El CitroMuseum en Provenza reúne 120 Citroën históricos y se convierte en visita obligada en Francia
En la tranquila ciudad de castellanaEn el corazón de la Provenza francesa, un antiguo entusiasta ha transformado su pasión en un destino de peregrinación para los amantes de los coches antiguos. A él Museo Citro alberga una colección de más de 120 Citroën de posguerrapacientemente ensamblado a lo largo de cuatro décadas por Henri Fradety se ha ganado plenamente el apodo de “conservador de etiqueta privada”. En un país donde el culto a doble galón Casi religioso, este museo desafía incluso la colección oficial que Citroën guarda en París.
Una obsesión por los kilómetros originales
Fradet no colecciona coches cualquiera. Sus criterios son tan exigentes como rigurosos: Bajo kilometraje y estado original.sin restauraciones que oculten la historia de cada unidad. Viajó a todos los rincones de Francia para encontrar los ejemplares más inmaculados, muchos de ellos con menos de 40.000 kilómetros desde que salieron de fábrica. El resultado es una instantánea honesta, casi forense, de la ingeniería francesa de la segunda mitad del siglo XX, expuesta en tres salas que funcionan como una máquina del tiempo sobre ruedas.
Los buques insignia: del DS más antiguo al 2CV con 7.300 km
Entre los vehículos mostrados en el Museo Citro destaca una unidad de 1955DS con número de chasis 32. Este es el Se vende el 14º DS de la historia y la copia en serie más antigua que se conserva, ya que las trece anteriores se perdieron antes de despertar el interés de los coleccionistas. Fabricado íntegramente a mano (la producción en serie no comenzaría hasta febrero de 1956), se utilizó como coche de demostración en un concesionario de Valence y pasó trece años en un museo holandés antes de llegar a Castellane en 2004.
Otra pieza que roza lo increíble es una 2CV con sólo 7.300 kilómetros originales, cifra que en España sólo supondría el rodaje de muchos vehículos comerciales actuales. El museo dedica una sala entera a este modelo y a sus innumerables derivados, un homenaje a la cultura del «todo para hacer» que representa el pequeño Citroën. Completan la constelación a Tracción Avant 15/6 de 1952 con apenas 40.000 kilómetros, un DNI 19 de 1963 en un delicado estuche azul ‘Bleu de Provence’ DS 21 Cabrio de 1966 firmado por el carrocero Henri Chapron, del que sólo se produjeron 1.365 unidades.
Tres salas que recorren la historia de Citroën
La distribución del museo revela la mentalidad meticulosa del coleccionista. Una primera sala reúne los modelos de tracción delantera más emblemáticos y sus variantes tiburón DS; el segundo está dedicado al universo 2CV; El tercero, el más reciente, alberga vehículos producidos entre 1970 y 1990. Pero no todo es automóvil: cada espacio contiene también un tesoro de recuerdos originales —documentos del departamento de investigación y desarrollo de Citroën, modelos, carteles antiguos de concesionarios—que transforman la visita en una experiencia casi arqueológica.
Conservar 120 coches con tan pocos kilómetros equivale a congelar en el tiempo la ingeniería de toda una época, y Castellane se ha convertido en el lugar donde ese reloj aún marca las horas de la Francia de posguerra.
Un destino para viajeros españoles amantes de los vehículos a motor
Para el aficionado español que planea una ruta por la Provenza, el Museo Citro Es una parada conmovedora en un itinerario que normalmente gravita hacia los campos de lavanda y las calas de la Riviera francesa. Llegar a Castellane es sencillo: la ciudad está a una hora en coche desde Aix-en-Provence o el aeropuerto de Niza, por carreteras que ya anticipan los paisajes alpinos del Verdon. No hace falta ninguna etiqueta medioambiental ni viñeta específica, pero conviene tener en cuenta que las distancias en Provenza se miden más en curvas que en kilómetros, y que el placer de visitar el museo se multiplica cuando se aparca junto a él un coche antiguo matriculado en los años 60.
Más allá de su valor expositivo, la colección de Fradet sirve como espejo de la cultura automovilística española. Mientras que en nuestro país el amor por lo clásico tiende a menudo hacia la restauración completa, aquí existe una filosofía de conservación que antepone la pátina y la historia no contaminada. Una lección que deja huella y, de paso, nos recuerda que el sur de Francia es también la casa de los eternos motores.
📌 Datos internacionales clave
- La figura a enmarcar: Más de 120 Citroën de posguerra con muy pocos kilometrajes originales, en un espacio que rivaliza con la colección oficial de la marca en París.
- Consejos prácticos: Si viajas a Provenza, reserva una mañana en Castellane. La entrada es gratuita y la experiencia se combina perfectamente con un paseo por el cañón del Verdon.
- Así es como te afecta: Este tipo de museos privados favorecen la conservación más que la restauración y amplían el circuito cultural del automovilismo clásico europeo, una tendencia que atrae cada vez más a los aficionados españoles que buscan destinos con alma más allá de las ferias tradicionales.
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