Así convenció Aragón a Amancio Ortega para que Inditex se instalara en Zaragoza y no en Cataluña: el secreto mejor guardado de los últimos 25 años, al detalle
Al repasar la historia de la Plataforma Logística de Zaragoza, Plaza, que este año celebra sus 25 años, hay una conclusión que nadie discute en Aragón: con Inditex empezó todo para un proyecto que hoy se valora como un «éxito», siendo el mayor nodo logístico del sur de Europa, y la llegada de la multinacional de origen gallego no solo condicionó el arranque de su construcción y su finalización en menos de tres años, sino que tuvo una repercusión decisiva tras materializarse una operación de la que nunca se han dado detalles. Hasta hoy.
[–>[–>[–>EL PERIÓDICO DE ARAGÓN ha analizado los pormenores con Javier Velasco, el consejero «ejecutor» de aquel acuerdo histórico del Gobierno de Marcelino Iglesias, solo comparable al aterrizaje de General Motors, hoy Stellantis, a Figueruelas. Un pacto que es la historia de cómo Zaragoza le robó a Figueres, o la DGA a la Generalitat de Catalunya, el macroproyecto de Amancio Ortega cuando este «ya tenía una caseta de obra montada» para iniciar la construcción.
[–> [–>[–>¿Cómo empezó todo? ¿Cuál fue el primer contacto? La primera persona con la que habla el Gobierno de Aragón de la multinacional gallega es José María Castellano, CEO de la firma textil, fallecido el año pasado, cuando esta iba a ejecutar un ambicioso plan de expansión y apertura al exterior para después salir a Bolsa, y buscaba una ubicación estratégica que ya tenía pactada con la Generalitat de Catalunya. Se iba a instalar en Figueres, cerca de la frontera francesa, en un suelo de 35 hectáreas para el que ya tenía un precio cerrado. Castellano se reunió por primera vez en Aragón con el entonces consejero de Economía, Eduardo Bandrés, de un Gobierno presidido por Marcelino Iglesias que acababa de ganar las elecciones de 1999 y que llegó al Pignatelli con la promesa de apostar por la logística y una plataforma como la que luego daría forma a Plaza para tratar de salirse de la enorme dependencia que entonces tenía la comunidad de la actividad de General Motors y la industria del automóvil: «Cada vez que había un cambio de modelo de coche en Figueruelas se generaba una tensión tremenda. Si ese modelo fallaba, Aragón colapsaba», explica Velasco.
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Los suelos sobre los que se construyó el complejo de Inditex. / GOBIERNO DE ARAGÓN
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Castellano, en aquel primer encuentro con Bandrés, que se produjo en Arteixo (lugar de origen de la multinacional), explicó abiertamente que «no pensaban en Zaragoza sino en un punto cercano a la frontera con Francia». Pero el aragonés puso sobre la mesa el proyecto de Plaza, entonces solo una promesa a cumplir sin proyecto redactado ni obras en licitación ni prácticamente nada tangible. Solo una baza, la proximidad del aeropuerto «cuando este no tenía prácticamente actividad comercial (de mercancías) ni de vuelos de pasajeros» y que se acabó desarrollando cuando Inditex ya estaba atada para Plaza.
[–>[–>[–>Se les ofreció primero la localidad de El Burgo
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Tras esa reunión es el director general de Inditex, Juan Carlos Cebrián, el interlocutor para Aragón y quien les traslada que para plantearse la opción de Zaragoza necesitarían que «el inicio de las obras de construcción de su nave debía comenzar en menos de un año». Con el proyecto de Plaza en pañales: sin proyecto constructivo terminado, ni las múltiples autorizaciones que necesitaría solicitadas… una misión aparentemente imposible. «Pasó el verano y en septiembre hicieron su primera visita. Les enseñamos la plataforma que ya teníamos desarrollada en El Burgo, con el suelo comprado y una buena conexión con la A-2 para enlazar con Barcelona. Pero cuando le acompañé a ver dónde queríamos hacer Plaza, en el momento que íbamos por la A-2 vio cómo un avión se dirigía al aeropuerto de Zaragoza para aterrizar, se giró y me dijo: ‘este es mi sitio y si venimos lo haremos en ese punto’». «Ni siquiera teníamos los suelos comprados para hacer Plaza y eran 1.300 hectáreas de terreno a conseguir», destaca Velasco.
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«En el momento que íbamos por la A-2 vio cómo un avión se dirigía al aeropuerto de Zaragoza para aterrizar, se giró y me dijo: ‘este es mi sitio'»
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«Era casi imposible conseguir que sus obras empezaran en un año pero lo analizamos. Fuimos a Arteixo una delegación (el propio Velasco, su viceconsejero Carlos Escó y el entonces gerente de Plaza) y les garantizamos las condiciones que pedían y se cerró un principio de acuerdo». Hubo después una reunión «clave» en Presidencia, con el presidente Iglesias, donde se le trasladaron las necesidades de Inditex y este dijo a los presentes: «Esto tiene que salir». ¿Cuáles eran esas exigencias?
