La derecha blinda su victoria en las elecciones de Colombia y Perú frente a las denuncias de la izquierda
Gustavo Petro terminó por reconocer, al igual que Iván Cepeda, el candidato de izquierdas que aspiraba a sucederlo, la victoria electoral del ultraderechista Abelardo de la Espriella por unos 250.000 votos de diferencia. El primer presidente de la izquierda en la historia colombiana dejó no obstante al pasar en sus intervenciones en X una frase llamativa: los comicios en su país se habían «peruanizado». Petro no solo hacía referencia a la corta distancia entre los competidores sino a las supuestas anomalías que en el fondo le explicaban la derrota. Al mismo tiempo, Roberto Sánchez, el abanderado de la centroizquierda peruana, amenazó con no reconocer la legitimidad de Keiko Fujimori como nueva presidenta por presuntas irregularidades en las votaciones de los migrantes en diez ciudades de Europa, América Latina y Estados Unidos, que fueron decisivas. Fujimori debería asumir el 28 de julio, mientras que De la Espriella lo hará el 7 de agosto. Los recambios no parecen poner fin a las tensiones de ambos países.
[–>[–>[–>Cepeda aceptó el escrutinio definitivo y anunció que ejercerá en calidad de senador una oposición «democrática, vigilante y constructiva». De ser necesario, convocará a «la resistencia y la desobediencia civil pacífica«. Para el candidato del Pacto Histórico los resultados se explican en parte en el papel desempeñado por Estados Unidos. «Denunciamos la abierta e indebida injerencia extranjera en los asuntos internos de Colombia, particularmente las intervenciones del presidente Donald Trump». Petro no solo repitió el mismo señalamiento, sino que involucró a Israel en acciones de manipulación informática que favorecieron a la ultraderecha. «Es el único con capacidad de hacer eso en el mundo», dijo, sin ofrecer pruebas contundentes.
[–> [–>[–>La admisión del triunfo de la actual oposición no ha privado al actual presidente de renunciar a esa misma hipótesis conspirativa. «En Rumania la simple injerencia extranjera facultó a la Corte Europea a anular las elecciones. ¿A quién se le demanda que las elecciones en Colombia que tuvieron una clara y confesa intervención extranjera se anulen? ¿Qué juez aceptará ante la confesión pública del presidente de los EEUU, extranjero en Colombia, y siendo Colombia República soberana con constitución que prohíbe la injerencia extranjera y sus dineros, que se declaren nulas las elecciones en Colombia?». El malestar de Petro no tendrá consecuencias en los tribunales ni, por el momento, en las calles. Lo sabe. Sin embargo, se aferra a esa interpretación de los hechos. «La intervención directa del presidente Donald Trump anula las elecciones en Colombia, si atendemos los tratados internacionales que cobijan las naciones, incluida la ONU y la OEA, y nuestra propia constitución ¿por qué no se pronuncian? ¿Con que derecho Europa occidental anula unas elecciones por intervención extranjera y porque Colombia no, si a diferencia de Rumania el acto de intervención es público y confeso?».
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Los problemas de Colombia, sugirió Petro, no se terminan con la proclamación formal de De la Espriella como vencedor en el segundo turno. «Empezará el empalme (con las nuevas autoridades) y mi retirada, y quizás la resistencia pacífica». El conflicto estará en estado latente si se «derogan las reformas sociales que logramos para el pueblo». El mandatario entrante ha prometido un fuerte ajuste en los gastos del Estado. La derecha, en sus diferentes vertientes, no se ha demorado en fustigar esos comentarios. Petro insistió en presagiar tormentas. Dijo además que el horizonte es inquietante. «Miro al pueblo dividido a punto de matarse como hace dos siglos, estamos partidos por mitad y es hora de reconocernos respetarnos y acordar».
[–>[–>[–>El caso peruano
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La profunda división es también el signo de la escena política peruana. Sánchez, a diferencia de Petro y Cepeda, no ha apuntado contra Washington a la hora de explicar los casi 45.000 votos de diferencia en favor de Fujimori. La manipulación, dijo, ha sino interna, y apuntó especialmente contra el ministerio de Exteriores.
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La Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) dijo este miércoles que el veredicto final del segundo turno del 7 de junio se conocerá en las próximas horas cuando los Jurados Electorales Especiales (JEE) se pronuncien «sobre las actas observadas». Según Sánchez ha tenido lugar una suerte de «fraude» debido a que se redujo «la seguridad jurídica del sistema de votación» en el exterior. Al eliminarse la obligatoriedad de la digitalización y escaneo inmediato de actas al concluir el acto electoral, como ocurrió en el primer turno, ha sucedido algo que favoreció a Fujimori. «Se ha afectado gravemente la transparencia», añadió. Tanto el partido de la hija del ex autócrata, Fuerza Popular, como los medios de comunicación, le reprocharon su cambio de opiniones. El día de la contienda se había manifestado dispuesto a reconocer el resultado, sin atenuantes.
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[–>«La maniobra tiene un guion conocido. Pedro Castillo también invocó la democracia cuando le convenía y terminó dando un golpe de Estado que lo llevó a la cárcel. Sánchez fue su ministro, su candidato, heredó su sombrero y, al parecer, heredó también su manual de crisis: negar la realidad, acusar a las instituciones y trasladar la disputa a las calles. Falso demócrata, igual que su mentor». Señaló el diario El Comercio en su editorial. «Sánchez pide anular los votos de cerca de 300 mil peruanos que sufragaron legalmente desde el exterior, donde Keiko Fujimori ganó con amplitud. No presenta actas adulteradas, no exhibe peritajes, no cita a ningún observador internacional que haya avalado su denuncia».
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Los casos de Colombia y Perú presagian una escena de posibles características similares en Brasil. Las elecciones son en octubre. Luiz Inacio Lula da Silva le saca una leve ventaja en las encuestas a Flávio Bolsonaro. Trump ha dado en las últimas semanas muestras de sus preferencias y no faltan los analistas que advierten sobre la eventual «colombianización» de una contienda que se vislumbra reñida y con una mayor locuacidad del multimillonario republicano a medida que se acerque el momento de la votación. Brasil es por ahora el gran país díscolo en una Sudamérica volcada hacia Washington.
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