No existe una única forma de cuidar
Antonio Capa nunca se consideró un cuidador. De hecho, durante mucho tiempo ni siquiera se tomó el tiempo para pensar en ello. El cuidado era parte de su vida diaria, de sus responsabilidades familiares y una realidad que había llegado a su vida sin pedir permiso. “Ni siquiera sabía que lo que me estaba pasando era algo especial”, admite.
Fue durante la grabación de documental promovido por Cinfa visibilizar la realidad de las personas que cuidan cuando comenzó a reflexionar sobre una experiencia que ocupó gran parte de los últimos años de su vida. Las preguntas sobre los cuidados lo obligaron a detenerse y analizar una situación que había experimentado anteriormente a través de una acción constante.
«Me permitió detenerme y notar mi cansancio, mi lucha interior y darme permiso para reconocer todo lo que estaba pasando en mi interior. (…). Hasta que alguien viene y te pregunta, parece que no te estás dando permiso para hacerlo», explica.
Durante años vivió con un sentimiento constante de conflicto. Por un lado sus proyectos personales, su desarrollo profesional y una vida que iba avanzando. Por otro, las necesidades de sus padres y el tiempo necesario para cuidarlos.
«Cuando me dediqué Me sentí egoísta. Y cuando me preocupaba, sentía que estaba perdiendo oportunidades”, recuerda. Esta tensión lo acompañó durante gran parte del proceso.
El momento en que los niños se convierten en quienes deciden
Los problemas comenzaron cuando la familia empezó a detectar cambios en el comportamiento de su padre. Aunque se sentía bien físicamente, le resultaba cada vez más difícil funcionar de forma independiente. Poco a poco, la familia se dio cuenta de que ya no podían seguir cuidándose por sí mismos. “Es una situación que nos afectó un poco de la noche a la mañana”, explica.
La progresión de la enfermedad estuvo acompañada también de una de las transformaciones más difíciles para cualquier familia: la cambio de roles.
Durante décadas, fue su padre quien tomó las decisiones, estableció los límites y ejerció la autoridad. De repente, la situación exigía exactamente lo contrario.
«Te das cuenta de que Tienes que ser tú quien pone los límites y toma las decisiones«, recuerda, y añade: «La autoridad que le diste antes, ahora debes quitársela de repente y pedirle que confíe en ti».
A medida que avanzaba la demencia, aumentaban las necesidades de atención. Hubo hospitalizaciones, recaídas y momentos en los que la familia llegó a creer que el fin estaba cerca. «La primera vez que nos dijeron que no saldría del hospital pensamos que esa noche podía ser la última», explica. Sin embargo, las semanas fueron pasando y las despedidas siempre parecían postergadas.
Aprende a cuidarte para poder seguir cuidándote
Esta experiencia le enseñó algo que considera fundamental: los cuidados no se pueden mantener indefinidamente si la persona que lo acompaña no encuentra también espacio para recuperarse.
Sobre todo recuerda una etapa marcada por el agotamiento físico y emocional. Las noches en el hospital, la incertidumbre constante y el sufrimiento de toda la familia acabaron pasando factura. “Sin darme cuenta, esperaba que todo esto terminara”, admite.
No fue una falta de amor hacia su padre. Fue la incapacidad de seguir manteniendo una situación que parecía interminable. La situación empezó a cambiar cuando decidió darse algo que antes se había negado: tiempo para sí mismo. «Cuando me permití salir un fin de semana y descansar, me di cuenta de que no quería que mi padre muriera. Lo que quería era dejar de sufrir yo mismo», explica.
Esta reflexión marcó un antes y un después. A partir de entonces empezó a depender de la terapia, de su red de seres queridos y de espacios donde expresar emociones que hasta entonces había mantenido en silencio. «Me ayudó mucho a entender que yo también necesitaba tener mi propia vida.mis intereses y mi mundo”, explica.
Los momentos que quedan
Entre todos los recuerdos que guarda de aquellos años, hay uno que le sigue conmoviendo especialmente. No tiene nada que ver con conversaciones trascendentes o grandes despedidas. Es un gesto cotidiano. “Tuve mucha ternura para darle su baño”, recuerda.
fue un Momento de intimidad, confianza y vulnerabilidad compartida.: «Era su cuerpo y mi cuerpo. Enjabonarlo con cuidado, ayudarlo y sentir que lo volvían a poner en mis manos. Fue algo que me llegó directo al corazón».
En esos momentos encontró una forma diferente de comunicarse. Una conexión que fue más allá de las palabras y que hoy sigue siendo uno de los recuerdos más preciados de todo el proceso.
Cuídate sin olvidarte
La experiencia llevó a Antonio a una conclusión que ahora comparte con otras personas que viven situaciones similares: No existe una única manera correcta de cuidar.
Por eso evita dar consejos cerrados y prefiere hablar de respetar las necesidades de cada cuidador. “No te compares, no te juzgues, ni te exijas serlo de forma concreta”, subraya como lección que pueden aprender quienes se encuentran en situaciones similares a la suya.
En tu opinión, escucha la fatiga, reconocer la ira cuando surge y darse un descanso Estas son tan importantes como cualquier otra tarea de cuidado. “Cuando no estás bien, tampoco estás ayudando bien a la persona que necesita cuidados”, afirma.
Por todo ello, defiende la necesidad de encontrar un equilibrio entre el compromiso con quien necesita apoyo y el cuidado de uno mismo: «Cuando estás ausente, tienes que darte permiso para no castigarte por no estar. Y cuando estás cuidando, también tienes que darte permiso para no pensar constantemente en todo lo que te estás perdiendo».
Una lección que aprendió acompañando a su padre y que hoy sigue aplicando en su vida. Porque Cuidar, asegura, implica también aprender a cuidarse.
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