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[–>La primera pregunta siempre es la misma: a qué precio. Nunca ha trascendido el precio de venta de esas 35 hectáreas a Inditex y aún hoy Velasco prefiere no desvelarlo «para que no se enfaden otras empresas por lo que ellas pagaron después». Pero sí da un detalle que fue decisivo: la multinacional había cerrado un acuerdo económico con la Generalitat de Catalunya por los suelos de Figueres y a Aragón le pidió «el mismo» por los de Plaza. Con un matiz importante: el valor real de los terrenos en Zaragoza era aproximadamente del triple que el que tenían los de la ciudad catalana. «Es cierto que hubo un trato favorable, pero lo valoramos en el consejo de administración y decidimos hacerlo porque el rendimiento que perdíamos de la parcela con su venta se cubría sobradamente con la publicidad que nos iba a dar Inditex a Plaza. Nos habríamos tenido que gastar muchos millones para dar a conocer en el mundo el proyecto de Plaza con campañas de publicidad que teniendo a Inditex no íbamos a necesitar», explica Velasco. «Sin duda la condición más dura de cumplir era la de garantizar el inicio de obras en un solo año», remarca.
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«Inditex nos condicionó todo, pero conseguimos reducir la tramitación en seis meses. Conseguimos que el proyecto de Plaza estuviera redactado el 26 de diciembre de ese año, aunque quien lo hizo se tuviera que pasar toda la Nochebuena terminándolo», relata el exconsejero.
[–>[–>[–>«El primer día de las obras de Inditex, el dueño de los terrenos recibió a las máquinas con una escopeta en la mano diciendo que o se iban o disparaba. La venta del suelo estaba apalabrada pero la firmamos al día siguiente»
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Hoy es importante analizar la magnitud de este paso: con Inditex se consiguió ejecutar todo «entre 2002 y 2007», sin ella la tramitación se habría retrasado tres años y la crisis económica mundial que hubo en 2008 les habría cogido con las obras sin acabar. «Plaza habría colapsado». «Para que nos hagamos una idea, en ese mismo momento se estaba desarrollando una plataforma similar en Puerto de Sagunto (donde hoy se está levantando la gigafactoría de baterías) y lo que ellos han tardado en construir 22 años nosotros lo hicimos en tres o cuatro», subraya.
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Doce administraciones dieron luz verde
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Pues bien, con el acuerdo atado, hubo dos momentos importantes después: cómo se ataron los últimos flecos en 2001 y todo el recorrido administrativo que se tuvo que hacer a toda velocidad. Esto último dice mucho del ritmo vertiginoso que se siguió y el enorme riesgo que se asumía: tras cerrarse el acuerdo con Inditex «se enviaron 12 paquetes distintos con proyectos a 12 administraciones para solicitar todos los permisos necesarios».
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Había que pedir autorización a numerosos organismos públicos de los que dependían, como Carreteras del Ministerio de Fomento, que tenía que ceder la que hoy es avenida de la Diagonal pero antes era un tramo de carretera nacional que debía cederse a la DGA; a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), al tener que actuar junto al Canal Imperial; a Medio Ambiente, por el impacto que suponía impulsar 1,3 millones de metros cuadrados para uso industrial; a Aena, por la proximidad del aeropuerto, que como dato curioso, obligó a rebajar un metro más la superficie de Plaza sobre la previsión inicial para que no afectara a los aterrizajes de aviones… «Sabíamos que debían resolver rápido y que cualquier informe desfavorable haría imposible cumplir la palabra dada a Inditex, pero todos lo hicieron a tiempo y dando el visto bueno», recuerda.
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«Amancio Ortega nos contó que tenía mucho afecto por Aragón, que había hecho la mili en Barbastro y guardaba un gran recuerdo»
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Respecto a los flecos con la multinacional gallega, el exconsejero de la DGA explica cómo se resolvió todo «en otra visita a Arteixo», en la que además la compañía, tras atarlo, les ofreció una visita por la planta de la empresa en la localidad gallega y por primera vez tuvieron una reunión con Amancio Ortega: «Fue un encuentro de apenas media hora en su despacho, que lo tenía en la misma planta, y en la que nos explicó que tenía un gran afecto por Aragón porque había hecho la mili en Barbastro y guardaba un buen recuerdo de la comunidad», relata Velasco a este diario. Además nos recalcó que «este era un gran proyecto para ellos, que no sabían si serían capaces de llenarlo», una peculiar reflexión con todo lo que había en juego con la operación.
