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Cumberford desvela que el diseño del Maserati Mistral Spyder de 1966 no es de Frua

Cumberford desvela que el diseño del Maserati Mistral Spyder de 1966 no es de Frua
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  • Publishedjulio 23, 2026



Robert Cumberford –diseñador, crítico y voz autorizada del automóvil desde hace más de medio siglo– ha confesado un secreto que desmonta uno de los atributos más arraigados del diseño italiano: el Maserati Mistral Spyder de 1966 no es obra de Pietro Frua. El dibujo original, presentado a un concurso. Año automotriz En enero de 1962 viajó de México a Turín sin firma y regresó transformado en un cuerpo extraño.

La revelación, publicada en la columna La perspectiva de Cumberford De mercado de autos deportivostoca plenamente el modelo que para muchos coleccionistas representa la quintaesencia de los grandes turismos italianos de los años 60. El Mistral, con sus líneas tensas y su parrilla baja, fue una pieza más del catálogo de Frua durante décadas. Hasta hoy.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: El diseño del Maserati Mistral Spyder, que el mundo atribuye a Pietro Frua, nació de un dibujo que Robert Cumberford presentó a un concurso. Año automotriz en enero de 1962.
  • No te lo puedes perder: Cumberford acusa a Frua de utilizar su legendaria «cámara espía Minox» para fotografiar el proyecto en el Salón del Automóvil de Ginebra y presentarlo como propio en el Salón del Automóvil de Turín del mismo año.
  • Datos y producción: El Maserati Mistral (coupé y spyder) se fabricó entre 1963 y 1970 en aproximadamente 950 ejemplares, de los cuales sólo 125 corresponden al Spyder, una rareza cuyo precio hoy en día está al alza.

Un concurso, un dibujo y una cámara Minox

Cumberford se enteró del concurso con sólo cuatro días de antelación y sin tiempo para solicitar planos de chasis. Trabajado desde un perfil lateral del Maserati 3500GT que había publicado Camino y pistaun marco que nunca ha sido exactamente elegante. Para la composición recuperó una nota de un proyecto abandonado para la revista. Playboy en 1961 y, sobre papel verde Canson de su estudio de la Ciudad de México, inmortalizó un coupé de líneas claras que rompía con los volúmenes de la época.

Los dibujos, codificados para preservar el anonimato, llegaron a Suiza en el último momento. Semanas después, una postal confirmó que su propuesta, de 122, había sido aceptada. Una segunda comunicación le informó que había quedado sexto, pero que los paneles se exhibirían en el stand de la publicación durante la Salón del Automóvil de Ginebra. Nunca imaginó lo que sucedería después.

La sorpresa fue mayúscula cuando una revista británica mostró un elegante coupé verde presentado por Carrocería Frua en ello Salón de Turín de 1962. El coche tenía en común la parrilla completa bajo el parachoques – una solución que Cumberford cree que no tenía precedentes hasta entonces en un coche de carretera -, la línea de cintura ligeramente rota y la bajada del pilar trasero que guiaba la vista hacia el perfil de la zaga. Frua, según acusa el diseñador mexicano, habría utilizado su famoso cámara minox –conocido en los círculos de Turín como su “cámara”– para inmortalizar el dibujo durante la exposición de Ginebra y atribuírselo libremente.

El Mistral no pertenece ni a Frua ni a la tradición turinesa: pertenece a una competición que acabó sexta y a una Minox que supo estar en el lugar adecuado.

Las líneas que definieron un diseño robado

El diseño original de Cumberford se basó en una decisión radical: colocar el parrilla del radiador completamente debajo del parachoques. “Probablemente fue el primer tranvía que lo hizo”, recuerda. El parachoques delgado y ancho desviaba la atención desde el capó elevado del motor. DOHC de seis cilindros en líneaUna atalaya mecánica que Frua destacó añadiendo un abultamiento en el capó, quizás el único retoque que introdujo el carrocero respecto al original.

La línea de diseño principal, una línea tensa que comenzaba justo encima del parachoques delantero y recorría todo el costado, dividía cada centímetro cuadrado de chapa metálica hacia el centro del automóvil. Los umbrales se plegaron mínimamente en las puertas y luego se elevaron hacia la parte superior del perfil trasero, un gesto que dio al Mistral una tensión visual sin precedentes en la producción de Maserati. Las ópticas, elegidas con el pragmatismo de los carroceros italianos, que construían un coche completo por menos del coste de desarrollo de un faro, eran unidades comunes que Frua supo integrar con éxito.

En la parte trasera, la corta tapa del maletero y la moldura decorativa que prolongaba la línea sugerida por los paragolpes delantero y trasero enfatizaban la horizontalidad, mientras que el Llantas de radios Borrani – más elegantes que los de aleación, aunque más pesados ​​y más difíciles de mantener – subrayaron la vocación de gran turismo del conjunto. «Me gusta el interior», admite Cumberford, «casi tanto como el exterior, y no tengo nada que ver con eso». Aquel interior genérico de lujo italiano, con el salpicadero repleto de relojes concentrados delante del conductor y la ausencia total de cinturones de seguridad, era el producto típico de los talleres de Frua; pero encajaba perfectamente con la personalidad del coche.

Un legado que Frua ha sabido valorar

El Mistral no era simplemente otro pedido de Maserati. Su silueta, nacida de aquel dibujo anónimo de 1962, marcó la obra posterior de Pietro Frua y consolidó la reputación del modelo entre los grandes coleccionistas. En 1968, un Mistral coupé de 1964, de idénticas líneas, ganó el premio. Lo mejor del espectáculo en el Concurso de Elegancia de Pebble Beachel único coche de posguerra que consiguió ese premio hasta que un Ferrari 375 MM lo repitió en 2014. Irónicamente, el coche más famoso del carrocero llevaba la firma de otro.

La revelación de Cumberford enriquece la lectura de un episodio que carroceros italianos de los años cincuenta y sesenta se cultivó con naturalidad: la apropiación de ideas ajenas, el préstamo sin crédito, la inspiración –o el plagio– como método de trabajo. Que un dibujo enviado desde México, sobre papel verde y destinado a una competición suiza, acabara definiendo una de las berlinas deportivas más admiradas de Maserati dice tanto del talento de su autor como de las costumbres poco ortodoxas de la industria turinesa.

Vale la pena recordar que el propio Cumberford, ya en sus noventa años, ha construido una carrera en el diseño y la crítica que no necesita esta anécdota para sostenerse. Pero los datos añaden un matiz de justicia poética a la historia del automóvil clásico. El Maserati Mistral Spyder No es un Frua cualquiera: es un Cumberford que viajó de incógnito y que, sesenta años después, recupera su nombre. Para obtener más información sobre el modelo, consulte la entrada de Wikipedia.



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