De haber tenido ayuda, tal vez sacamos más gente viva
las llaves
Generado con IA
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Aunque han pasado exactamente 30 días desde el doble evento sísmico que sacudió siete regiones de Venezuela, el tiempo parece haberse detenido en La Guaira, la zona más afectada por los efectos del desastre y donde familiares, sobrevivientes y voluntarios se niegan a irse sin los cuerpos, pese a las múltiples complicaciones para recuperarlos.
«Son nuestras familias, cómo los dejamos indefensos ahí abajo, por capricho, por mal trabajo, por mala gestión. Tenemos que seguir y hacerlo, encontrarlos».
El testimonio de Hildegar Mújicaun hombre que busca a la madre de sus hijos entre los escombros de las «Residencias Caribe», en el corazón de La Guaira, es la letanía que repiten todos los sobrevivientes mientras raspan el concreto con las manos para encontrar a sus seres queridos.
Salvo las vías despejadas y algunos comercios abiertos al público, el panorama en La Guaira es el mismo de aquel 24 de junio, cuando dos sismos con 39 segundos de diferencia provocaron el derrumbe de más de 856 edificios afectados en todo el país, la mayoría de ellos en la llamada «zona 0».
Un polvo denso y espeso acompaña el paso de quienes transitan por la costa central venezolana. Allá donde miran encuentran montañas de escombros y edificios en ruinas que parecen atacados por algún monstruo que abrió sus fauces y mordió las paredes, dejando expuestas las casas de miles de ciudadanos.
Camas, baños, closets, guardarropas, vidas enteras quedaron a la vista de personas y otras personas que visitan una y otra vez los centros de acopio en busca de alimentos, bebidas frías y atención médica para aliviar problemas respiratorios o lesiones causadas por el trabajo entre el concreto y las vigas.
Los médicos de todas las especialidades, los voluntarios que buscan entre los escombros, los ingenieros que apoyan en la evaluación de los daños, los que distribuyen alimentos, las organizaciones de ayuda desplegadas, las familias que viajan a diario desde Caracas para ofrecer al menos café a quienes continúan trabajando, todos se enfrentan a las moscas verdes y azules que se han instalado en esta región y que amenazan a los supervivientes enfermándolos también.
La cuenta oficial avanza tan lentamente como los rescates. Hasta este jueves, suman 5.398 fallecidos a causa de los sismos, 16.740 heridos y 6.462 personas rescatadas con vida de entre los escombros.
Y aunque no hay cifras oficiales de personas desaparecidas porque el Gobierno de Delcy Rodriguez Aunque insiste en que la prioridad es buscar personas con vida antes de declararlas perdidas, la plataforma ciudadana “Desaparecidos Terremoto Venezuela” registra más de 29.000 ciudadanos cuyo paradero se desconoce tras el desastre.
La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) ha cifrado en 50.000 el número de personas desaparecidas, una cifra que el Gobierno no ha dado como oficial.
sin renunciar
mercedes carrillo Viajó desde Táchira, región fronteriza a más de 800 kilómetros de La Guaira para buscar a su hermano de 39 años, Daniel Enrique Roa Colmenareztapiada entre las piezas de la OPPE 27, uno de los desarrollos urbanos del programa habitacional del chavismo creado para dotar de viviendas a personas sin hogar que cayeron a consecuencia de los terremotos.
Para ella no hay renuncia posible. Asegura que buscará hasta encontrar a su hermano aunque tenga que pasar un mes más viviendo en una tienda de campaña, cerca de lo que quedó del edificio donde vivía Daniel y que quedó reducido a escombros, basura y moscas.
«Su esposa murió, estaba embarazada de gemelas, con siete meses y nos falta encontrarlo a él. Lo que queremos es buscarlo, conseguir su cuerpo para poderme ir a casa junto con él (…) Lo que quiero es llevarlo a casa con mi mamá, es lo que yo quiero», dijo.
Ni ella ni ninguno de los «buscadores», como se hacen llamar los familiares y sus amigos que siguen excavando en los escombros, piensan en retirarse.
