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Empezar de cero hoy en el campo es muy difícil

Empezar de cero hoy en el campo es muy difícil
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  • Publishedjulio 12, 2026


A los 22 años, Abel Sotelo Ya trabaja como agricultor independiente en A Limia, Ourense. Junto a su padre, gestiona una explotación familiar de unas 70 hectáreas donde cultivan patatas y cereales, con una producción de alrededor de un millón de kilos de patatas al año.

Su vida diaria está marcada por el ritmo del campo. En temporada alta, entre marzo y octubre, el Los días se alargan hasta las 12 o 14 horas. Hay siembra, riego, control de cultivos, cosecha y mantenimiento constante de maquinaria. “Hay momentos en los que hay que estar muy arriba”, explica. En invierno el trabajo disminuye en intensidad, pero no desaparece. Es hora de reparar el equipo y prepararse para la próxima campaña.

Abel creció entre granjas. Desde pequeño acompañó a su padre en las labores agrícolas y, con el paso de los años, tuvo claro hacia dónde quería encaminar su vida. Tras finalizar la ESO, empezó a trabajar en la finca familiar como empleado y posteriormente decidió trabajar por cuenta propia. No idealiza la profesión, pero la defiende. “Se puede ganar bien, pero hay que invertir mucho”, resume. Maquinaria, semillas, fertilizantes y terrenos son gastos constantes que condicionan la entrada de nuevos agricultores. En su caso, la estructura familiar fue decisiva para poder empezar sin empezar de cero.

Campo español envejecido

“Empezar de cero es muy difícil”, insiste. No lo dice como una queja, sino como un diagnóstico de un sector donde la inversión inicial puede convertirse en una barrera de entrada casi infranqueable para los jóvenes. Esta realidad individual es parte de una tendencia mucho más amplia. El campo español está cada vez más envejecido. Según los últimos datos oficiales, el 41,3% de las explotaciones agrícolas están propiedad de personas mayores de 65 años, cifra superior a la media europea. En el lado opuesto, sólo el 8,9% de los titulares tienen menos de 41 años.

La integración de los jóvenes en el sector se enfrenta a varios obstáculos: el elevado coste de la tierra, la dificultad de acceder a la propiedad o al arrendamiento y una burocracia que, según muchos agricultores, se ha vuelto más compleja con el tiempo. Todo esto hace que el relevo generacional sea limitado y, en muchos casos, dependiente de explotaciones familiares ya existentes.

En este contexto, el caso de Abel no es común. No porque su trabajo sea excepcional, sino porque su carrera se basa en una continuidad familiar que no siempre existe en las zonas rurales de hoy. Su funcionamiento no parte de cero, sino de una estructura previa que le permitió ingresar al sector sin las trabas iniciales. En En Limia, la patata es el cultivo principal. y uno de los motores económicos de la región. La finca que comparte con su padre es un ejemplo de este modelo familiar que combina tradición y modernización y que, en muchos casos, sustenta la actividad agrícola en el tiempo.

«Si te encanta, no te cansarás de ello».Dijo Abel, hablando de su trabajo. Una frase sencilla que resume una elección, pero también una realidad más compleja: el sector necesita ayuda, pero cada vez es más difícil ponerse en marcha. El reto para el campo español no es sólo mantener la producción, sino conseguir que haya nuevas generaciones capaces de tomar el relevo.

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