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También hubo que tramitar y aprobar a velocidad de vértigo el marco legislativo que daba soporte legal a una operación que, con la antigua Ley de Urbanismo de Aragón, estaba en el límite de la legalidad. Se sacó adelante la aprobación de una figura que luego dio paso a los actuales PIGA (planes de interés general autonómico de Aragón), los denominados proyectos supramunicipales, que permitían agilizar los trámites administrativos a la mitad, y posteriormente se aprobó en el parlamento la llamada Ley Plaza, por unanimidad, que fue la que permitió «llevar a cabo a la vez los trabajos de urbanización de Plaza y los de construcción de naves, en este caso la de Inditex». De hecho, puede que nadie recuerde que «cuando Plaza hizo el acto de colocación de la primera piedra –en 2002–, Inditex ya llevaba construido el 50% de su proyecto«, recalca Velasco.
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Cada 100 pesetas, 1.300 millones
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Otro de los escollos importantes tras cerrar el acuerdo con la multinacional fue asegurarse la compra de todo el suelo que iba a ocupar Plaza. Porque corría prisa conseguir las 35 hectáreas que pedía la firma de Arteixo y porque no se podía pagar por las 1.300 hectáreas que suponía la plataforma logística por precios muy diferentes. «Para hacerse una idea de la complejidad, entre lo que pedían los propietarios de los suelos y lo que ofrecíamos desde la DGA había unas 1.500 pesetas de diferencia. Y cada cien pesetas que subíamos nuestra oferta por metro cuadrado suponía aceptar un pago de 1.300 millones de pesetas más«. Porque en esos años se negociaba en pesetas la compra del suelo y la fórmula de la expropiación forzosa conducía a veces a litigios judiciales que lo dilataban todo… Al final solo uno de los dueños de esas 1.300 hectáreas, que tenía poco más del 3% del total, acabó en esa vía. El resto firmaron, en pesetas.
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El centro de Inditex en Plaza es un referente en la distribución de ropa femenina de Zara a países de todo el mundo. / Jaime Galindo
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Pero en el caso de los terrenos de Inditex consiguió un hito importante: «Cerramos el acuerdo en 2001 y en 2002 ya estaban construyendo la nave». Aunque Velasco recuerda perfectamente el primer día que Inditex entró en la parcela para comenzar: «Cuando entraron las máquinas les estaba esperando el dueño del suelo con una escopeta, diciendo que o se marchaban o disparaba», relata el exconsejero. Con ese particular tenían un acuerdo verbal, que firmaron por escrito «al día siguiente de este incidente.
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«Les preguntamos qué iba a pasar con la Generalitat, con la que tenían un acuerdo cerrado. La respuesta de Inditex fue contundente, nos dijo ‘vosotros cumplir lo que tenéis que cumplir que de lo que tengo que cumplir yo, ya me ocuparé yo’»
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Otra curiosidad de aquel acuerdo entre el Gobierno de Aragón e Inditex eran las consecuencias de dejar plantados a la Generalitat de Catalunya. De hecho, la decisión de la firma gallega le costó el puesto al que entonces era consejero de Industria del Gobierno catalán, Antoni Subirà i Claus, a finales de 2002, tras perder ese macroproyecto para Figueres. «Les preguntamos qué iba a pasar con la Generalitat, con la que tenían un acuerdo cerrado. Su respuesta fue contundente, nos dijo ‘vosotros cumplir lo que tenéis que cumplir que de lo que tengo que cumplir yo ya me ocuparé yo’. No hubo más preguntas al respecto», asegura el exconsejero aragonés.
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Inditex y su producto «perecedero»
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Confiaron en la palabra dada por la DGA advirtiendo de que con este cambio de rumbo dado, de Figueres a Zaragoza, «solo podían perder una temporada con nosotros» ya que las obras que iban a iniciarse en Catalunya se abortaban para empezar en Plaza al año siguiente. Lo curioso es cómo lo explicaban: «Ellos decían que trabajaban con un producto perecedero, algo que no entendíamos porque estábamos hablando de textil, no de alimentos, pero argumentaban que la ropa que no llega a la tienda no la pueden vender y su plan pretendía que pudieran llevar una prenda a cualquier tienda del mundo en solo 24 horas. Su línea logística ha sido referente en el mundo y ahora consiguen llevar cualquier prenda a cualquier tienda del mundo en solo un día».
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Con Inditex empezó todo, en un frenético recorrido de un año en el que se consiguió «lo que parecía imposible» y aunque Velasco admite que era «un traje a la medida» de la multinacional, el tiempo ha demostrado que el «arrastre que tenía su instalación ha dado más rendimiento que el precio que podíamos sacar por vender esa parcela y que entonces preveíamos. Fue un éxito que ha transformado Aragón que parte de una apuesta política de altísimo nivel, liderada por un presidente como Marcelino Iglesias y ejecutada por políticos, técnicos y funcionarios que lo dimos todo para que se consiguiera». Uno de esos sueños que a veces se cumplen.
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