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las tecnologías asequibles y autónomas que transforman el campo de batalla

las tecnologías asequibles y autónomas que transforman el campo de batalla
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  • Publishedjunio 14, 2026


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Un dron ensaya el vuelo en el centro de entrenamiento militar de Lest (Eslovaquia) en los ejercicios de la OTAN – OTAN

LEST (ESLOVAQUIA), 14 (del enviado especial de EUROPA PRESS, Iván Zambrano)

La guerra de Ucrania ha acelerado un cambio de paradigma en los conflictos armados al demostrar que con drones o vehículos robóticos es posible alterar el equilibrio en el campo de batalla con inversiones mucho menores, una tendencia que responsables de empresas españolas del sector de la defensa han calificado como la «democratización» de la guerra.

En el marco de una iniciativa impulsada por la OTAN para acelerar la incorporación de nuevas capacidades a sus Fuerzas Armadas, la Alianza ha puesto en marcha, en colaboración con España y la industria de defensa nacional, el ejercicio ‘Task Force X Pilot 5’, una prueba destinada a integrar tecnología puntera en los países aliados.

En el centro de entrenamiento militar de Lest, en Eslovaquia, a sólo 300 kilómetros de la frontera con Ucrania, soldados españoles han probado esta semana el uso de drones kamikazes, vehículos no tripulados y sistemas de guerra electrónica con el objetivo de reducir los tiempos de adquisición y desplegar nuevas capacidades operativas en un plazo máximo de 24 meses.

Pero más allá de la sofisticación tecnológica, los responsables de varias de las empresas españolas participantes han coincidido en que el verdadero cambio está en el coste y la accesibilidad de estas herramientas, capaces de ofrecer resultados hasta hace poco reservados a grandes plataformas militares y que han llevado a algunos a hablar de una «democratización» de los conflictos.

«Los drones han cambiado todo lo que tiene que ver con la guerra. Han venido a democratizar la guerra», afirmó Iván Sal, cofundador de Asedios Group, empresa que ha desarrollado ‘Sakul 630’, un dron kamikaze que puede alcanzar hasta 180 kilómetros por hora en otoño y que puede producirse en masa a un coste reducido.

En concreto, su avión -que es el estilo que utiliza Irán en su guerra contra Estados Unidos, explicó Sal- es capaz de destruir vehículos blindados y está a la venta por 50.000 euros. Teniendo en cuenta que una sola unidad de un misil Patriot cuesta al menos cuatro millones de euros, la rebaja de precio es considerable.

En su opinión, esto demuestra que «con menos dinero se pueden tener más recursos y ser más eficiente», ya que para destruir una zona bastaría con lanzar diez de sus drones kamikazes a un precio de medio millón de euros. «La guerra va a cambiar: antes los tanques eran el rey, ahora son los drones en sus diferentes variantes», concluyó.

QUITAR AL SOLDADO DEL CAMPO DE BATALLA

Pero la bajada de capacidades militares no es el único cambio que anticipa la industria, ya que otra de las tendencias que marcarán los conflictos futuros pasa por reducir la exposición directa de los soldados mediante el uso de plataformas autónomas capaces de asumir tareas de alto riesgo.

«El objetivo es sacar al soldado del campo de batalla y que no sean personas las que se enfrenten directamente», afirma Álvaro Carrasco, responsable de soluciones de defensa de Alysis Robotics, que ha diseñado ‘Adriano’, un robot terrestre 4×4 totalmente militarizado capaz de transportar logística táctica, realizar reconocimiento y vigilancia o sacar personas del campo de batalla.

«El robot no duerme, no come, no pasa frío, no se toma vacaciones», prosiguió en su explicación, alertando inmediatamente de que China va por delante en cuanto a tecnologías disruptivas y que en Pekín ya cuentan con robots cuadrúpedos capaces de portar armas y entrar en espacios pensados ​​para humanos como escaleras o edificios.

En este sentido, la guerra de Ucrania está sirviendo como campo de pruebas para adaptar este tipo de tecnologías a las necesidades reales del combate. Así lo afirman responsables de Aunav, la división de sistemas robóticos autónomos del grupo español Escribano, cuyos vehículos terrestres no tripulados pueden utilizarse para desactivar explosivos e incluso proporcionar apoyo en una misión de ataque.

La compañía ha subrayado, sin embargo, que, aunque algunos de estos sistemas son capaces de moverse de forma autónoma y evitar obstáculos en el terreno, las decisiones letales todavía dependen de un operador humano, que puede estar a varios kilómetros del frente. «La metralleta no dispara de forma autónoma», afirmaron.

Fuentes militares han explicado que todos estos sistemas no buscan sustituir completamente a los militares, sino asumir las tareas más peligrosas. «La máquina puede sustituir al humano, pero nunca al cien por cien; siempre tiene que haber alguien que la gestione», han apuntado, al tiempo que consideran que la autonomía total basada en la Inteligencia Artificial está todavía «muy lejos».

EL OTRO LADO: CÓMO DEFENDERTE DE LOS DRONES

El auge de los drones también ha obligado a desarrollar herramientas capaces de detectarlos y neutralizarlos antes de que alcancen sus objetivos. De hecho, en un escenario marcado por la proliferación de amenazas de bajo coste, la capacidad de identificar y compartir información en tiempo real se ha convertido en una prioridad para los ejércitos de la OTAN.

Para detectar drones, la empresa ART ha desarrollado un radar capaz de distinguirlos a una distancia de hasta 90 kilómetros, mientras que la empresa Adrevex cuenta con un sistema ‘C-UAS’ que detecta y neutraliza drones no autorizados.

Sus sistemas pueden detectar drones a decenas de kilómetros de distancia y decidir si representan una amenaza y, en ese caso, interferir en sus comunicaciones, inmovilizarlos o incluso «cegarlos» para impedir que completen su misión.

Para lanzarse al ataque, Indra ha desarrollado un vehículo blindado, el ‘sistema móvil C-UAD ARANCE’ capaz de lanzar ataques hasta 700 metros con su cañón; mientras que Armmo, con sus drones Bandit-X, puede interceptar otros drones alcanzando una velocidad de 350 kilómetros por hora.

En este ámbito también trabaja la empresa española Amper, desarrollando sistemas para integrar la información de diferentes sensores y distribuirla gráficamente entre las unidades del Ejército desplegadas en tierra, facilitando una respuesta coordinada cuando se detectan amenazas aéreas.

Todo ello requiere de un sistema de telecomunicaciones que funcione independientemente de infraestructuras civiles o nubes comerciales, una solución que ofrece Atika Tecnologies con una red táctica portátil, que permite la transmisión de datos con muy baja latencia.



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