las olas de calor alteran el turismo en España
Julio de 2022 fue un mes difícil de olvidar para el turismo, como seguramente lo será también julio de 2026. Hace cuatro años, el calor extremo se instaló sobre España con una persistencia que alteró el ritmo de las ciudades, vació las horas centrales de la calle y convirtió cualquier sombra en un lugar disputado. En julio de 2023, el panorama meteorológico fue distinto. Entre ambos veranos surgió una oportunidad poco frecuente para observar algo más que temperaturas: qué hace el turista cuando el destino prometido se vuelve excesivo.
[–>[–>[–>Tres investigadores de la Universidad Rey Juan Carlos (María Dolores Sánchez Sánchez, Carmen de Pablos Heredero y José Luis Montes Botella) han aprovechado esa comparación para estudiar la respuesta de los visitantes internacionales. Su trabajo, publicado en marzo de 2026 en el Journal of Business and Retail Management Research, analiza la relación entre calor extremo y decisiones concretas: de dónde procede el viajero, qué destino español escoge, dónde se aloja y cuántas noches permanece.
[–> [–>[–>Los autores reunieron 6.556 entrevistas de la encuesta FRONTUR (correspondientes a julio de 2022 y julio de 2023) y las cruzaron con los registros de AEMET sobre ambos episodios estivales. Seleccionaron visitantes del Reino Unido, Francia, Alemania y Países Bajos: cuatro mercados que permiten observar si el termómetro pesa igual para quienes vienen de climas y hábitos de viaje diferentes. Y compararon dos julios de la temporada alta: el de 2022, el mes más caluroso registrado hasta entonces por AEMET, con una ola de calor de 18 días que alcanzó a 44 provincias; y el de 2023, un mes estival con actividad de olas de calor mínima.
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Impacto evidente
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El estudio detectó que las olas de calor influyen de forma significativa en la elección del destino y reducen el número de pernoctaciones. Es decir, no se limita a cambiar el programa de una excursión: puede acortar la estancia o apartar a un viajero de un lugar concreto.
[–>[–>[–>El Reino Unido aparece como el caso más expresivo. Durante el episodio de calor extremo, los turistas británicos redujeron sus desplazamientos hacia España. Los autores interpretan esa caída como una señal de que parte de la demanda busca alternativas más frescas cuando la temperatura deja de encajar con la idea de vacaciones cómodas. No significa que el turista británico haya renunciado al Mediterráneo; significa que el clima empieza a entrar en la reserva, junto al precio, el hotel o la cercanía de la playa.
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Baleares concentra otro de los avisos del trabajo. En una isla, el calor no siempre se percibe como en el interior continental. La humedad eleva la sensación térmica y estrecha el margen de alivio, especialmente cuando las noches tampoco refrescan. El análisis sitúa al archipiélago entre los destinos más afectados por esa combinación: los episodios extremos alteran la decisión de viajar y favorecen estancias más breves.
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[–>La ola de calor no modifica significativamente el tipo de alojamiento contratado. / Archivo
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Alojamiento estable
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Hay, sin embargo, un resultado que obliga a matizar el relato. La ola de calor no cambió de forma significativa el tipo de alojamiento contratado. El viajero puede escoger otra isla, reducir noches o modificar la fecha, pero no parece abandonar por ello el hotel, apartamento u otra modalidad que ya había previsto. La adaptación, por ahora, afecta más al calendario y a la duración del viaje que al formato de la estancia.
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Los autores hablan de coolcations, un término que empieza a circular en el sector para describir escapadas estivales en busca de temperaturas más suaves. Resume una mutación del deseo turístico: durante décadas, el calor fue parte de la oferta; ahora, en determinados días, puede convertirse en una razón para mirar hacia otro lugar.
[–>[–>[–>Referencia
Impact of heat waves on Spanish tourism demand. Maria Dolores Sanchez-Sanchez et al. Journal of Business and Retail Management Research, 2026. DOI:https://doi.org/10.24052/JBRMR/V20IS02/ART-01
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El tiempo en la ecuación
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El estudio no certifica un declive del turismo de sol y playa ni permite extender sus resultados al visitante nacional o a todos los mercados internacionales. Sus datos pertenecen a cuatro países y a dos meses de julio muy concretos.
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Pero la comparación deja una señal difícil de ignorar: el clima ya está modificando decisiones reales de viaje. Para los destinos españoles, la cuestión no es si habrá turistas en verano, sino qué condiciones encontrarán cuando lleguen y cuánto tiempo querrán quedarse.
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Fuente: Levante – EMV
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