Óscar Escalona viene desde Zulia, ubicado en el noroeste de Venezuela, describe como «duro y doloroso» el trabajo que hace desde el pasado 26 de junio en La Guaira, donde perdió a 12 familiares y aún busca los cuerpos de cuatro de ellos que no han podido recuperar.
«Lo más difícil ha sido la ayuda, la maquinaria que no tuvimos desde el principio y que si la hubiésemos tenido tal vez sacábamos más gente viva, pero aquí estamos y aquí seguiremos», dijo.
En la OPPE 25, otro de los urbanismos del Gobierno que colapsó, Escalona trabaja junto a otros familiares para encontrar los cuerpos. Según los cálculos de este grupo en el complejo de viviendas deben haber unas 1.400 personas tapiadas, de las cuales se han recuperado menos de 400.
Aunque se trata de datos imprecisos, son las cuentas de quienes han estado allí día y noche durante el último mes, ayudándose unos a otros y asumiendo el rol de rescatistas que nunca debieron tomar, pero que adquirieron ante la falta de apoyo profesional que llegó hasta tres días después de los terremotos y que de nuevo es escaso en la zona del desastre.
«Nos hemos enfermado, nos hemos curado, hemos peleado pero seguimos todos aquí porque nadie más los va a buscar por nosotros», dijo Freddy Campos, otro miembro de la familia de Escalona que ayuda en la recuperación de cadáveres.
El sentimiento de pertenencia y la necesidad de permanecer es compartida por voluntarios que insisten en estar presentes en La Guaira. Es el caso del doctor Fernando Jaimes, quien llegó a la localidad el 24 de junio y desde entonces está a cargo de un «hospital de guerra» instalado en la sede de un McDonald’s.
Jaimes admite que aún faltan muchas cosas para lograr brindar la atención óptima que esperan a todos los afectados de los terremotos y servir para atender cualquier requerimiento, pero insistió en la voluntad de todos los voluntarios de quedarse.
«Todos estamos de acuerdo en que esto tiene que llegar a donde tenga que llegar. Es decir, queremos seguir viniendo, queremos seguir ayudando, queremos seguir gestionando, pero la problemática principal es el transporte», apunta.
«Si nos brindaran el transporte, si nos apoyaran la parte del transporte, pudiéramos seguir viniendo indefinidamente hasta que de verdad se vea que la problemática se soluciona o que dejamos un lugar estructurado que pueda ser tomado ya por personas de la localidad», remarca.
El médico resalta que aún hay necesidades, pese al nivel de organización que han alcanzado, y que ahora mismo necesitan transporte para ir a comunidades y brindar atención directa, así como apoyo para los voluntarios y personal destacado en el sitio.
«La necesidad de la comunidad como tal ha mutado tanto que ya ahora es netamente indispensable ir directo a la persona. Porque ya tenemos el centro que está bastante bien establecido, pero no tenemos la ayuda en los lugares donde no llega nadie, que son las comunidades más alejadas», detalló.
Sin objetivo
El Gobierno encargado calcula que 17.907 personas perdieron sus viviendas, pero 23.335 personas continúan alojadas en 107 albergues temporales, muchas de ellas a la espera de que se determine si sus viviendas, aún en pie, están en riesgo o no.
Mientras tanto, en las calles de La Guaira, los vecinos caminan y caminan todos los días con grandes bolsas que llenan con alimentos, comidas preparadas, agua potable, alcohol, medicinas, artículos de higiene personal y todo lo que van donando, porque el trabajo ya no es una opción en un pueblo destruido.
Según Consecomercio, la mayor organización empresarial de Venezuela, al menos 250 pequeñas y medianas empresas perdieron sus negocios en La Guaira, considerada por muchos la región turística por excelencia del país caribeño y la puerta de entrada a la nación, ya que allí se encuentra el principal aeropuerto y puerto venezolano.
Pero a pesar de ello, el Gobierno promete una rápida reconstrucción y los habitantes de la zona, acostumbrados a las catástrofes, ya que vivieron el deslizamiento de tierra de 1999 y la inundación de 2010, prometen quedarse.
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