Trump ha alineado la política exterior de EEUU con las autocracias del mundo
La historiadora y periodista americana, Anne Applebaum, alertó de la deriva autocrática del gobierno de Donald Trump en EEUU, hoy su ponencia en el III Foro Económico y Social del Mediterráneo, organizado por Prensa Ibérica en Barcelona. El mundo ha entrado en «la hora del depredador», según Applebaum, que definió el momento actual como una ruptura histórica comparable a la caída del Muro de Berlín. Se trata de una nueva etapa en la que varios Estados ya no entienden la política internacional como un espacio de cooperación, sino como una competición de suma cero, con vencedores y derrotados.
[–>[–>[–>Según Applebaum, el sistema que rigió desde 1945 hasta 2025 se basaba en una serie de frenos compartidos. No era solo la ONU, ni el multilateralismo, ni las instituciones internacionales. Era la idea de que los países cooperaban por beneficio mutuo, que las fronteras no se cambiaban por la fuerza, que el comercio internacional era recíproco y que las grandes crisis, desde el clima hasta las enfermedades infecciosas, debían afrontarse mediante alianzas. «Ese sistema ha terminado y no volverá», afirmó.
[–> [–>[–>Autocracias en red
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La autora rechazó la imagen clásica del dictador aislado que gobierna únicamente mediante la policía y el miedo. A su juicio, las autocracias del siglo XXI funcionan como redes sofisticadas, formadas por estructuras financieras cleptocráticas, servicios de seguridad, militares, policías, paramilitares y propagandistas profesionales. Esas redes, añadió, no se limitan a un solo país: conectan empresas estatales corruptas, aparatos represivos y campañas de desinformación en distintos puntos del mundo.
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Applebaum sostuvo que no existe una ideología común entre esos regímenes, pero sí intereses compartidos. Pueden presentarse como comunistas, nacionalistas o teocráticos, pero cooperan porque les conviene. «Sus vínculos no están cementados por ideales, sino por negocios», explicó. El objetivo, según la ponente, es convertir el poder del Estado en riqueza privada para los líderes, sus familias y sus círculos de confianza.
[–>[–>[–>Esa alianza flexible tiene también un enemigo común: la democracia liberal y su lenguaje de derechos, transparencia y rendición de cuentas. Applebaum recordó que movimientos como el de Alexéi Navalni en Rusia, las protestas prodemocráticas de Hong Kong o las movilizaciones en Irán no nacieron porque Occidente los impulsara, sino porque muchos ciudadanos viven en sociedades injustas y reclaman tribunales independientes, prensa libre y debate abierto.
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La historiadora y periodista Anne Applebaum, en el Foro Mediterráneo / Maite Cruz | EPC
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El nuevo relato autoritario
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Para Applebaum, los regímenes autocráticos han aprendido a atacar a las democracias no solo desde fuera, sino también desde dentro. La propaganda rusa, la influencia china y distintos extremismos comparten un mismo mensaje: las dictaduras son estables y las democracias están divididas, son débiles y están destinadas al fracaso. Esa narrativa, alertó, ya circula con fuerza en Europa y en Estados Unidos.
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[–>La escritora insistió en que no se trata de una nueva Guerra Fría. No hay un muro que separe de forma limpia democracia y dictadura. Las divisiones atraviesan los propios países: existen movimientos democráticos en Venezuela o Irán, pero también corrientes iliberales en democracias como Turquía, Israel, India y varios Estados europeos. Por eso, dijo, el conflicto político actual es más confuso y más difícil de ordenar que el del siglo XX.
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El giro de Washington
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El punto más duro de la intervención llegó al hablar de Estados Unidos. Applebaum afirmó que, en otras circunstancias, habría defendido la creación de coaliciones democráticas lideradas por Washington para frenar a las autocracias. Pero ese supuesto, señaló, ya no puede darse por hecho. «Trump ha alineado la política exterior y la política interior de Estados Unidos con los valores y las prácticas del mundo autocrático», sostuvo.
[–>[–>[–>La conclusión deja a Europa ante una responsabilidad mayor. Si el viejo orden ya no volverá y Estados Unidos no garantiza el liderazgo democrático, los países europeos deberán decidir si actúan como bloque o si quedan expuestos a la lógica de los Estados depredadores. Para Applebaum, la cuestión central ya no es cómo restaurar el mundo anterior, sino cómo defender la democracia en uno mucho más hostil.
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