Ortega afirma que «no volverá a haber elecciones» en Nicaragua
A los 80 años, Daniel Ortega hizo saber que Nicaragua le pertenece por completo. Es un bien personal que comparte con Rosario Murillo, su esposa y gobernante. A lo sumo legará el país a su familia. Hace tiempo que el diverso arco opositor sabe de sus propósitos de permanencia. Pero el hombre que se mantiene en el poder desde hace 19 años y que ganó las últimas elecciones compitiendo contra sí mismo, nunca había llegado tan lejos como en la última y desgastada efeméride del 19 de julio, cuando advirtió que «no volverá a haber elecciones» en Nicaragua y se propone crear un dispositivo legal para ese impedimento. La Organización de Estados Americanos (OEA), los países vecinos, ahora alineados con Estados Unidos y, en especial, la sociedad civil, repudiaron al unísono esa pretensión del matrimonio Ortega-Murillo. «Tiene un desgaste físico y mental evidente. En cualquier otro país ya debería estar declarado incapacitado para gobernar», aseguró Dora María Trellez, excomandante guerrillera y expresa política del régimen. A su criterio, «la dictadura está en su punto más débil«, y eso parece explicar la amenaza lanzada el domingo.
[–>[–>[–>«Ya quisieron ellos (la oposición) agazapados, ya quisieran ellos ganar elecciones para hacer reales con las escuelas. Que se olviden«, ha espetado en el 47º aniversario del triunfo de la caída del dictador Anastasio Somoza, frente a cuyo espejo se ha reflejado Ortega desde que retornó al poder en 2007 «Y vamos a trabajar con las asambleas nacionales y con las organizaciones correspondientes» para «hacer las leyes que les pongan un muro, un bloque a los golpistas, a los vende patrias».
[–> [–>[–>Lo que se conoce como el «orteguismo», la alianza político-conyugal entre el presidente y su esposa, entro en una crisis sin solución a la vista tras el estallido social de 2018. Desde ese momento, el Gobierno inició una escalada represiva que solo tiene un precedente similar en lo que fue la era Somoza: presos, exilados, censura y violencia policial. Ortega, quien para muchos de sus excompañeros de insurgencia es apenas una caricatura del comandante que entró triunfal en Managua en julio de 1979 y entregó el poder tras perder las elecciones de 1990 ante Violeta Chamorro. Hasta su hermano y exjefe del Ejército, Humberto Ortega, rompió con él antes de su fallecimiento, en 2024. «Viven conspirando, conspirando, organizando, buscando como organizar partidos para que en una elección (…), esos partidos ganen las elecciones», se ha quejado el presidente. «Y aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis».
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Críticas
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«El régimen nicaragüense ha hecho ahora explícito lo que sus acciones venían demostrando desde hace tiempo: ha abandonado la democracia, incluso la apariencia de ella», dijo el secretario general de la OEA, Albert Ramdin. «Nos menciona y, si lo hace, es porque le duele», aseguró el economista y dirigente opositor Juan Sebastián Chamorro. Señaló al respecto que las demandas unificadas de la oposición y el respaldo de entidades como la OEA, la Unión Europea y Estados Unidos, ponen en aprietos al matrimonio presidencial. El festejo oficial, el pasado domingo, fue, a su criterio, una farsa marcada por el desfile de policías y el Ejército con «armatostes viejos regalados por los rusos», así como empleados públicos obligados a hacer acto de presencia como una «demostración del Partido Nazi».
[–>[–>[–>En su editorial de este martes, La Prensa sostuvo que, al decir que en Nicaragua no volverá a haber elecciones, «Ortega no aclaró si se refería a comicios verdaderos, como los del 25 de febrero de 1990 que perdió ante doña Violeta Barrios de Chamorro» o si es que «ha decidido convertir su régimen en una monarquía o sultanato absolutista, de manera que ya no habrá ni siquiera las farsas electorales con el acompañamiento de los pequeños partidos colaboracionistas conocidos popularmente como zancudos». De acuerdo con la publicación, Ortega «se equivoca de plano» porque «en algún momento este régimen tendrá que caer o terminar, como cayó la dictadura somocista en 1979». La transición «es una necesidad histórica que pasa por elecciones auténticas, libres y pluralistas».
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