Boticaria García convierte en una fiesta el drama de la menopausia
«Mujer de hierro serás…no es tan difícil verás…». La primera frase del himno oficial «anti efectos de la menopausia», proclamado ayer en el Club por los doctores Marián (Boticaria) García, y Javier Butragueño, es toda una declaración de intenciones y logró espolear al público que llenó la sala. La farmacéutica más famosa de España lo hizo de nuevo, y convirtió la charla sobre su nuevo libro junto a Javier Butragueño en un auténtico alegato contra esa tentación de «tirar la toalla» cuando los estrógenos dejan de hacer su trabajo.
[–>[–>[–>Para convertirse en una «mujer de hierro» no hacen falta milagros ni dietas imposibles, basta con empezar a mover el cuerpo, alimentar el músculo y reconciliarse con una etapa de la vida que también puede vivirse con fuerza, energía y mucho sentido del humor. Ese fue el mensaje que ambos divulgadores transmitieron, entre canciones, consignas e himnos como el «Sobreviviré» de Mónica Naranjo, que acompañó una tabla de ejercicios motivadores. Y todo ello para plantarle cara a la menopausia, el momento vital que se anuncia alrededor de los 40 y que contrariamente a lo que siempre se ha creído, no tiene porqué significar el inicio del declive físico femenino.
[–> [–>[–>Boticaria García y Javier Butragueño lograron que el auditorio entero hiciese sentadillas y también que todo el mundo escuchase con atención: «el 85 % de las mujeres asturianas que participaron en nuestro estudio afirman sentirse cansadas. Vamos a intentar recuperar esa energía», propuso Boticaria antes de ceder el testigo a Butragueño. «En parte ocurre porque la condición física es muy baja. Hay que entrenar de la forma adecuada», recalcó el especialista, doctor en ciencias de la Educación Física.
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La sesión práctica contó con la ayuda de tres voluntarias del público: María Pérez, Laura Campos y Natalia Cabrera, que subieron al escenario para participar en una sencilla prueba de condición física y de paso, escenificar ese trabajo que hacen los estrógenos en el cuerpo, que se detiene con la menopausia, y que hay que tratar de suplir con movimiento y buena alimentación. «Cuando los estrógenos se jubilan, las mitocondrias también empiezan a despedirse», explicó Boticaria. «Si las mitocondrias son las cocineras que producen energía, cuando disminuyen, también baja nuestra capacidad para utilizar la grasa como combustible», añadió. ¿El resultado? «La grasa cambia de código postal». Ya no se acumula igual que antes y empieza a instalarse en el abdomen, dentro y fuera del músculo, dificultando incluso la entrada de glucosa y aumentando el riesgo de diabetes tipo 2”. La solución tampoco es «la paradoja del plato vacío», indicaron ambos.
[–>[–>[–>«El organismo interpreta esa falta de alimento como una señal de alarma, aumenta el estrés metabólico y faltan proteínas para mantener la masa muscular», señalaron. «Muchas cosas que nos han enseñado hay que desaprenderlas», concluyeron, eso sí, al final volvió a sonar el himno, como preámbulo a una kilométrica firma de libros. n
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