaciones como a los recursos disponibles. La percepción general es que existe margen de mejora, especialmente en comparación con centros más grandes que han recibido mayores inversiones.
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Vivienda
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A ello se suma una dificultad creciente, en este caso no ligada directamente al Sistema Sanitario: el acceso a la vivienda. «Está terrible», coinciden. La escasez de oferta y el aumento de precios afectan especialmente a quienes llegan nuevos, aunque el contrato de residencia –de varios años– les otorga cierta estabilidad frente a otros perfiles jóvenes.
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Más allá de lo clínico, los cuatro residentes coinciden en que la experiencia tiene un impacto personal profundo. «Entramos siendo muy jóvenes y salimos mucho más maduros», resume Dix. «Pasamos más tiempo aquí que en casa», confiesan. Entre el desgaste y el aprendizaje, se construye una relación ambivalente con el hospital que, sin embargo, acaba inclinándose hacia el arraigo.
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Quizá por eso, cuando se les plantea el futuro, la respuesta es común: si existiera la posibilidad, se quedarían al menos un tiempo en la que ya es su «casa». En Avilés.
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