la emblemática firma de pastelería prevé cerrar el próximo agosto
Si no hay cambio de planes, Horno La Vallina, una de las más emblemáticas pastelerías de Siero, dirá adiós en agosto a más de cuatro décadas de historia. Sus propietarios se jubilan y los descendientes han llevado sus carreras profesionales por otros caminos, con lo que el famoso obrador y sus deliciosas elaboraciones se despedirán este verano si finalmente no se toma otra decisión. La idea de poner el punto y final a una trayectoria de 45 años la confirma el fundador Esteban Fernández Cimadevilla. Y de ello habla el artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA de Siero por Miguel Ángel Fuente Calleja, cronista oficial de Noreña, pero de una familia natural de la localidad sierense de Hevia, donde nació esta firma pastelera de renombre que muchos van a echar de menos.
[–>[–>[–>La popular pastelería inició su andadura en 1981, con un obrador familiar en Hevia, en el barrio de La Vallina, que da nombre a la iniciativa empresarial que entonces inició Esteban, siempre apoyado por su esposa Basilisa y sus tres hijos Jorge, Aquilino y Marisa. Pasados solo tres años de la fundación de la firma y ante la gran aceptación de sus dulces, en 1984 la familia puso en marcha el primer despacho de pastelería en Siero, localizado en El Berrón, en la Avenida de Oviedo. Después, en 1985 lo acompañaron de cafetería-salón de té «para que nuestros clientes pudieran desayunar o merendar en Horno La Vallina, con los dulces y pastas recién elaboradas».
[–> [–>[–>Esteban Fernández, fundador del Horno La Vallina. / M. Á. F.
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Siguieron creciendo, con elaboraciones de fama que traspasaban fronteras, y así se decidieron a abrir otro local, esta vez en la Pola. Primero estuvo en la calle Casimiro Argüelles y más tarde pasaría a Ildefonso Sánchez del Río. Para entonces ya el primer obrador se había quedado pequeño y habían abierto, en 1994, uno más grande y moderno en el polígono de La Carrera, en El Berrón. Según cuenta Fuente Calleja, Esteban Fernández Cimadevilla nació en el pueblo sierense de Meres, y tuvo desde muy niño distintos trabajos. Hasta que entró de aprendiz en la desaparecida confitería Garal, en la ovetense calle de Cimadevilla.
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«Pero al crearse la que sería afamada confitería Santa Cristina en 1953, sus propietarios de entonces Senén Bobes y Mari Carmen García, contrataron al inquieto y prometedor aprendiz, para ponerse a las órdenes del pastelero catalán Jesús Garriga y dar modernidad al nuevo establecimiento ovetense (…) Total, que terminó sustituyendo como maestro confitero al catalán y allí estuvo 28 años hasta que se independizó, montó su propia empresa en el año 81 (…) creando elaboraciones que dan nombre y renombre a la marca», escribe Fuente Calleja.
[–>[–>[–>Dice de Esteban y su familia que popularizaron «los pasteles miniatura al peso» e hicieron famosos los turrones de la casa y sus conocidísimas minivallinas citadas. También traspasa fronteras la fama de sus tartas, tal y como se recordó en la tradicional subasta de las fiestas de Tiñana, a mediados de junio, donde fueron el producto estrella. «Este año es el último que la gente tendrá oportunidad de pujar por ellas, porque cierra por jubilación el próximo mes de agosto«, explicó Benigno Maújo, presidente de la Sociedad Cultural y de Festejos Nuestra Señora de la Visitación, a los asistentes.
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